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INTRODUCCIÓN

 

LAS EMPRESAS TRANSNACIONALES Y EL MUNDO DEL TRABAJO

 

                                                                                   Por Eduardo Giorlandini *

1. Prelusión

Comúnmente se hace referencia a “las empresas transnacionales”, lo que nos induce a pensar en la empresa capitalista del sector privado, deslindado del sector público, cuando en el sector público de ciertos Estados del Norte, o del mal denominado “primer mundo”, o países en vías de redesarrollo, existen centros de poder públicos en los que convergen intereses políticos, económicos y militares.

Igualmente, cabe aclarar que existen otras “empresas” transnacionales: político-ideológicas, militares, religiosas y terroristas, además de aquellas como las vinculadas al tráfico de armas y de drogas, ilegales, cuya estructura, organización y estrategias son idénticas a las de las empresas “legales” y en casos, “madres” o inspiradoras de su función (me refiero a las empresas fundadas con el dinero lavado del delito organizado y aquellas otras que no tienen origen “mafioso”, pero sí lo es su comportamiento).

Bajo tal espectro, los comportamientos se confunden en alianzas permanentes o provisionales, dentro y fuera de las organizaciones internacionales. Podrían ser representado mediante círculos intersectivos, en su faz estática y en su faz dinámica, cambiadiza y versátil.

En todo caso, siguiendo la terminología y el concepto de la Encíclica laborem excercens, se trata de “empresarios indirectos”, porque influyen en el mundo del trabajo, directa o indirectamente, en connivencia con la “clase herodiana” de cada comunidad nacional, aliada por conveniencia con los nuevos invasores de nuestros pueblos. La Encíclica define el concepto de “empresario indirecto” y a partir del mismo es razonable asumir lo que dejo puntualizado, según mi interpretación y convicción.

 

2. Conceptuación

Afirma Rodolfo Capón Filas que la empresa transnacional, utilizada como avanzada del capitalismo, opera en varios países de acuerdo a un programa propio que prescinde o puede prescindir de los establecidos por los Estados que reciben sus filiales de un país a otro constituye uno de los principales argumentos para hacer respetar tal programa y no plegarse a los estatales cuando éstos se manifiestan contrarios aquél.

Sostiene, también: “Las Naciones Unidas, sobre todo a partir del Programa de acción para establecer al Nuevo Orden Económico Social Internacional (Resolución 3.201 S VI) del 1º de mayo de 1974, han decidido sancionar el Código de Conducta de las Empresas Transnacionales para regular su actividad, sobre todo en los países periféricos” y que: “Los trabajadores sindicalizados a nivel internacional intentan participar en la toma de decisiones de estas empresas, no sólo para las Condiciones y Medio Ambiente de Trabajo sino también para la socialización del excedente. Del mismo modo se abre paso, a través de la concepción sistémica del derecho laboral, la posibilidad del convenio colectivo transnacional y de las medidas de acción directa transnacional”.

La empresa transnacional puede ser uni o multinacional. Elementalmente se conceptúa a la multinacional como empresa cuyo capital es originario de diferentes países, siendo general el concepto por el que uno de ellos es el dominante; actúa en numerosas naciones y, de hecho, es el vehículo material a través del cual se realiza en nuestros días la internacionalización del capital (el concepto pertenece a Juan Carlos Pereira Pinto).

La actividad puede ser comercial o fabril y como lo señalan Tim Congdon y Douglas McWilliams: “A veces puede darse el caso de que procese la materia prima en un país, para una fábrica localizada en su territorio de origen, o que mantenga canales de distribución en países extranjeros. La característica principal es que la empresa posee capital en el extranjero, cuyos beneficios son atribuibles a sus accionistas en el país de origen. Los ejemplos típicos de empresas multinacionales son Unilever, IBM y Ford. Las multinacionales se han hecho impopulares en muchos países, especialmente en los del tercer mundo, debido a su fuerte poder económico. Algunas veces intentan evitar una fuerte imposición, mediante la venta de bienes a empresas subsidiarias, ubicadas en países con tipos impositivos bajos, y a precios muy por debajo de los reales. A esta práctica se la conoce con el nombre de traslación de beneficios”.

 

3. Realidad y actualidad

Tan sólo para expresar una parte del fenómeno y no para reafirmar la existencia de etapas cronológicas, debo anotar que al lapso precapitalista sucede el capitalismo y a éste el supercapitalismo; aunque sea también superfluo señalarlo, con variantes -en casos significativas- en la historia económico-social- el aumento y concentración de capital, progresivamente, generó brechas profundizando la injusticia social internacional y dentro de cada región o en cada nación, a partir del nacimiento del Estado moderno.

Pero limitar esta estimación exclusivamente a lo precedentemente puntualizado resultaría poco, pues más allá está presente el factor político y cultural, así como en particular se encuentran datos diversos, emergentes de la política; el desarrollo filosófico, científico y tecnológico; las resultantes de las ciencias y de fenómenos fácticos que transformaron el proceso económico.

Nada ha de descartarse con relación a las concausas del desmedido desenvolvimiento capitalista, en el pasado, esto es, en la historia, en la realidad, y su influjo en las condiciones de trabajo, en la calidad de vida y en el sistema de relaciones económicas, sociales y políticas. No debe desbrozarse ni el “descubrimiento” de América, ni el Renacimiento, ni la Reforma Religiosa, ni la Revolución Industrial, ni la formación de las nacionalidades, o las guerras provocadas por hambrunas, cuestiones territoriales, o la necesidad de apertura de mercados -incluso como en el caso del opio, con las acciones bélicas ya conocidas, por parte de Inglaterra.

El capítulo a que me refiero induce a pensar en una obra de historia económica. La realidad informa acerca de un resultado, que nos vincula más, contemporáneamente, a partir de una mayor y creciente riqueza en pocas manos, con una población cada vez mayor sumida en la pobreza, en situación calamitosa, en condiciones subhumanas de vida, el desempleo, la remuneración sin capacidad de compra de los mínimos elementos de la canasta familiar, la necesidad de prestaciones de salud, vivienda y educación, la protección de la persona, a la cual el sistema le exhibe cada vez más derechos que hacen ostensible un Derecho humanizado, como apariencia burlona, porque -mientras ello sucede- cada vez es más difícil lograr el ejercicio y efectivización de los derechos subjetivos. Como se ha dicho, las naciones son mercados; las ciudades, aglomeraciones, los habitantes contribuyentes, las relaciones humanas fueron remplazadas por relaciones de competencia. En 1978 escribí, en mi libro sobre Derecho de la seguridad social el carácter dramático y funesto del año 2000 y mencioné una frase: “El 2000 tiene carácter de vista de duelo”. Hace ya más de 12 años, aproximadamente, el Informe de la Comisión Brandt, en las Naciones Unidas, comunicaban que morían 25 millones de niños por inanición, anualmente, en el mundo; que con el 0,5 del presupuesto militar de los países del norte podían alimentarse por diez años los pueblos del sur y que el costo de un avión de combate moderno equivalía a 40.000 farmacias rurales.

Y poco más de treinta años atrás los asesores de las transnacionales, o del Club de París, en varias obras conocidas en casi todo el planeta, informaban que el capitalismo transnacional formaba una tríada con el Pentágono y la clase gobernante, en los EE.UU. Ahora este espectro es mucho más amplio y diversificado, en el mundo y el poder económico impone sus reglas de juego y ya se advierte lo que denunciaba Esteva Fábrega, en su Antropología industrial: que los presidentes de naciones son empleados de las transnacionales.

 

4. Ideología, utopía y prospectiva.

La difusión provocada de la desideologización tendió a pisotear las ideologías, utopías y doctrinas científicas vinculadas al respeto de la persona humana y a la puesta de la economía al servicio de ella. De tal modo, se busca la prevalencia de una ideología que, por comodidad se la califica de “neoliberal”. Es solamente el rostro del interés irrazonable, del egoísmo, de la voracidad del poder económico, de la intención de planes mundialistas para la asunción del poder planetario.

Se trata, pues, de una ideología totalitaria. A la injusticia social preexistente se le agrega el totalitarismo de la economía, que incluye la limitación o el impedimento del consumo, del trabajo manual y de la creatividad; el consumo privilegiado o compulsivo; el trabajo esclavista; la corrupción generalizada como instrumento para encallar y someter.

Así, podemos afirmar la existencia de dos clases  de ideologías; una, dependiente, denominada “neoliberal”, término que empero lo afirmado líneas arriba tiene bastante expresividad; otra, autónoma, que no es generada por el poder económico ni estar involucrado por un interés individual o sectorial, piensan y expresan con buena fe y lealtad hacia la humanidad y con respeto a la dignidad de la persona, de un modo tal que -exclusivamente para una identificación aproximada- exteriorizan los derechos humanos y en el más alto estamento los derechos a la vida y a la libertad, en el mayor alcance posible, con un sistema de valores jurídicos y humanos que merezcan una interpretación sistémica y donde, en especial, se reconozca a la igualdad como contenido de la justicia.

Esta es la ideología merecedora de activismo y militancia, que es decir utopía, no como “doctrina irrealizable” que -como lo he demostrado en trabajos anteriores es una elaboración académica efectuada con mala fe, al desconocer o proscribir los ingredientes informados por la historia universal del hombre: sí es realizable si los factores de poder son un poco permeables a la promoción humana.

Ideología y utopía componen una faceta inherente a la condición humana, al ser parte de su mundo espiritual, moral, mental y psicológico. Es un elemento de la personalidad, que no debe ser mutilado en la estructura bio-síquica. Unamuno, en Vida de Don Quijote y Sancho intenta demostrar que -en el paralelismo que traza- Jesucristo, Don Quijote e Iñigo de Loyola, no tenían plan. Esto es fácilmente contestado y ya lo hice con anterioridad al presente. Pero Juan Cuatresasas, el gran científico exiliado en la Argentina, en su Biología democracia, demuestra cómo la ideología es parte inescindible del ser humano.

Las tendencias que se presentan visiblemente en la actualidad patentizan la profundización de los males existentes. No es que tomemos todo cambio operado en la cultura como negativo y que arribemos a esto por falta de adaptación. Visto el derrotero del fenómeno transnacional, de la tercera guerra mundial del intercambio y de la mal denominada “globalización” -ya que la guerra es entre megabloques y que los fenómenos se vinculaban por ahora a una internacionalización en la que nuestros países son cada día mas dependientes- y los resultados que expresan diversidad de conflictos sociales y laborales en particular; conforme el estado del mundo, actualmente, nadie podía afirmar que inevitablemente este camino es el conveniente para el género humano.

Mientras tanto, en ese contexto, el de la internacionalización, cabe trabajar en varios frentes: uno, expresado por Capón Filas, el Código de Conducta de las Transnacionales; el fortalecimiento y ampliación de la asociación gremial internacional y además el conflicto generalizado territorialmente según las circunstancias de cada caso; otro, en el que también estamos comprometidos, la creación de espacios sociales, culturales y cooperativos, en las “comunidades” de países, como el Mercosur, aunque haya sido creado sobre el cimiento de acuerdos de empresas transnacionales con los gobiernos (léase Poder Ejecutivo Nacional) de Brasil y Argentina, según los protocolos firmados por los presidentes de ambos países (Alfonsín y Sarney); otro más, factible, nuestra contribución -como medio provisional- a la creación de un “derecho alternativo de resistencia” como respuesta al inconstitucional “derecho alternativo regresivo” propio de nuestros países de la región.

 

* Profesor Titular Ordinario en los Departamentos de Ciencias de la Administración y Derecho de la Universidad Nacional del Sur; Director del Centro de Estudios de Derecho del Trabajo y de la Seguridad Social, en la misma Universidad, así como del “Grupo Multidisciplinario de Investigación sobre Trabajo Humano”; profesor titular en la Universidad del Salvador y en la Universidad Tecnológica Nacional (en esta última, además de Derecho Laboral, Sociología Laboral); finalmente, titular en el Instituto Superior Juan XXIII.

 


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