| ñ | a indice |
La globalización y el mundo del trabajo
Oscar A. Cuartango (*)
Stella M. Marcsciano (**)
A) LA GLOBALIZACION Y EL MUNDO DEL TRABAJO
a)
Contexto general
b) La globalización
c) La regionalización
B) LOS CAMBIOS DEVENIDOS A PARTIR DE LA GLOBALIZACIÓN.
a) La globalización y su incidencia sobre el sector
asalariado.
b) Respecto de las organizaciones sindicales
c) Respecto de la negociación colectiva
d) Respecto de las autoridades de aplicación o
Administraciones del Trabajo en América Latina.
A MODO DE CONCLUSIÓN.
A) LA GLOBALIZACION Y EL MUNDO DEL TRABAJO
a) Contexto General La situación socioeconómica en la presente década viene evidenciando una serie de síntomas que parecieran ser inherentes a la mecánica de desarrollo del sistema económico y ello no solo lo es con referencia exclusiva a nuestro país, sino que los problemas que nos proponemos puntualizar, con diferencias de grado afectan a la mayoría de los países del mundo, circunstancia esta que consideramos debe ser objeto de la mayor preocupación por parte del mundo del trabajo. El desempleo y la exclusión social de él derivada, constituye sin dudas, desde la óptica de la cuestión laboral, el más alarmante de los problemas en la actividad y dinámica productiva contemporánea.
Hasta no hace más de dos décadas, el pleno empleo era una meta compartida por todos los países, propiciada por los organismos internacionales y muchos eran lo que honestamente la consideraban alcanzable.
Actualmente ese objetivo ha sido dejado de lado por los gobernantes ante una realidad que exterioriza una creciente tendencia a la desocupación y subocupación; más aún, muchos economistas creen que una moderada tasa de desempleo es funcional para combatir la inflación y mejorar la competitividad internacional de las economías.
Según un informe de la O.I.T. titulado «Defendiendo los valores, promoviendo el cambio» que se remonta a enero de 1994, el 30 % de la fuerza laboral total del mundo estaba desempleada o subempleada; en otras palabras, y a fin de dimensionar correctamente el problema, más de 820 millones de personas estaban a esa fecha subempleados o trabajaban en empleos que no les suministraban los recursos necesarios para cubrir sus necesidades básicas.
Dicho documento hace hincapié en el carácter general de la crisis del empleo y en que la misma afecta por igual a los países ricos y a los países pobres, pero en los casos de las democracias jóvenes, especialmente en el caso de las de nuestro continente, los flagelos del desempleo y subempleo podrían llegar a conspirar contra los avances alcanzados en materia de estabilidad político institucional.
Este cuadro de situación laboral, se enmarca en un modelo de desarrollo económico que postuló y aún lo hace, el reemplazo del Estado por el mercado, la apertura de la economía y la privatización de las empresas estatales.
En el ámbito de la organización de la producción, el modelo prescribe la flexibilización de las relaciones laborales y la descentralización de la negociación colectiva, con la intensión no confesada, de llevarla en la medida de lo posible lo más cerca de la negociación individual que las circunstancias permitan.
Este modelo sustentó su avance en la crisis del modelo anterior, instaurado a partir de la postguerra y pretende sostenerse en un especial entramado de las fuerzas sociales, con altísima concentración del poder económico, alta permeabilidad del Estado a las presiones corporativas y amplia hegemonía cultural.
El estilo de desarrollo económico que tuvo su inicio en la post-guerra y se extendió hasta la década del ochenta, llevaba aparejado una tendencia a un elevado nivel de concentración del ingreso y configuraba las circunstancias necesarias para posibilitar la institucionalización de las presiones corporativas sobre el sistema político.
El rol distributivo que se le asignó al Estado en ese período chocó cíclicamente con la estructura corporativa que el propio modelo de desarrollo generaba.
Así se debatieron los intereses de los sujetos colectivos o actores sociales y se articularon las decisiones y las políticas públicas, en un juego que tornaba tendencialmente contradictorios la mezquina dinámica de la economía capitalista, con la legitimidad global reclamada por el contexto social.
En las postrimerías de la década del ochenta, este modelo entró definitivamente en crisis, acosado por sus propias contradicciones y por las circunstancias adversas al mismo que se dieron en el plano internacional.
La crisis de la deuda externa y los procesos hiperinflacionarios en los países en vías de desarrollo, terminaron jaqueando el modelo económico vigente y sirvieron como plataforma de lanzamiento y posterior afianzamiento del modelo neoliberal actualmente impuesto.
Esa consolidación se dio fundamentalmente en dos planos principales :
a) por un lado, en la definitiva alteración de la correlación social de fuerzas a favor de los sectores beneficiados por las nuevas políticas económicas implementadas que concentraron riquezas como nunca antes en la historia
b) y, por el otro, la concentración del poder político que logró articularse en el plano ideológico cultural y presentar al modelo neoliberal como salida alternativa a la crisis estructural. Como consecuencia de lo expuesto, nos vemos inmersos en una nueva etapa de la historia de alcance mundial.
Efectivamente, desde las dos últimas décadas estamos presenciando y participando de un cambio sustancial a nivel mundial que involucra lo político, lo económico, lo laboral y consecuentemente, lo social.
Los principales aspectos del aludido cambio transitan por la globalización e interdependencia de la economía a escala planetaria, la revolución tecnológica con eje en la informática, la emergencia de la denominada sociedad postindustrial, el derrumbe y desaparición del sistema económico, político y militar comunista soviético y la configuración de un nuevo tipo de relaciones desiguales entre los países del norte y del sur.
En este complejo y cambiante escenario mundial se han ampliado los ámbitos de la democracia política, pero no ha llevado aparejado un correlativo mejoramiento de la situación social como era dable esperar del incremento de la riqueza generada.
La revolución tecnológica al aumentar la productividad debería permitir producir masivamente y en escala no conocida, bienes para satisfacer las necesidades de todos los habitantes del orbe; además, la globalización no solo es económica, sino que se extiende a lo cultural y ello debería permitir y generar un mayor acercamiento y cooperación pacífica entre los pueblos.
Sin embargo la realidad mundial y especialmente la del espectro latinoamericano no es para nada auspiciosa.
Efectivamente, más de 1200 millones de personas la quinta parte de la población mundial viven en condiciones de extrema pobreza. La brecha entre los países industrializados y los países del sur se ensancha día a día, agravada por los efectos recesivos del proteccionismo encubierto y negado de los primeros y por la insoportable carga de la deuda externa en los segundos.
El fracaso del estado de bienestar ha alentado y consolidado gobiernos de inspiración neoliberal que permitieron a los grandes grupos empresarios impulsar y concretar cambios regresivos en las relaciones laborales y en la normativa legal que regula las mismas, con la consiguiente desprotección de los trabajadores y el debilitamiento de sus organizaciones sindicales.
Ello se plasmó en un retroceso de los sistemas de relaciones laborales, con incremento del desempleo, el subempleo y la precarización de los empleados, con el consiguiente marginamiento y exclusión social de los trabajadores y sus grupos familiares que ello lleva aparejado.
Así se está edificando un escenario siniestro y la instauración de un capitalismo salvaje.
La cuestión es que si se persevera en el desmantelamiento del Estado y en dejar todo librado a las «bondades» del mercado, se potencia un sistema capitalista que, si no es debidamente acotado y se le permite llegar a sus versiones más extremas, se muestra como descarnadamente inhumano.
En la configuración del cuadro de situación reseñado, y en la imposición del modelo, asignamos singular importancia a la globalización sobre la cual tanto se ha escrito y debatido y cuya conceptualización abordaremos.
b) Que es la globalización. La globalización económica comenzó a desarrollarse como consecuencia de la falta de correlación de los planteos teóricos con la realidad mundial frente a la expansión de los mercados internos y externos.
Es así, que la incapacidad del sistema comunista para dar respuestas a los cambio estructurales que estaban acaeciendo provocó el derrumbe del sistema, simbolizado en la caída del muro de Berlín.
El desmoronamiento del sistema soviético proyectó la globalización económica a nivel planetario, ya que con él desaparecieron las circunstancias que la limitaban a una parte del orbe.
Desde la perspectiva exclusivamente económica, la globalización significa mercados que superan los límites políticos de las naciones
.
Avanzado en una conceptualización más abarcativa que lo meramente económico, nos valdremos de la definición que nos entrega Humberto Podetti, quien define a la globalización diciendo que: «...el término surge en el ámbito de la economía y de las finanzas internacionales...con el alcance de un proceso arrollador de irrespetuosidad hacia la geografía, hacia las fronteras...».
En ese mismo sentido, Giddens habla de la globalización diciendo que es «la intensificación a escala mundial de las relaciones sociales que enlazan localidades muy distantes, de tal modo que lo que ocurre en una está determinado por acontecimientos sucedidos a muchas millas de distancia y viceversa». Stefano Zamagni, profesor de Economía Política de la Universidad de Bolonia, cree que cinco son los elementos constitutivos del fenómeno de la globalización:
· la financierización de la economía: consiste en la formación de un mercado financiero global, fruto del proceso de desregulación iniciado en los años 80 y que se prolonga en nuestros días (1).
· Tercera revolución industrial y transnacionalización de la tecnología: apuntando fundamentalmente a la información, por ser este elemento tan importante en nuestra sociedad como lo son las finanzas. (2)
· hipercompetencia: siendo la nota a considerar en este punto la temporalidad de las ventajas, tanto como la habilidad de gestionar el proceso de cambio de una forma de ventaja competitiva a otra.
· inversión de una forma de cultura: aquí se habla de un cambio por el cual la tutela de los intereses generales que hasta aquí debían ser tutelados por el Estado, son hoy garantizados por el acuerdo de las partes.
· una sociedad civil global: es el resultado de un proceso de larga duración no solo económico, sino también cultural, que conoce continuos compases de detención y que puede afirmarse solamente si logra componer la pluralidad de las culturas existentes y la necesidad de crear un nuevo espacio público transnacional, donde las culturas puedan encontrar una convicción ética común y un entendimiento a través de la comunicación. Una buena aproximación a las dimensiones de este fenómeno y a por que nos atrevemos a compararlo con sucesos que la historia guardará para siempre en sus páginas mas importantes, lo logramos al tomar un párrafo de Touraine, quien en su libro « ¿ Podremos vivir juntos ?» señala: «...ya vivimos juntos. Miles de personas ven los mismos programas de televisión, toman las mismas bebidas, usan la misma ropa y hasta emplean para comunicarse de un país al otro el mismo idioma. Vemos como se forma una opinión pública mundial que debate en vastas asambleas internacionales, en Río o en Pekin, y que en todos los continentes se preocupa por el calentamiento del planeta, los efectos de las pruebas nucleares o la difusión del SIDA...».
Esa circunstancia de «vivir» juntos, de estar en constante comunicación ha tenido efectos positivos tanto como negativos. Sucesos económicos acaecidos en Oriente, por ejemplo, y que en otros momentos históricos hubieran sido calificados «sólo» como crisis nacionales o regionales, alcanzaron connotaciones universales, desde que la posibilidad de conocerlos y seguirlos al instante provocó alarma y preocupación en mercados que se encuentran en las antípodas del Oriente (de los que los separan nada menos que 12 horas de diferencia). La calificación de esos hechos corre por cuenta de cada persona y así habrá tantas opiniones como consultados. Esa unión de todos los habitantes del planeta, ese coexistir «pegados» provoca otros efectos. Touraine dice en otra parte del libro citado que: «...lo característico de los elementos globalizados, ya se trate de bienes de consumo, medios de comunicación, tecnología o flujos financieros, es que están separados de una organización social particular...el significado de la globalización es que algunas tecnologías, algunos instrumentos, algunos mensajes, están presentes en todas partes, es decir, no están en ninguna, no se vinculan a ninguna sociedad ni a ninguna cultura en particular...».
Una primera consecuencia alcanzada por el sociólogo francés tiene que ver con el efecto de la globalización sobre los centros urbanos.
Al referirse a las ciudades que encontraremos en este ámbito, anticipa «...la descomposición de las ciudades. La idea misma de ciudad, o mejor, de comuna, fue durante mucho tiempo indisociable de la de ciudadanía y división del trabajo. La ciudad era lugar de producción, de intercambios y de socialización; era el nombre concreto de la sociedad.... sin embargo, ¿ nuestras aglomeraciones no se parecen cada vez mas a Los Angeles, donde solo las autopistas se encargan de la comunicación entre los guetos en que están separados ricos y pobres ?. Y nuestro gusto apasionado por las ciudades heredadas de un pasado ya lejano, como París, Londres, Amsterdam o Roma, ¿ no se alimenta de la conciencia angustiada de que nos vemos arrastrados a la descomposición urbana de la que no escaparán mas que algunos islotes privilegiados ?...».
Se podrá decir que la imagen es fatalista, y es posible que en un alto grado lo sea. Pero no es posible negar de plano el punto de vista de Touraine, al que dejamos aquí, para luego retomar y ocuparnos de las potenciales salidas a la situación descripto.
Estos conceptos, a los que no pretendemos refutar, son limitados por cuanto
la globalización una vez definida, implica otros efectos y consecuencias.
Una buena manera de graficar estos elementos es a través de las palabras de Monseñor Mejía, miembro de la mayor congregación religiosa de la Argentina (la Iglesia Católica Apostólica Romana), quien señaló que: «...una cuestión importante es si la globalización de la producción, del comercio y de las finanzas es efecto o causa de otros fenómenos actuales como la telemática, la internacionalización de las relaciones políticas, de ciertos fenómenos, y por último pero no menos importante, de los conflictos bélicos...sea como fuere, el hecho en el orden económico-financiero es innegable y no cabe duda que orienta, determina y da forma a la economía contemporánea...».
Lo señalado encuentra su reafirmación en las expresiones de Touraine, quien señala: «...lo característico de los elementos globalizados, ya se trate de bienes de consumo, medios de comunicación, tecnología o flujos financieros, es que están separados de una organización social particular...el significado de la globalización es que algunas tecnologías, algunos instrumentos, algunos mensajes, están presentes en todas partes, es decir, no están en ninguna, no se vinculan a ninguna sociedad ni a ninguna cultura en particular...».
Luego, Touraine se ocupa de un elemento de vital importancia en nuestra época, como son los medios de comunicación. Así dice: «...los medios ocupan un lugar creciente en nuestra vida, y entre ellos la televisión conquistó una posición central, porque es la que pone más directamente en relación la vivencia más privada con la realidad más global...relación directa que elimina las mediaciones entre el individuo y la humanidad, y al descontextualizar los mensajes corre el riesgo de participar activamente en el movimiento de desocialización...».
En párrafos anteriores hablamos de los efectos que siguen a la globalización y que no se refieren a la esfera económica. Touraine dice «...la idea de globalización no designa únicamente la mundialización de los intercambios económicos: nos impone también una concepción de la vida social opuesta a la que imperó en el período de la posguerra... el orden es reemplazado por el cambio como marco de análisis y la acción social, puesto que el campo de la acción estratégica es un conjunto constantemente cambiante de posibilidades, oportunidades y riesgos...».
En este marco aparecen dos conceptos que devienen como consecuencia de la globalización: desocialización y desinstitucionalización. Esta última «...es la desaparición de los roles, normas y valores sociales mediante los cuales se construía el mundo vivido...esto se explica porque la economía ya no es un sistema social, sino un flujo o un conjunto de flujos que siguen de manera espasmódica direcciones en gran medida imprevisibles y fuera de control...».
No habría (no puede haber, consideramos) discusión en cuanto
a la existencia de un nuevo marco y de una cantidad de reglas de juego que
difieren de lo que pocos años atrás se creía, se estudiaba
y se pensaba como una sociedad «ideal»; en cuanto al carácter
de imprevisibles que se le asigna a esas reglas, si bien no constituye un
elemento merecedor de elogios, parece indudable que el mismo existe; vaya
como ejemplo lo sucedido con los mercados económicos mexicanos, que
se conoció con el nombre de efecto «tequila» (fines de
1994) o con la crisis de las bolsas asiáticas (fines de 1997). (3)
El segundo efecto reseñado es la despolítización, que
puede también caracterizarse como una desocialización. En palabras
del propio Touraine se trata de «...una crisis de lo político
(que) asumió una forma aguda en el mundo contemporáneo. Crisis
de representatividad, de confianza...crisis fuertemente ligada a la del Estado
nacional del que tantas veces se dijo que es demasiado pequeño para
los grandes problemas y demasiado grande para los pequeños...».
El Dr. Cohendet se refiere al contexto de la globalización
como un marco económico incierto para las grandes empresas, en el
que estas no pueden prever ni anticipar tasas de crecimiento. En este contexto,
la duración de vida de los productos es cada vez mas corta, lo cual
desestabiliza el sistema industrial. La calidad y la duración de los
plazos van juntos.
La organización de las empresas es muy descentralizada,
con dos posibilidades: una organización por proyecto o bien la organización
en red. En la organización por proyectos se encuentran las funciones
de producción, logística, finanzas, etc. Este tipo de organización
se llama organización matricial y funciona muy bien si los diferentes
directores de proyectos se entienden.
La segunda posibilidad, aquella que interesa a los fines
de este trabajo, es la organización en red. Lo notable aquí
es que si bien la dirección general sigue estando en el país
de origen, en el extranjero existen ya no solo los lugares de venta y las
unidades de producción, sino también las competencias de base.
La estrategia de las empresas para el mercado es obtener productos de acuerdo
a los micro mercados locales y a partir de allí desarrollar un producto
para un mercado global.
Monseñor Mejía, por su parte, señala
tres graves peligros potenciales que puede acarrear la globalización,
ocupándose a continuación de las posibles soluciones que caben
a ellos. El primer peligro es el de un desequilibrio estructural, o como
él prefiere llamarlo, de un nuevo desequilibrio estructural.
El peso económico de algunas naciones, como el
peso político, es enorme. Puede ocurrir, y quizás ya ocurre,
que la globalización se haga en beneficio de algunos centros de poder
en el mundo, en detrimento de países menos poderosos o directamente
más débiles. Si esta tendencia se afirmara, el verdadero beneficio
de la globalización (que es la verdadera globalización, en
opinión de este autor) se perdería. El desafío económico,
por ende, está inextricablemente unido con el desafío político.
La segunda posibilidad enumerada consiste en una nueva
división del trabajo. Si bien la división del trabajo existente
al momento del primer capitalismo no tiene ya la rigidez de aquel entonces,
la globalización puede importar una especialización de tareas
que resulte igualmente desequilibrada. La cuestión a que hace referencia
Monseñor Mejía podría configurarse si algunos países
se limitan, por el juego de las inversiones, a brindar mano de obra barata,
caso en el cual podrán tener la ilusión del «acceso al
mercado internacional» porque sus productos se venderán en Ita1ia
o Estados Unidos, pero sus recursos humanos no habrán sido valorados;
y por consiguiente no habrán gozado de las «oportunidades extraordinarias
de mayor bienestar».
A este efecto sigue uno por todos conocido y sufrido
por una gran cantidad de gente: la desocupación. Por un simple calculo
de costos- beneficio, muchas industrias (en sentido amplio) se trasladan,
llevando no solo su capital, sino también toda la planta productiva
a otro país en el que los costos son menores. Por tanto, las causas
de la desocupación son la automación (que reduce las necesidades
de mano de obra) y la globalización desequilibrada.
El tercer desafío ya fue mencionado en este trabajo
y es lo que conocemos como financierización de la economía,
que no es otra cosa que la canalización creciente de los recursos
disponibles, no a la productividad (y por lo tanto a la ocupación)
sino al puro juego de los mercados financieros, cuyas consecuencias y capacidad
de decisión respecto de la generalidad de la humanidad fue tratada
en otra parte de este trabajo.
En lo siguiente, Mejía plantea tres posibilidades
de acción que pueden ser remedios a estos males de la globalización.
Nos hemos permitido variar el orden que originalmente se asignó a
los mismos, atendiendo a dos motivos: primero, que como señala el
mismo Mejía, las tres sirven para todos los males, sin que ninguna
de ellas tenga un problema en particular como destinatario, y luego, porque
nos proponemos realizar un análisis posterior de uno de los tópicos
(la regionalización) por su directa relación con la temática
de este trabajo.
La primera referencia que hace Mejía, tomada de
documentos elaborados por el Papa sobre esta materia, es la creación
de órganos internacionales adecuados de control y de guía válidos,
«...que orienten la economía misma hacia el bien común,
cosa que un solo Estado, aunque fuese el más poderoso de la Tierra,
no podría hacer...». Estos órganos son conocidos, (Fondo
Monetario Internacional, Banco Mundial, Organización Mundial de Comercio),
así como sus límites.
La siguiente posibilidad de acotar los males de la globalización
es la valoración de los recursos humanos, inexorablemente ligada al
tema de la solidaridad. Aquí tomaremos textualmente a este autor,
quien afirma: «...una globalización sin solidaridad será
una nueva forma de desequilibrio económico, además de una continuación
y profundización de la injusticia. Y esto ocurrirá porque la
solidaridad, además de ser un valor moral, es por eso mismo, un valor
económico, y que pide ser considerado con las mismas categorías
de costo-beneficio...».
En lo siguiente consideraremos un punto que tiene estrecha
vinculación con el proceso globalizador, aunque también cuenta
con una individualidad suficiente como para incidir en ella y modificarla.
Nos referimos a la regionalización o integración.
c) La regionalización. Cabe a la regionalización el mismo concepto que a la globlización, en cuanto ambas coinciden en ser un proceso arrollador de irrespetuosidad a las fronteras, aunque en lo que a la regionalización se refiere limitado a un grupo de países que comparten, en primer lugar, un territorio común y luego, y aceptando excepciones, una historia, una geografía, necesidades y potencialidades similares. No se agota en esos elementos la comunidad que une a los integrantes de un bloque de países, pero lo mencionado permite formar una noción acerca de los motivos que llevan a una cantidad de países a unirse como si se tratara de uno solo.
Los alcances de la regionalización no se limitan a un continente y por el contrario son muchísimos los acuerdos que se han firmado buscando fomentar el intercambio entre los firmantes. Sin embargo, aquellos que tienen fines de conformar un bloque son menos y entre los existentes limitaremos el análisis a tres, para brevemente tener una noción de sus elementos e implicancias.
Unión Europea: La integración europea se ha desarrollado a través de diversas etapas y de diferentes formas. En un primer momento (1953) se creó la Comunidad Europea del Carbón y del Acero, siguiendo con la Comunidad Europea de la Energía Atómica, y en 1958 nace la Comunidad Económica Europea. Con esto queda claro que se trató de un proceso de integración económica. Posteriormente, en 1967 se produjo la fusión de las instituciones de las tres Comunidades, mediante el Tratado de Fusión, quedando a partir de ese momento como la Comunidad Europea en la conciencia de los ciudadanos. En 1985 se comenzaron a expedir pasaportes por los Estados Miembros, con lo que se introdujo el concepto de «ciudadanía europea». En 1987 entró en vigor el Acta Única Europea; en ese mismo año comienza a actuar el Parlamento Europeo, en el que los Estados Miembros de la Comunidad elegían representantes que en ese ámbito dictarían normas para el seno de la Comunidad. En 1991 se firmó el Tratado de Maastrich con el que se buscaba lograr una superación en la unión política, económica y monetaria. Dicho Tratado preveía eliminar las fronteras para personas, mercancías, servicios y capitales; actualmente, dicha implementación encuentra algunas dificultades, como que en Gran Bretaña e Irlanda se requiere pasaporte para cruzar las fronteras.
Se prevé que el 1 de Enero de 1999 comenzará a circular una moneda única para todos los Estados Miembros (4). Será necesario para incorporarse a ese régimen cumplir ciertas pautas financieras, que solo Grecia no alcanzaría; amén de ello, Gran Bretaña, Suecia y Dinamarca permanecerían al margen por propia voluntad, con lo que esta medida tendría efectiva vigencia en 11 de los quince Estados que forman la Comunidad Europea, tal su nombre actual.
Culminaremos este breve recorrido, con los proyectos a futuro de esta Unión. Se busca lograr acuerdos comerciales con el Mercosur y se estudia la posibilidad de extender la Comunidad permitiendo el ingreso de nuevos Miembros, fundamentalmente del centro de Europa, que serían Polonia, República Checa y Hungría y que podrían conseguir el carácter de Miembros (plenos) en el 2002.
Mercosur: Su origen se remonta a los acuerdos de cooperación comercial firmados entre Brasil y Argentina en 1986, que desembocaron en el Tratado de Asunción de 1991 firmado, además, por Uruguay y Paraguay. Comenzó a regir en Noviembre de 1991, previendo que en 1995 sería una zona de libre comercio, para llegar con el tiempo a constituir un mercado común.
En 1996 se cerraron acuerdos con Chile y Bolivia, por los cuales esos Estados
se asociaban bajo la formula de «cuatro mas uno». Al momento
de redactarse este trabajo se negociaban acuerdos del mismo tipo con Canadá,
México y Estados Unidos; eran materia de negociación, además,
acuerdos comerciales con el Pacto Andino (acuerdo que agrupa a las naciones
ubicadas al oeste del macizo cordillerano «Los Andes») y con
la Comunidad Europea.
Se han firmado acuerdos en el rubro servicios y se procura
llegar a acordar en materias como pasaporte y moneda únicos, arancel
común, etc. Existen comisiones abocadas al estudio de la manera de
armonizar aspectos necesarios para alcanzar una integración auténtica
como legislación laboral, comercial, aspectos institucionales, integración
física, entre otros.
Aportaremos un dato mas que servirá para dimensionar
la importancia de estas agrupaciones. El Producto Bruto Interno (P.B.I.)
de los integrantes más importantes del Mercosur alcanza a casi mil
millones de dólares, equivalente al que corresponde a China en el
mismo rubro y duplica al de Rusia.
Nafta: Es un acuerdo por el cual se instituye un área de libre
comercio entre Estados Unidos, México y Canadá. Se firmó
el 7 de Octubre de 1992 e importa la eliminación progresiva de tarifas
y otras barreras para el movimiento de servicios, bienes y capitales. En
el Tratado se estipula un plazo de cinco años para alcanzar esos objetivos.
Se firmaron otros Tratados luego, entre los que se destaca
aquel en el cual las partes se comprometen a preservar el medio ambiente,
creando para alcanzar este fin distintos órganos de control.
Cabe destacar que los Miembros de esta Unión realizan
negociaciones con el Mercosur en forma individual. También es destacable
el interés del grupo por incorporar en su seno a Chile.
Por otra parte, y a raíz de una iniciativa de
los Estados Unidos se realizan negociaciones para lograr un Área
de Libre Comercio para las Américas (ALCA), que en este momento
se encuentran estancadas por problemas políticos internos de los Estados
Unidos. De prosperar esta idea América desde Alaska hasta Tierra del
Fuego constituiría un solo territorio para la comercialización
de bienes, capitales y servicios.
B)
Los cambios devenidos a partir de la globalización.
a) La globalización y su incidencia sobre el sector
asalariado.
Las desmedidas presiones de la competencia global han logrado que los gobernantes hayan optado por debilitar los derechos y las normas tuitivas de los trabajadores, para reducir los costos laborales, aumentar la competitividad de las exportaciones y atraer las inversiones internacionales.
En ese régimen global de inversión y comercio, los grupos empresariales demandan acuerdos o tratados internacionales de libre comercio y que los países les brinden «seguridad jurídica» garantizando sus inversiones y sus derechos de propiedad, inclusive los intelectuales (ejemplo de ello es la demanda del Gobierno de los E.E.U.U. sobre la ley de patentes medicinales) y en el ámbito del mercado del trabajo insisten en la «desregulación» y en la «flexibilización», lo que lleva aparejado una reducción de los niveles salariales y el empeoramiento de las condiciones de trabajo acentuando aún más el desnivel que se viene registrando en la distribución de ingresos e incrementando la exclusión social. En esta carrera hacía la integración económica mundial, los gobernantes deben optar entre respetar los derechos de los trabajadores manteniendo sus conquistas o negociar tratados de comercio con garantías para los capitales y excluyendo las garantías para los trabajadores, lo que implica ofrecer a los capitales trans/nacionales los beneficios de mano de obra barata.
Esta ultima alternativa, que parece ser la que se esta transitando, implica una potenciación de la marginación y la pobreza para los sectores más numerosos y llevará aparejado como lógico correlato un debilitamiento de la democracia, que perderá legitimidad social y se verá acechada por los peligros derivados de una desigualdad en constante ascenso.
La apertura de los mercados nacionales a la inversión y al comercio, es decir la globalización sin otorgar protección a los derechos de los trabajadores, ha acentuado los niveles de pobreza y posibilitado una distribución cada vez más regresiva de la riqueza.
En este cuadro de situación, que se ha dado en llamar el «modelo neoliberal», podemos afirmar que el mismo se fundamenta en tres presupuestos básicos, a saber : a) la apertura de las economías nacionales, b) la privatización de las empresas estatales y c) el reemplazo del estado por el mercado.
En el ámbito de las relaciones laborales se las modificó y se pretende continuar haciéndolo a partir del concepto de «flexibilidad laboral» y que más allá de las ambiguedades interpretativas podemos caracterizarlo como un proceso que tiende a modificar la legislación en el sentido de limitar y/o eliminar la protección normativa de la actividad laboral.
Claramente se percibe que la mentada flexibilización hace prevalecer los valores e intereses económicos por sobre los valores e intereses sociales.
Para un adecuado posicionamiento, digamos que la flexibilización ha demostrado ser operativa a los fines de la reducción de los costos y no lo ha hecho en lo que a la creación de empleos se refiere y en ello coincide Francoise Michon, investigador francés y Director del Proyecto Conjunto de Investigación sobre Flexibilización Laboral de la Universidad de París I, Sorbona, que al respecto sostiene: «..(en Francia) las sucesivas flexibilizaciones (aplicadas desde 1970) no solo no resolvían el tema del empleo, sino que su desarrollo era simultáneo al crecimiento del empleo...La vía francesa de solución al desempleo terminó creando más desempleo...» (Michon Francoise Chas, Diario Página 12, pag. 2 Buenos Aires, noviembre 6 de 1993.) y coincidentemente aunque desde otro posicionamiento, Geraldo Von Potobsky afirmó: «La precarización para reducir costos laborales puede servir como expediente de emergencia, pero abre las puertas a un facilismo competitivo basado en una mano de obra barata y no calificada....El crecimiento económico sobre todo a través de la inserción en las corrientes del comercial internacional, requiere empresas competitivas no solo en el precio, sino también en adaptabilidad, eficiencia y un bien nivel de calidad» (Von Potobsky, Geraldo «El empleo precario ayuda a crecer ?», Clarín, pags.16/17 Buenos Aires, Setiembre 3 de 1993).
A los apóstoles de la flexibilización laboral cabe recordarles
que el sistema de relaciones laborales, como las demás instituciones
de la producción reflejan un cierto orden social, con su mayor o menor
grado de integración, y en atención a ello, en la búsqueda
de la equidad social es necesario reconsiderar el rumbo ya que «no
se puede deproteger al trabajo y reducir sus remuneraciones y a la vez esperar
una participación activa de los trabajadores en el desarrollo, así
como tampoco se pueden eliminar las utilidades y esperar una mayor inversión
privada» ( Victor E. Tokman «Mercados de Trabajo y Empleo en
el Pensamiento Económico Latinoamericano», en Sunkel O. (Comp.)
«El Desarrollo Económico desde dentro», El Trimestre Económico/F.C.E.
México 1991).
b) Respecto de las organizaciones sindicales. El cuadro de una economía global nos impone considerar cual es la perspectiva que ofrece a la actividad sindical y cual es el futuro de las organizaciones representativas de los trabajadores en este esquema contextual.
No cabe duda de la imperiosa necesidad de readaptar sus estructuras para operar eficazmente frente a una nueva y muy cambiante realidad que nos ofrece una economía global interconectada y que responde a variables que exceden los marcos de las políticas y de las fronteras nacionales.
En el ámbito de la integración regional en el Mercado Común del Sur, al cual pertenecemos, las consecuencias sociales de la integración han de depender fundamentalmente, no tanto del crecimiento económico y comercial, como de las políticas de distribución de ingresos.
Respecto del mundo del trabajo, los efectos negativos se presentan como mucho más inmediatos y requieren una enérgica acción sindical para evitarlos y/o morigerarlos, ya que la implementación para el año 2005 de una zona de libre comercial intraregional con arancel cero tiende a provocar situaciones de desempleo, de eliminación de las asimetrías laborales mediante una igualación a la baja y la potenciación de los posibilidades de dumping social .
El sindicalismo de los países involucrados no puede hacer caso omiso a esta situación, ya que según sea el tipo o modelo de integración que finalmente se imponga y concrete, los trabajadores se verán o no beneficiados y las organizaciones sindicales que los nuclean resultarán fortaleciadas o debilitadas.
En
procura de ello, se deben dejar de lado los perjuicios nacionalistas y abocarse
a la implementación de una cultura sindical supranacional con fundamento
humanista, que permita imponer un sesgo político inspirado en la solidaridad
social al proceso de integración regional en el ámbito del
Mercosur y también en el ámbito plantetario como respuesta
a la globalización económica y a la consecuente expansión
y potenciación de las empresas transnacionales.
c) Respecto de la negociación colectiva:
Una buena manera de empezar a abordar este tema es a través del trabajo
realizado por Federico Durán López en su aporte a la Revista
de Trabajo Nro. 4 de 1994, denominado «Negociación colectiva
y sistema de relaciones laborales». Señala el autor que si la
historia del Derecho del Trabajo es, en gran parte, la del sacrificio de
las potestades reguladoras individuales, suplantando mediante una voluntad
externa la libertad contractual del empresario y del trabajador para, en
definitiva , limitar la prevalencia inicial casi absoluta del empresario
en la fijación de condiciones de trabajo a la que conducía
el juego de las reglas del mercado, ello se produce mediante la promulgación
de leyes de tutela, sobre todo, a través de la negociación
colectiva de condiciones de trabajo.
Continúa exponiendo que esa negociación
colectiva, aun sin perder nunca su naturaleza contractual, ha pretendido,
precisamente en atención a la finalidad para la que surge, conseguir
un «producto» del proceso negociador que se configurase en inderogable
en relación con la autonomía contractual individual. El convenio
colectivo ha tendido, así a hacerse atribuir un carácter de
inderogabilidad, fundamentalmente por razones de protección al trabajador.
Por otra parte, también a partir de un cierto momento de desarrollo
del sistema, la fijación colectiva de condiciones de trabajo cumple
un papel de garantía empresarial en el terreno de la competencia económica.
La negociación colectiva de alcance sectorial garantiza el respeto
forzoso por parte de las empresas de unos niveles retributivos, lo que impide
la búsqueda de mejores posiciones competitivas sobre la base de una
menor retribución de la mano de obra.
Siguiendo con este análisis se puede decir que
a medida que la negociación colectiva se fue reforzando con su carácter
inderogable y fue ampliando sus contenidos, incluyendo todos los aspectos
de las relaciones de trabajo, se produce por un lado una creciente uniformación
del régimen de éstas y por otro, una limitación a la
fijación de condiciones de trabajo en los contratos individuales.
Durante mucho tiempo se consideró que éste
era un sentido de desarrollo unívoco en materia de negociaciones colectivas;
sin embargo, la evolución reciente de los sistemas de relaciones laborales
junto con el fenómeno de la globalización pone en cuestión
aquél sentido y somete a tensiones el papel tradicionalmente asignado
a la negociación colectiva.
Aparecen cada vez más claramente exigencias de
diversificación en la fijación de condiciones de trabajo y
de adaptación flexible, de éstas a las circunstancias productivas
u organizativas de cada empresa. Razones económicas y sociales determinan
que nos encontremos frente a una realidad cada vez menos uniforme, tanto
desde el punto de vista de las empresas como de los trabajadores, lo que
exige sistemas de determinación de condiciones de trabajo menos rígidos,
más adaptables a las circunstancias específicas de cada empresa.
Ello provoca una tendencia hacia la descentralización de la negociación
colectiva y trae a colación el papel que haya que reconocer a acuerdos
o pactos de empresa para la modificación de condiciones de trabajo
negociadas a nivel superior. Asimismo, y como parte de esta tendencia, surge
con nuevas fuerzas la figura del contrato individual de trabajo y se revaloriza
el papel del mismo en la determinación de condiciones de trabajo.
Una vez planteados estos conceptos previos y a los efectos
de encarar el tema de la incidencia de la globalización sobre las
negociaciones colectivas de una manera metodológica, primero nos referiremos
a los cambios que se están dando en este nivel en los países
industrializados. Luego abordaremos los que se pueden registrar en América
Latina, para dejar en última instancia las repercusiones en Argentina.
En los países industrializados, en diferente medida, se tiende hoy
a una mayor autonomía de las empresas y a la individualización
de las relaciones de trabajo. Se ha hablado incluso de la posibilidad de
que, en el futuro, la protección de los trabajadores sea determinada
por los tribunales con carácter estrictamente individual, encargándose
directamente las empresas de las relaciones de trabajo colectivas mediante
la aplicación de sus propias normas de gestión de los recursos
humanos. Asimismo se observa una tendencia a la exclusión de un gran
número de trabajadores por la falta de cohesión social existente.
En estos países se suele contraponer el modelo
«voluntarista» de tipo inglés, cuyo arquetipo son hoy
los Estados Unidos, al de tipo europeo. El primero se caracteriza por una
negociación descentralizada, que se basa en la protección económica
de los trabajadores, con una intervención mínima del Estado.
En el segundo, el europeo, una negociación colectiva, coordinada en
un nivel más centralizado, pretende promover, además de la
protección económica, un modelo de sociedad solidaria, y la
intervención del Estado es mucho más acusada. También
se encuentra un tercer modelo, inspirado en la situación japonesa
que se caracteriza por una negociación descentralizada, menos conflictiva
que en el modelo voluntarista y con intervención del Estado dentro
de un sistema de coordinación nacional, si bien menos reglamentado
que en Europa.
Es importante destacar que en los países de sistema
voluntarista, la proporción de los convenios colectivos coincide casi
con el índice de sindicación, mientras que en los países
de sistema centralizado o coordinado la proporción de convenios colectivos
es superior, en virtud de que la negociación colectiva fuera de la
empresa implica que la representatividad de los actores sociales como agentes
de la negociación no depende únicamente del número de
militantes.
En el caso de los países de sistema voluntarista
como los Estados Unidos, la protección de las condiciones de empleo
depende esencialmente de los convenios colectivos, los cuales, al hacer las
veces de código del trabajo, definen obligaciones muy estrictas en
lo que se refiere a las condiciones de empleo, como a los trabajadores a
los que amparan. En teoría, esta situación trae un costo muy
alto para las empresas en las que hay presencia sindical. Por lo que se trató
en un principio de homogeneizar las condiciones de trabajo con un sistema
de negociación sectorial. Pero esto cambia en los años ochenta
a causa de la política de liberalización y los convenios colectivos
de empresa se quedaron sin lo que era su fuerza.
Dado el costo que los convenios suponen para una empresa,
comparada con otra donde no haya una presencia sindical, los empleadores
se esforzaron por fomentar su debilitamiento mediante la desindicalización
o recabando concesiones de los sindicatos. Esto trajo como resultado una
clara disminución del número de trabajadores amparados por
convenios colectivos y, por ende, una pérdida de vigor general de
las modalidades colectivas de protección social, lo que trae aparejado
para los trabajadores una sensación acentuada de inseguridad.
Es más, hoy en día, hay un debate en este
país sobre la posibilidad de negociar las condiciones de empleo en
las empresas sin presencia sindical. Pero en el estado presente de la legislación
esto deviene imposible porque el convenio colectivo debe ser firmarlo por
un sindicato representativo.
Ello así, una de las principales conclusiones
de los estudios realizados es que, en caso de persistir esta situación,
el sistema estadounidense se orientará inexorablemente hacia una oposición
cada vez mayor entre los trabajadores y los empleadores, con la consecuente
aparición de conflictos y falta de confianza, situaciones de consecuencias
nefastas para la innovación y la productividad. Tal el caso de grandes
empresas del sector del automóvil, de las telecomunicaciones, del
caucho y del acero por ejemplo.
Este fenómeno no tiene la misma envergadura en
países del mismo sistema como Canadá o el Reino Unido, ya que
pese a la caída del índice de sindicación, el número
de trabajadores amparados por convenios colectivos es grande. Esto se explica
porque en estos países la oposición patronal al sindicalismo
es mucho menor que en Estados Unidos.
En los países del sistema de negociación coordinada de Europa
occidental, la mundialización también está provocando
cambios. Pero las turbulencias que agitan las relaciones laborales no se
plasman en un debilitamiento tan acusado del diálogo social como en
los países del sistema descentralizado.
Existen dos tendencias: por un lado, cabe preguntar por la actitud a asumir por la empresa para dominar los efectos de las nuevas modalidades de competencia, y por otro lado, se buscan soluciones en el plano nacional con el apoyo de los diferentes gobiernos a la formulación de acuerdos centralizados, bipartitos o tripartitos. Estos pactos nacionales apuntan a encauzar el cambio para limitar la inseguridad que lo acompaña. La descentralización y la pérdida de importancia en la negociación nacional y sectorial está creciendo en estos países. Por ejemplo, en Suecia, donde la centralización de las relaciones laborales fue largo tiempo la norma, la confederación patronal ha dejado de intervenir últimamente en un gran número de órganos consultivos tripartitos centrales y de firmar convenios bipartitos centrales con lo sindicatos. En Alemania, se aduce que la negociación sectorial no puede dar a las empresas la flexibilidad que necesitan para adaptarse a una competencia cada vez mayor. En Francia, se observa una tendencia al aumento de los convenios colectivos por empresa desde principios de1980, que se aceleró a partir de 1990.
El sistema de estos países tiene una característica diferencial que está dada por la existencia de los comités de empresa, que constituyen la principal institución de participación como órgano de representación en el establecimiento, la empresa o el grupo, y cuyos miembros son elegidos en principio por todos los trabajadores, sindicados o no. Estos comités de empresa fueron establecidos con la finalidad de establecer el diálogo y cooperación, y en los últimos diez años han proliferado. Actualmente, hay comités de empresa en todos los países de la Europa continental, salvo en Suecia y en Finlandia, donde los sindicatos locales son los que tienen el derecho de representación en la empresa.
Estos comités normalmente no se ocupan de los temas que corren a cargo de las organizaciones patronales y sindicales. Desempeñan ante todo una función de cooperación , y la mayoría de ellos no tienen derecho a convocar una huelga o a participar en ella, salvo, por ejemplo, el caso de España, donde la legislación les permite negociar los salarios y declarar la huelga. En Alemania, los comités de empresa tienen funciones bien definidas y por lo tanto son el cauce para la consulta y la decisión en relación con asuntos extrasalariales de carácter cualitativo como los progresos técnicos, la organización del trabajo, la formación y la política de personal, que las más de las veces pueden tratarse mejor en la empresa y que determinan cada vez más el grado de competitividad .El buen funcionamiento de estos comités queda facilitado por el sistema europeo de negociación colectiva, que se ocupa de problemas de orden redistributivo y potencialmente conflictivos.
Esto hace que el problema de la descentralización en estos países se presente de un modo diferente que en los países de negociación descentralizada. Por un lado los empleadores de esos países tienen un margen de libertad mayor que sus pares de los sistemas voluntaristas, cuando hay que adoptar decisiones referentes a la organización del trabajo. Por otro, los comités de empresa tienen un amplio cometido de cuasinegociación, al margen de los acuerdos oficiales.
En lo que respecta a los países de América Latina, la precarización
del empleo y el aumento del desempleo han debilitado gravemente los sistemas
oficiales de relaciones del trabajo. Las reglas de protección social
establecidas por la legislación o convenios colectivos solamente amparan
de hecho a una pequeña parte de la mano de obra únicamente
en el sector estructurado, y además sólo parcialmente. Las
grandes empresas extranjeras se implantan en el sector estructurado y las
relaciones de trabajo son una de las dimensiones que sopesan al decidir sus
inversiones.
Debemos tener en cuenta que por su nivel de desarrollo
y por la extensión del sector estructurado, los países de América
Latina dan muestras de una gran diversidad. Aunque hayan tenido influencias
similares de las antiguas potencias coloniales, la historia propia de cada
uno de ellos ha llevado a unos sistemas de relaciones de trabajo específicos,
pero con un factor común que es la fuerza tradicional de la intervención
del Estado en la reglamentación de dichas relaciones y una larga tradición
legalista.
Se distinguen dos tipos de sistema de negociación
colectiva en América Latina. En el primer grupo, que congrega a muy
pocos países (Brasil, Argentina, Uruguay), pero que es importante
desde el punto de vista económico y demográfico, domina la
negociación sectorial. México, se puede asimilar a este sistema
ya que, si bien la regla general es el convenio por empresa, la negociación
de empresa está estrechamente controlada por unos comités de
sector que han de dar su visto bueno a los acuerdos. En los demás
países la negociación sectorial es marginal, aunque esté
expresamente autorizada como en República Dominicana y Venezuela.
La negociación descentralizada se da sobre todo en las grandes empresas.
Tal descentralización obedece más a la debilidad generalizada
de la negociación colectiva que a una estrategia explícita,
inspirada en el modelo estadounidense o japonés.
La proporción de trabajadores amparados por la
negociación colectiva es más alta en los países donde
se practica a nivel sectorial. En 1995, por ejemplo era superior al 70% en
el sector estructurado de la Argentina.
En los países de negociación descentralizada,
el porcentaje de cobertura sigue siendo bajo: alrededor del 15%. Los acuerdos
se refieren únicamente al sector estructurado y además se concentran
en ciertas ramas como la banca en Paraguay y la energía en Venezuela.
Se trata pues de un modelo de reglamentación social dicotómico
porque predomina la legislación, por un lado, y la relación
individual entre trabajador y empleador, por el otro.
En América Latina, en general, la negociación
colectiva no es muy dinámica, ni muy innovadora. Los acuerdos versan
fundamentalmente sobre asuntos tradicionales -el salario, las vacaciones,
salud del trabajo- y a menudo repiten el contenido de acuerdos anteriores.
En las grandes empresas multinacionales es donde está
más desarrollada la negociación colectiva, la cual tiene características
similares a las que se observan en los países europeos. La cuestión
del empleo es una prioridad para los sindicatos. En Brasil, Ford fue la primera
empresa que firmó un acuerdo sobre la flexibilidad del tiempo de trabajo
a cambio del compromiso de mantener el empleo. En la Argentina , la flexibilidad
del tiempo de trabajo, así como diferentes medidas para aumentar la
productividad, figuran igualmente en los convenios colectivos firmados por
los principales constructores de automóviles : Ford, GM, Fiat, Chrysler
y Toyota. Algunos de estos convenios fueron firmados antes de la implantación
de la empresa. Esto pone de manifiesto la importancia que dan los sindicatos
al empleo y traduce el carácter centralizado del movimiento sindical
en Argentina, donde las negociaciones de empresa siguen estando regidas en
gran medida por el nivel central. Este ejemplo indica que sería aventurado
valerse de él como ilustración de una tendencia natural a la
descentralización, ya que la negociación colectiva, especialmente
en la empresa, sigue siendo un instrumento de reglamentación social
poco empleado hasta ahora.
Por otra parte y a los efectos de abordar el tema de
la negociación colectiva a nivel regional, más específicamente
en el Mercosur, analizaremos el trabajo del profesor uruguayo Oscar Ermida
Uriarte, en la Revista de Trabajo de septiembre/octubre de 1994, denominado
«Negociación Colectiva e Integración».
Según este autor el tema de la negociación
colectiva y la integración (fundamentalmente la prevista en el Mercosur)
puede ser objeto de un doble enfoque. Por un lado, el enfoque que ve la negociación
colectiva como un objeto afectado por la integración económica:
un instituto del Derecho Laboral influenciado por un hecho exterior. Desde
un segundo enfoque, la negociación colectiva se vuelve sujeto, actor
o instrumento de integración, o sea, como un agente que puede actuar
sobre ella.
Considerando el primer enfoque habría cinco efectos
posibles de la integración sobre la negociación colectiva:
1) Aproximación o armonización de los sistemas nacionales de negociación colectiva: ante un proceso de integración regional se hace necesario hacer referencia a la conveniencia o necesidad de la armonización o unificación de las legislaciones nacionales. El tema es discutible. En el caso del Mercosur nos encontramos con muchas diferencias entre las legislaciones de los Estados parte, las que se pueden agrupar en tres áreas fundamentales: a) la estructura de la negociación, donde el país que queda «descentrado» es Paraguay, con sus convenios de empresa, ante la negociación por rama de Argentina, Brasil y Uruguay; b) la eficacia de la convención colectiva, extensa (erga omnes) en Argentina y Brasil, reducida en Paraguay y en la práctica uruguaya; y c) el intenso grado de reglamentación estatal de la negociación colectiva en Argentina, Brasil y Paraguay, frente al autonomismo uruguayo. 2) Regulación supranacional de las negociaciones colectivas nacionales: este segundo efecto posible de la integración, consiste en la reglamentación por parte del propio Mercosur de las negociaciones colectivas nacionales de la región. Hacerlo o no supone una opción entre aquellas opciones que en Europa se llaman enfoque normativo y enfoque descentralizado: según este último, a la negociación colectiva se debe llegar descentralizada o autónomamente, por ejemplo a través de un acuerdo marco supranacional; en cambio, según el enfoque normativo, la negociación uniforme debe ser impuesta heterónomamente por las propias autoridades supranacionales comunitarias.
3) Descentralización de las negociaciones colectivas nacionales: Excepción hecha de Paraguay, esta alternativa tendría efectos respecto de los otros países. Tal como está planteada hoy la integración regional, de una forma productivista, economicista, neoliberal, promotora de la productividad entre las empresas, puede llevar a una descentralización de la negociación colectiva con la cual se fuera a buscar la mayor competitividad de cada empresa, eludiendo, en la medida de lo posible, los grandes convenios de rama, más rígidos, para ir a negociaciones por empresa en las cuales se buscaría más el interés concreto de cada empresa.
4) Centralización de las negociaciones colectivas nacionales: esta eventualidad no es descartable, si bien el proceso se orienta en sentido contrario; la opción por esta alternativa dependerá del curso que se imprima a la integración de nuestros países, que podrán variar según los modelos económicos que prevalezcan en cada momento. Nada permite descartar que la curva de crecimiento del neoliberalismo llegue a su punto de inflexión e inicie un período de desaceleración.
5) Supranacionalización de la negociación colectiva: este último efecto estaría dado en la posibilidad de la internacionalización de las negociaciones colectivas o sea negociaciones colectivas que cubran en una misma negociación y convenio a todos los países del Mercosur , sea en su totalidad (acuerdo marco o pacto social), sea en una misma rama de actividad (convenio supranacional de rama) o bien, en una empresa (convenio de empresa multinacional).
Respecto del segundo enfoque, o sea los efectos de la negociación colectiva sobre la integración, podemos nombrar tres de los más importantes:
1) La negociación colectiva como instrumento de la armonización o aproximación, ya que es fuente formal del Derecho que puede jugar un rol activo en la elaboración del Derecho Comunitario.
2) La negociación colectiva como instrumento de negociación laboral directa: a través de la creación de un Derecho Comunitario sectorial autónomo que regule todas las condiciones de trabajo de la región.
3) La negociación colectiva como instrumento de ajuste o reconversión: un tercer papel importante, pero no deseable, es éste. Es un lugar común decir que la integración regional requerirá reconversión de empresas, «ajustes» de alto costo social, lo cual requerirá a su vez una gran flexibilidad laboral. Si se entiende a esta última, no como la abrogación legal unilateralmente impuesta por el Estado de normas laborales de protección, sino como la adaptación de la normativa existente a través de la autonomía colectiva, entonces la negociación colectiva es el instrumento esencial que muchos creen necesario para la realización de la integración del Mercosur.
En lo que a la negociación colectiva a nivel argentino se refiere, Ruben Rotondaro, en «Los Sindicatos y la Economía Global», trata el sistema de negociación colectiva en Argentina, manifestando que uno de los problemas actuales es la brecha existente entre el sector formal de trabajadores cubiertos por la negociación colectiva y el sector denominado especializado, que se traduce en los desniveles que sufre la estructura de los ingresos de la población económicamente activa.
Entiende que el factor causal fundamental de la situación antes descripta es la virtual parálisis que ha tenido todo el proceso de negociación colectiva dentro del esquema tradicional, establecido por la ley 14.250 de convenciones colectivas de trabajo. El proceso de reajuste incluyó la falta de renovación de los convenios colectivos de trabajo, que en su gran mayoría datan de 1975 y que se encuentran vigentes todavía a raíz de la cláusula de ultraactividad. No obstante, el sistema laboral desarrollado en los últimos años ha permitido renovar aspectos salariales de dichos convenios, pero referidos a cláusulas de productividad, nuevos sistemas de trabajo y otras modalidades requeridas por la reconversión, por lo que se ha producido una flexibilidad de hecho.
Dice el referido autor que los contratos colectivos de trabajo se han desarrollado a nivel empresa, lo que ha creado una nueva dicotomía en la relación laboral, ya que subsisten dos sistemas que plantean realidades distintas.
La falta de un sistema ordenado y coherente en el ámbito laboral, respecto a la naturaleza y alcance de la negociación, crea una situación de confusión y facilita la dispersión salarial que se observa entre el sector especializado y el medio organizado por los sindicatos. La incertidumbre de tener que manejarse en un contexto dominado por la improvisación, la creciente flexibilización de hecho que se observa frente al avance de los convenios de empresa, las modalidades de contratos promovidos y el recurso de los empresarios de abusar de los períodos de prueba de los contratos en lugar de rubricar acuerdos por tiempo indeterminado, constituyen elementos de una problemática laboral que los sindicatos tienen que enfrentar de manera directa.
Ante esta problemática, la negociación colectiva debe ser considerada desde dos planos: 1) el macroeconómico, estableciendo las condiciones generales que deben regularla y 2) el microeconómico, donde deben analizarse los elementos de su desarrollo entre los actores sociales, es decir las organizaciones sindicales y los empresarios.
Rotondaro manifiesta que respecto del primer aspecto es indudable que el contexto legal dentro del cual se instrumenta la negociación colectiva en Argentina es obsoleto y totalmente anárquico. Las reglas de juego establecidas por la ley 14.250 no son respetadas y de hecho existe otra realidad que no permite que el sistema funcione de acuerdo a las necesidades actuales. Por un lado, hay demasiada intervención gubernamental para asegurar que tenga un impacto mínimo en el costo laboral y, por otro, las convenciones que se renuevan encuentran difícil el trámite de cumplimiento, a pesar de que es el propio Ministerio de Trabajo quien las homologa. Los mecanismos de cumplimiento están semiparalizados y los nuevos injertos en el terreno de la mediación de las disputas laborales son paliativos que no pueden suplir la falencia general del sistema.
Según este autor una política laboral coherente implicaría en primer lugar una modificación de la ley respectiva para que se asegure el derecho de los trabajadores a constituir organizaciones de su propia elección y que éstas puedan negociar las condiciones de empleo con los empresarios y/o sus representantes de buena fe. La función del poder público debe ser meramente normativa para que las partes puedan desarrollar dichas actividades sin tropiezos, quedando la parte sustantiva de esa negociación en manos de las partes involucradas directamente. La parte normativa es fundamental respecto de los parámetros dentro de los cuales dicha negociación debe tener lugar. Son los sindicatos, por otra parte, quienes deben desarrollar una acción firme a tales efectos.
Respecto del plano microeconómico, Rotondaro explica que la sanción de una nueva ley de negociación colectiva no implica que el problema laboral se solucione definitivamente. Habrá que desarrollar un esquema de participación que involucre tanto a los trabajadores y sus organizaciones representativas, a los empresarios y a las agencias del gobierno, en un espíritu de respecto mutuo. Los sindicatos deben ser considerados los interlocutores válidos de los trabajadores e incorporarse al esfuerzo participativo para que la empresa funcione y tenga utilidades. Por lo que la posibilidad de que las empresas puedan pactar con las comisiones internas y/o individualmente con los trabajadores es una amenaza a la estabilidad del sistema y aumenta el desequilibrio en el mercado laboral.
Estos objetivos son difíciles de cumplir, en una instancia como la actual, llena de desigualdades, improvisaciones y carencias de todo tipo. Pero debe constituir la meta de las organizaciones sindicales .
Los tiempos de crisis sirven para focalizar las discusiones sobre toda la problemática laboral argentina. No debemos olvidar que la negociación colectiva es y será un instrumento de suma importancia para la lucha de los trabajadores contra los efectos nocivos de una globalización que no se puede negar.
d) Respecto de las autoridades de aplicación o Administraciones del Trabajo en América Latina.
Al igual que en los principios de siglo, también ahora se plantea
una nueva «cuestión social» resultante de la exigencia
de los diferentes sectores de la sociedad por más y mejores empleos
y por la conservación y/o ampliación de los sistemas de protección
social. Si bien como venimos señalando, las condiciones económicas
actuales son diferentes a las de ochenta años atrás y el tipo
de exigencia social también, aunque de todos modos se requiere una
política laboral que dé respuesta a las nuevas cuestiones sociales
y laborales.
Como lo señala René Cortazar en el documento
«Los Ministerios del Trabajo en el nuevo marco económico y social»
(publicación de la OIT), el papel del Estado, y en particular el de
los Ministerios del Trabajo, en las relaciones laborales, ha estado cambiando
drásticamente en los últimos años. En el pasado, en
particular durante la etapa de desarrollo «hacia dentro» que
se prolongó durante varias décadas en América Latina
y que se basó, en lo fundamental, en la sustitución de importaciones,
el Estado jugó un papel medular en la definición de un buen
número de temas laborales. Como lo señalaba el Director General
de la OIT en su Memoria a la Conferencia Regional Americana de 1992, hablar
de política laboral era referirse a la «preeminencia del Estado
en su calidad de regulador y garante de objetivos de empleo, salarios y condiciones
de trabajo; ello por encima del mercado, y en la mayoría de los casos,
sólo con la participación tutelada de los interlocutores sociales».
Esta situación empieza a cambiar en los países
de la región a fines de los años setenta. Se inicia, con distintas
intensidades un desarrollo «hacia afuera», basado principalmente
en las exportaciones. Esta tendencia se ha visto reforzada por un cambio
profundo tanto en las tecnologías como en la forma de organización
de las empresas. Hay también un cierto agotamiento del concepto del
Estado de Bienestar que se ve reflejado entre otras cosas en la administración
laboral.
Conforme surge de la publicación de la OIT «Los
nuevos contenidos de la Administración del Trabajo y la modernización
de los Ministerios de Trabajo en América Latina» elaborada por
Victor Tokman y Daniel Martínez, los efectos generados por la globalización
inciden sobre la política laboral seguida hasta ahora y sobre los
contenidos de la Administración del Trabajo. Así, los cambios
en la estructura del empleo y de los salarios o la mayor presencia de empresas
transnacionales, si bien no tienen una incidencia directa y particularizada
sobre las instituciones laborales, sí contribuyen a definir el nuevo
contexto social y económico en el que se producen los actuales cambios
institucionales en campos específicos de la política laboral
y de la Administración del Trabajo.
Merece especial tratamiento el papel que deberá
jugar la Administración del Trabajo en relación a las nuevas
políticas nacionales de empleo y formación profesional, ya
que si bien se considera que la generación de empleo dependerá
del crecimiento económico y éste de la inversión productiva,
los problemas de precarización del empleo y de desempleo existentes
en la región son tan severos, que los gobiernos están recurriendo
a la aplicación de políticas activas de mercado de trabajo
(reforma a la legislación sobre contratos y los programas de reconversión
laboral) para paliar estos efectos disvaliosos, por lo que es competencia
de la Administración del Trabajo el diseño de políticas
en tal sentido, a efectos de asegurar la coherencia en los enfoques y en
las metodologías de acción, la racionalización de los
recursos disponibles y el aprovechamiento de las potencialidades existentes
tanto en el sector público como en el privado.
Similar actividad será la que corresponda ejecutar
a la Administración del Trabajo, en lo atinente a la formación
profesional que actualmente descansa cada vez más en el sector privado,
tanto en la propias empresas como en los institutos creados por las empresas
privadas de los diferentes sectores (construcción, servicios financieros,
industria, etc.). Los programas elaborados a tal fin deberán responder
a una política nacional de formación profesional.
A los efectos de determinar cuáles son las nuevas
funciones de los Ministerios de Trabajo, creemos conveniente conviene examinar
brevemente la vigencia de sus funciones tradicionales:
Entre estas últimas encontramos:
1) Garantizar el libre ejercicio de los derechos laborales
fundamentales.
2) Formular la política laboral nacional.
3) Preparar las normas reguladoras del mercado de trabajo
y de las relaciones laborales.
4) Registrar a las organizaciones sindicales y a los
instrumentos resultantes de la negociación colectiva, con diferentes
grados de intervención en el desarrollo de la misma.
5) Inspeccionar el cumplimiento de las normas reguladoras
.
6) Resolver los conflictos laborales, tanto individuales
como colectivos.
7) Fijar salarios mínimos.
8) Intermediar en el mercado laboral mediante servicios
públicos de empleo.
9) Dirigir las instituciones de formación profesional.
10) En algunos países, dirigir las Instituciones
de Seguridad Social.
11) Diseñar y aplicar normas sobre seguridad y
salud del trabajo.
12) Elaborar estadísticas sobre el mercado de
trabajo y relaciones laborales.
La mayoría de estas funciones seguirán
estando bajo la responsabilidad de los Ministerios de Trabajo, pero algunas
de ellas cobrarán una importancia cada vez menor, como el caso de
la intervención para la solución de los conflictos colectivos
de trabajo, función que sería asumida por el fuero judicial
o por la institución del arbitraje y también lo referente a
la Seguridad Social.
Por otra parte, las nuevas funciones, producto de enfrentar
el reto que suponen los cambios de la mundialización, podrán
ser las siguientes:
1) Armonizar la legislación laboral nacional con
la de aquellos otros países que participen en un mismo proceso de
integración;
2) En el marco de la mayor autonomía de los actores
sociales, tipificar las condiciones mínimas que facultan y legitiman
a los actores sociales como sujetos de negociación en cada ámbito
concreto y promover los procedimientos de negociación colectiva que
garanticen a las partes la igualdad de condiciones negociadoras
3) Inspeccionar el cumplimiento de las normas laborales,
redireccionando la metodología tradicional de inspección.
4) Promover y asesorar el cumplimiento de la normativa
laboral en el sector laboral informal o no estructurado, facilitando además
la simplificación de los procedimientos administrativos exigidos por
dicha normativa.
5) Efectuar el seguimiento del comportamiento del mercado
de trabajo y proponer o adoptar las medidas que resulten pertinentes para
generar empleo de calidad, así como para diseñar y aplicar
las políticas de compensación en beneficio de grupos vulnerables:
jóvenes y mujeres desempleados o subempleados, despedidos de las empresas
públicas y privadas, microempresarios, etc.
6) Promover el Diálogo Social y el fortalecimiento
de las organizaciones de los actores sociales y en ese marco, diseñar
políticas nacionales de empleo, formación profesional y protección
social a los grupos actualmente desprotegidos.
7) Diseñar, normar y ejecutar políticas
destinadas a ampliar la cobertura de la protección social (incluído
el seguro de desempleo en los casos que este exista o se cree) hacia aquellos
grupos que, como los campesinos o los informales pobres, no gozan aún
de la protección del sistema.
También, en muchos países cobra cada vez
más importancia la intervención del Ministerio de Trabajo en
la regulación de las relaciones de trabajo dentro del marco de la
Administración Pública, incluída la negociación
colectiva entre los empleados públicos y el Estado.
Como consecuencia de esta situación podemos decir
que los Ministerios de Trabajo deben enfrentar un doble desafío. Por
un lado deberán redefinir sus formas de intervención, abandonar
algunas funciones y asumir otras nuevas. Por otro, deberán atender
los grupos laborales no incorporados a sectores modernos, principalmente
los informales y desempleados
Al decir de René Cortazar, el cambio en la intensidad,
como en la naturaleza de la intervención del Estado en materias laborales,
ha afectado no sólo a la posición de los Ministerios del Trabajo
en el seno de los Gobiernos, sino también al tipo de relación
que desarrollan con los actores sociales.
Este autor manifiesta que el menor intervencionismo directo
de la política laboral sobre las condiciones de trabajo no significa
que dicha política laboral haya perdido su importancia. Más
bien es una indicación que ha disminuído su incidencia como
«causa inmediata» del nivel de empleo, salarios y condiciones
de trabajo, para convertirse en una de sus «causas mediatas».
Explica que durante la etapa de desarrollo «hacia
adentro» las políticas estatales eran una «causa inmediata»
de la determinación de los salarios, a través de su intervención
en la negociación colectiva y la fijación por ley de reajustes
de remuneraciones obligatorios para el sector privado. Lo mismo ocurría
en materia de fiscalización del cumplimiento de la legislación
laboral, así como en Seguridad Social y capacitación. Era habitualmente
la intervención directa del Estado la que debía garantizar
el beneficio o protección social.
El cambio en la naturaleza de las políticas laborales
se ha traducido en que, por una parte, se le asigna mayor importancia al
mercado y a las organizaciones sociales en la determinación de las
condiciones de trabajo, a la vez que las políticas estatales se desarrollan
a través de instrumentos que actúan, indirectamente, a través
del mercado y de la acción de las organizaciones sociales. Es por
ello que este autor dice que las políticas laborales se convierten
en «causas mediatas» de las condiciones de trabajo.
A raíz de ello, y siguiendo el análisis
impuesto por René Cortazar, se puede determinar que son otras las
relaciones que en este nuevo marco pueden desarrollar los Ministerios de
Trabajo con los actores sociales. Estas relaciones son las referentes a la
promoción de la concertación social, para fortalecer las relaciones
de confianza, y favorecer la creación de normas sociales y redes de
comunicación entre trabajadores y empresarios.
En relación a este último tema, existen
dos estrategias posibles en la interacción de los Ministerios de Trabajo
con los demás ministerios y con los actores sociales.
Por una parte está la estrategia conservadora
de constituirse en un «ministerio social débil pero sensible»,
que no es más que la continuidad de lo que han hecho los Ministerios
del Trabajo en varios países durante el ajuste. Es una estrategia,
por lo demás, común a varios otros ministerios sectoriales.
El Ministerio de Trabajo se aboca a la tarea de mantener el conflicto social
bajo control, desarrollando para ello una relación no sólo
de mucha cercanía, sino también de una cierta complicidad con
el mundo sindical.
Desde esta óptica las reformas laborales terminan
siendo incentivadas por los ministerios del área económica,
quienes presionan por cambios radicales, los que son moderados por el Ministerio
de Trabajo.
El movimiento sindical, consciente que un Ministerio
del Trabajo, no es en general, contrapeso suficientemente fuerte del equipo
económico, también busca apoyo en el equipo político,
el que sí estaría en condiciones de servir a sus aspiraciones.
Al final, el Ministerio de Trabajo queda como un «actor sensible»,
pero ciertamente débil, incluso frente al movimiento sindical, que
opta por mediar sus demandas a través de los ministerios del área
política.
La otra estrategia alternativa es constituirse en un
actor «fuerte y más estatal». Esta segunda posibilidad
exige que sea el Ministerio del Trabajo quien encabece las reformas laborales
y previsionales. En este sentido el Ministerio del Trabajo vuelve a apropiarse
de la política laboral y previsional, siendo en dicho proceso parte
integrante del equipo económico y político, aportando un ángulo
social y laboral esencial para que se haga una evaluación más
adecuada al momento de la toma de decisiones, ofreciendo ser el canal privilegiado
para el contacto con las organizaciones sindicales y empresariales.
La importancia de que el Ministerio del Trabajo sea parte
del equipo económico, no proviene únicamente de la trascendencia
que tienen las reformas laborales y previsionales para el desempeño
económico, sino también del hecho que los principales determinantes
del empleo y los salarios no están principalmente en las políticas
que día a día toman los Ministerios del Trabajo, sino en las
grandes definiciones de la estrategia de desarrollo. Es en la definición
de la tasa de interés, del tipo de cambio, de la velocidad de la apertura
al comercio exterior, de un acuerdo de libre comercio, donde se juegan buena
parte de la creación o destrucción de ocupaciones, y no sólo
en la definición de las políticas laborales que vienen a aplicarse
con posterioridad. Es en este sentido que resulta más apropiado hacer
pesar los efectos laborales, que fijar políticas laborales de compensación
una vez que las decisiones económicas ya han sido tomadas, y los efectos
ya se han producido.
René Cortazar señala en el trabajo de referencia
que el desafío de la política laboral no es sólo determinar
«que» hacer sino también «como hacerlo», cobrando
importancia la función pedagógica de los Ministerios del Trabajo.
Como los Ministerios del Trabajo tienen normalmente una mayor cercanía
al mundo social que los ministerios económicos, ellos pueden desarrollar
un papel crucial en el desarrollo de la que se podría denominar «pedagogía
del cambio», la cual busca interpretar y explicar a la sociedad civil
los cambios que se van haciendo necesarios, anticipar las resistencias que
van surgiendo frente a dichos cambios y hacer «socialmente admisibles»
las reformas que se han de introducir.
Este proceso pedagógico es clave para la eficacia
de las reformas estructurales, así como para la estabilidad de ellas.
A su vez sería necesario el tratamiento de las
nuevas orientaciones laborales a través de una perspectiva multidisciplinaria
que capte los diferentes ángulos de los cambios de la globalización.
La naturaleza de las reformas plantea la exigencia de que en los Ministerios
del Trabajo se constituyan equipos multidisciplinarios que permitan el análisis
de los temas laborales desde la perspectiva jurídica, económica,
sociológica y política.
Esta mayor integración de las diversas disciplinas
es todavía una tarea pendiente en los países de la región,
donde tiende a dominar una sola de las visiones, y cuando coexisten varias
de ellas se analizan en forma separada. Hay, por ejemplo, quienes estudian
los temas del empleo y otros que analizan los temas de legislación
laboral.
Las visiones parciales entregadas por diversas disciplinas
no resultan suficientes para cambios sociales de gran magnitud como los que
nos toca vivir. El desarrollo de esta nueva visión integral , de economía
política, es hoy un desafío mayor para los estudiosos de los
temas laborales , y para quienes deben constituir los equipos humanos de
los nuevos Ministerios del Trabajo.
A MODO DE CONCLUSIÓN.
El advenimiento de un nuevo tiempo histórico,
con todas las consecuencias que ello trae aparejado, ha sido el tema considerado
a lo largo de este trabajo. La globalización, como proceso que diluyó
el concepto de frontera, haciendo del mundo una sola y gran aldea, así
como la regionalización, que nació como una respuesta a ese
fenómeno, en la convicción primero, y en la necesidad después,
de que agruparse y constituir bloques de países, era la respuesta
posible y viable a esa nueva realidad, fueron los acápites iniciales
con que pretendimos acercarnos a tan candente temática. Fue ese proceso
el que permitió que características como las descritas se extendieran
a muchos y diversos campos de la actividad humana, entre los cuales no puede
dejar de nombrarse a las grandes empresas, que cambiaron algunos de sus elementos
caracterizantes, para posicionarse con un poder mucho mayor y más
diversificado.
Posteriormente, revisamos los efectos de ese proceso
sobre una cantidad de puntos que desde siempre formaron parte de la temática
ineludible del derecho del trabajo, especialmente considerando las conductas
(desleales, abusivas, desaprensivas) de esas grandes empresas, que ejerciendo
el nuevo poder que ostentan pasaron a ejercer presión sobre los gobiernos,
no sólo de los países pobres, sino también de aquellos
que sin muchas hesitaciones pueden calificarse de potencias mundiales, para
obtener ventajas que resulten útiles a sus intereses económicos
y comerciales, destruyendo así derechos laborales que requirieron
años de luchas sindicales.
En ese marco fue imprescindible analizar la conducta
que cupo a las autoridades nacionales que contaban facultades para evitar
y limitar esos abusos. La difusión de esas autoridades en una gran
cantidad de países hizo necesario agruparlos de acuerdo a líneas
de pensamiento, que fueran oportunamente estudiadas. La excepción,
como siempre ocurre, ha sido nuestro país, ya que la proximidad de
los datos y el conocimiento «vivido» de las conductas adoptadas,
así como de las circunstancias en que tales hechos acaecieron, nos
otorga la posibilidad de juzgar por nosotros mismos.
Como cierre de este trabajo volveremos sobre el rol que
deberán tener los gobiernos en general y los Ministerios o Administraciones
del Trabajo en particular. Es ese rol el que mayor decisión y firmeza
exige en su manejo e instrumentación, por cuanto se reseñó
y se dijo que las empresas transnacionales no dudan en dejar de lado la persona
de los trabajadores para incrementar los beneficios que obtienen de sus operaciones.
Se indicó también que son frecuentes las presiones que reciben
los gobiernos y, por tanto, de los Ministerios del ramo, para adaptar sus
políticas a los intereses de las grandes empresas y en consecuencia
deberán ser esos gobiernos, abarcando en esta decisión a todos
los ministerios, los que con la decisión política necesaria
deberán prever y prevenir los abusos que las empresas transnacionales,
valiéndose del marco globalizado en que vivimos, intenten perpetrar
en contra de los derechos laborales.
(1) La capital importancia de este elemento en la elaboración de cualquier concepto de globalización que se intente esbozar, la denota R. C Altman, ex subsecretario del Tesoro de los Estados Unidos, quien en un artículo publicado por el matutino argentino Clarín, señala: «...los mercados mundiales se han erigido en una especie de gobierno supranacional para el siglo XXI. No son electos y no se reúnen. Pero en momentos en que prácticamente todos los países se suman a la economía global, sus finanzas están sujetas a las reglas de los mercados....sus monedas, que deben ser razonablemente estables para promover el desarrollo nacional, siempre están a prueba. Lo mismo ocurre con su acceso a los mercados de prestamos para financiar sus exportaciones y su infraestructura. Cuando el veredicto de estos mercados es negativo, se torna imperioso un cambio de políticas nacionales y gobiernos enteros pueden resultar impotentes...». Concluye diciendo: «...los mercados financieros globales son invisibles, están mas allá de los líderes políticos y son mucho más poderosos...» (*).
(2) En el artículo que comentamos en un párrafo cuyo titulo es «Las bases del poder» se dice que: «...ese increíble poder deriva de cambios profundos en la tecnología, de los activos líquidos globales y de la cultura del rendimiento de las inversiones. La tecnología permite que la información se difunda instantáneamente en todo el mundo y que se realicen transacciones electrónicamente desde una terminal bien equipada(*). Además, hay grandes flujos de capitales recorriendo el mundo, impulsados por el comercio mundial y las modalidades de inversión...lo que trae a menudo son movimientos masivos de capitales, que favorecen a un país o lo abandonan, y que generan prosperidad o tiempos difíciles. Sus veredictos son inapelables...».
(3) El artículo de Clarín citado dice poco después: «...la demostración mas reciente del poder de los mercados empezó el verano pasado. Durante años las principales naciones del Este asiático fueron el símbolo del crecimiento. Se consideraba que su mezcla típica de ahorro e inversión elevados, junto con métodos de gobierno relativamente autocráticos en lo económico y en lo político, constituían la receta ideal para los países en desarrollo...pero en Julio, los mercados se desilusionaron con la región, empezando con Tailandia. Olas de venta castigaron su moneda que, en apenas tres semanas, cayó un 40 % en relación con el dólar...hoy enfrenta retracción económica, quiebras generalizadas, austeridad social e inestabilidad política...»(*). El rápido e inexplicable cambio de humor respecto de una nación (si bien la crisis afectó luego a los demás «tigres asiáticos») reafirma la existencia y necesidad de considerar este concepto.
(4) El poder que los procesos de integración otorgan a los Países
Miembros se cuantifica a través de distintas informaciones que circulan
por estos días. Nosotros hemos elegido un artículo de La Nación,
titulado «El año del Euro», en el que señala: «...los
quince jefes de gobierno que conforman la Unión Europea se reunirán
en esta ciudad (Bruselas) para resolver cuales de ellos incorporan la moneda
única, el euro. La mayoría de los países cumplirá,
sin dudas, los requisitos...». Lo que se completa con lo señalado
por Fred Bergsten en el mismo medio, cuando refiriéndose a las consecuencias
del advenimiento del Euro, dice: «...Recientes predicciones establecen
que un billón de dólares podrían cambiar a Euros. El
impacto político será muy fuerte. El sistema centralizado en
el dólar que ha prevalecido durante la mayor parte de este siglo será
reemplazado por otro circulante bipolar, dominado por Europa y Estados Unidos...».
Imaginar el cambio del sistema del dólar a otro, cualquiera que aquel
sea, era inimaginable muy poco tiempo atrás. Sin embargo, y a la luz
de lo señalado, esto es lo que ocurrirá, al menos en forma
parcial.
BIBLIOGRAFÍA UTILIZADA.
1) «Adaptabilidad y Negociación Colectiva», Revista de Trabajo, año 1, número 4, sept./ octubre de 1994.
2) «El Trabajo en el mundo», Relaciones Laborales, democracia y cohesión social, 1997/1998, OIT.
3) «Administración laboral y Ministerios de Trabajo en el siglo XXI», publicación de la OIT,1997.
4) «Los Sindicatos y la Economía Global, ¿Ocaso del Sindicalismo?», Ruben Rotondaro, Fundación Centro de Estudios Americanos ,1997.
5) «¿Podremos vivir juntos?», «Iguales y diferentes», Alain Touraine, Fondo de cultura económica, Octubre de 1997.
6) «La globalización, una apreciación», Monseñor Jorge Mejía, Exposiciones y debates «La solidaridad en los procesos de reforma económica», Quinto Coloquio Desafío Empresarios, 1997.
7) «La globalización. El nuevo papel del Estado». Ciclo de conferencias «Investigación, Tecnología y Empleo». Instituto Nacional de la Administración Pública. 13 de Noviembre de 1996.
8) «Globalización, integración económica y economía al servicio del hombre». Humberto Podetti. Documento elaborado para la reunión «El Mercosur y los trabajadores», organizada por Comisión Episcopal de Pastoral Social de la Conferencia Episcopal Argentina y el Obispado de Mar del Plata, Mar del Plata, 21 al 23 de Junio de 1996.
9) «La economía global y el Sector Público», ACILS-COEMA-GMC, George Meany Centre Labour Studies, 1997.
10) «Tratado de la Unión Europea», traducción no oficial. Informáteca CD, Encyclopedia Britannica Publishers, Inc. Brittanica Society.
11) «Tratado de Libre Comercio de América del Norte», Traducción no oficial. Informáteca CD, Encyclopedia Británnica Publishers, Inc. Britannica Society.
| ñ | a indice |