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Proceso de Integración en las Américas

Alfredo Atanasof

En los distintos países y subregiones que conforman las Américas, el impacto de la globalización o segunda ola de mundialización está generando diversos procesos de integración y de acuerdos comerciales. Estos procesos han dado lugar a sistemas de integración y a acuerdos multilaterales y bilaterales de comercio. Las Américas son hoy un gran escenario de experimentación económica, social, laboral y política signada por la realidad de la globalización.

Como dirigente político y, al mismo tiempo, dirigente sindical argentino, mi preocupación central es aportar a que el actual proceso de transformación económico-social en América Latina desemboque en un mejoramiento de las condiciones sociales y laborales de los trabajadores en los países de la región. Al mismo tiempo soy consciente de que la Argentina como país necesita diseñar una estrategia global para que el proceso de globalización termine por impactar positivamente sobre la política, la economía y la sociedad argentinas.

Por lo tanto, estas palabras están orientadas a establecer grandes pautas para concretar una opción de progreso en la globalización. La condición principal es que en cada uno de los países se requiere la formación de alianzas socio-políticas orientadas a que los procesos de integración y libre comercio sirvan al crecimiento sostenido y a la equidad social.

 

En el continente americano, la posibilidad de direccionar el proceso de ampliación de comercio y la movilidad de capitales hacia una opción de progreso, depende de la capacidad para unir, organizar y expresar política y culturalmente a la variedad de movimientos sociales en todos los países, según las peculiaridades nacionales. Esta perspectiva de progreso debe ser lo suficientemente amplia para vincular estas formaciones con las políticas de centro-izquierda democráticas y hacer converger a los pueblos de América Latina y el Caribe con los pueblos de los EE.UU. y Canadá en un solo torrente. La meta estratégica podía ser la edificación de una Comunidad Económica de las Américas (CEA) dentro de la cual la propuesta del ALCA sea considerada como el estadio de libre comercioy de movilidad de capitales necesario en el camino de la construcción de un gran escenario de integración continental. Esto fue lo que ocurrió en los últimos treinta años en Europa y ha culminado con la constitución de la Unión Europea.

Se qué es una propuesta audaz y que promoverá la polémica y el debate. Pero estoy seguro de que sólo con esta política será posible cambiar el rumbo a la globalización en la región, vincular a los excluidos con los sectores progresistas del campo de los incluidos, y desarrollar una acción orientada a que la globalización en esta área del mundo se concrete como profundización de la democracia política, económica y social.

Para fundamentar esta idea paso ahora a desarrollar los temas que considero son centrales, y que son:

1.Los dos aspectos contradictorios de la mundialización

2.Comercio e integración en las Américas: opinión sobre el ALCA

3.La oposición socio-política a un ALCA neoliberal

4.La opción básica: sociedad de mercado o sociedad de trabajo

5.Para una perspectiva positiva sobre la relación entre democracia, comercio e integración en las Américas

1. Las dos caras de la mundialización

Estamos viviendo en la segunda gran mundialización de la economía, generada por una autorrevolución del capitalismo. La primera se inició y desarrolló durante la segunda mitad del siglo XIX, bajo la hegemonía de Inglaterra. Durante aquel período se conformó el capital financiero internacional, se desarrolló la segunda revolución industrial, se estableció el sistema de países coloniales y semi-coloniales y el comercio mundial abarcó a todo el planeta. Ahora la segunda gran mundialización de la economía se desarrolla a través de una tercera revolución tecnológica con base en la informática, que transforma a las empresas y aumenta la productividad del trabajo, el capital financiero se autonomiza del capital productivo, se consolida el control de los mercados por las empresas multinacionales y los países del ex Tercer Mundo se ven subsumidos en una mundialización regulada del comercio, que favorece la gran propiedad sobre "intangibles" ( flujos financieros, patentes y servicios en general).

Esta segunda mundialización de la economía ha sido definida como "globalización" y no solo abarca a la economía, sino también a la política y a los sistemas culturales; la política pierde terreno frente al mercado y los sistemas culturales nacionales son horadados por nuevos valores y modos de vida sintetizados en el concepto de "Aldea Global".

Esta segunda gran mundialización tiene sus bases históricas en la reorganización del sistema capitalista a partir del fin de la segunda guerra mundial. Pero solo ha cristalizado a mediados de la década de los ochenta a través de un proceso multifacético que incluye cuatro aspectos centrales:

·la "auto revolución" económica y tecnológica en los países del G-7; 

·la crisis y desaparición del llamado "socialismo real" en Europa, con la descomposición y extinción de la U.R.S.S. y los llamados países socialistas del Pacto de Varsovia; 

·el agotamiento del Movimiento de Países No Alineados (que culminó la fase de establecimiento de estados-nación en el Tercer Mundo), 

·la desarticulación del Estado de Bienestar en los países industrializados y en algunos países periféricos. 

·la Guerra Fría ha terminado. Estados Unidos es la única potencia mundial hegemónica, y combina su participación en bloques regionales con la autonomía suficiente para desarrollar iniciativas político-militares propias.

Esta segunda mundialización se desarrolla como un proceso complejo integrado por acontecimientos con significados múltiples y contradictorios. Impulsa procesos de interdependencias comerciales; de mercados de capitales y de innovaciones tecnológicas y productivas; redefine el rol de los estados nacionales, generaliza normas democráticas universales, de acuerdos institucionales supranacionales y de valores comunes entre pueblos y naciones. Desde esta óptica, la segunda mundialización de la economía es un motor del progreso histórico pues crea las condiciones para cambios favorables en el sistema de relaciones internacionales, económicas y políticas entre los estados. En particular, el mundo del trabajo, ha sufrido una profunda mutación a partir de las transformaciones productivas desatadas por la globalización, pero sigue siendo el núcleo articulador de todas las sociedades y desde su interior surgen demandas laborales que mantienen vivos a los sindicatos. 

La segunda mundialización de la economía, consecuentemente genera potenciales condiciones para la emergencia de nuevos avances a favor de la democracia, la libertad, la igualdad y la humanización del trabajo. Pero esas condiciones sólo se desarrollarán derrotando al neoliberalismo, dado que como hemos señalado, esta nueva etapa histórica incluye –como ocurrió durante la primera mundialización- un aspecto oscuro que puede desembocar en nuevas catástrofes económicas, políticas y sociales. La nueva mundialización es también el resultado de un largo y profundo conflicto ideológico, político y social. No es posible perder de vista que intereses de grandes grupos financieros en los países del G-7 y los sectores identificados con ellos en los países del Tercer Mundo, se fundamentan en la matriz común del conservadurismo neoliberal que está en contradicción con un proceso de integración auténtico.

En este contexto se ha desarrollado hegemónicamente el capital financiero concentrado, que está organizando el comercio mundial sobre los principios del llamado "libre mercado". El denominado "libre mercado" global, es en realidad, una versión actual de la antigua doctrina del librecambio, que está impulsando la incorporación al mercado mundial de nuevos segmentos de consumidores, a costa de la destrucción del tejido productivo en los países periféricos, generando el desempleo masivo y la pobreza. Este proceso, también se visualiza en los países del norte, en donde la concentración del capital articulada con la revolución tecnológica aumenta la productividad del trabajo pero genera desempleo y recortes a los derechos del estado social. El resultado es la ampliación y reaparición de diversas formas de explotación y exclusión social que está afectando a la mayor parte de la humanidad (aumento de los niveles de pobreza, marginalidad, desocupación y criminalidad, la epidemia de la drogadicción en la juventud, el comercio mundial de prostitución infantil, el colapso social del Africa, etc.), con su irreversible costo en vidas, destinos y oportunidades. Estos son los síntomas evidentes de la cara inhumana de la globalización que resulta inaceptable para las sociedades.

Lglobalización contiene potencialmente un conflicto social de carácter global. En este conflicto de carácter global, el neoliberalismo le otorga máxima importancia al control de la política, y para ello dedica una especial atención a la desorganización cultural de los grupos y sectores sociales que bloquean el desarrollo de la alta concentración del capital. Esta es la causa de la difusión de doctrinas e ideologías que promueven la competencia descarnada entre los propios trabajadores, postergan los mecanismos de cooperación, exaltan el valor del individualismo y desarrollan teorías que, como "la guerra entre civilizaciones" justifican variadas operaciones político-militares en áreas de los países del sur, destinadas a bloquear la emergencia de países estratégicos excluidos del poder mundial. Entonces, si bien la guerra fría ha terminado, nuevas guerras siguen asolando al mundo y la amenaza de la guerra nuclear no ha desaparecido.

Esistema-mundo que el neoliberalismo intenta construir es un mundo para un tercio de la humanidad y dos tercios de excluidos. Pero es posible ir hacia otro sistema-mundo, inclusivo y, por lo tanto, para toda la Humanidad, basado en el desarrollo económico, la democracia, la igualdad, el derecho de las naciones y de las nacionalidades a preservar sus autonomías y la inclusión a través del trabajo para todos.

Para concretar esta segunda opción de progreso en la globalización, se requiere una estrategia de alianzas socio-políticas global, tan inédita en la historia de la humanidad como la globalización misma, capaz de vincular a los miles de millones de excluidos del mundo con los sectores progresistas de los incluidos, especialmente los de los países centrales. Estas fuerzas sociales se encuadran en nuestra región ideológicamente en las tradiciones del socialismo, el social cristianismo popular, en los nacionalismos democráticos, el liberalismo popular y en las culturas de los movimientos sociales progresistas. La capacidad para construir espacios de vinculación entre las injusticias brutales que padecen la mayor parte de la Humanidad, y el cada vez mas veloz desarrollo socio-productivo y tecnológico, es la pieza clave para recivilizar el mundo.

2. Comercio e integración en las Américas: opinión sobre el ALCA

Este escenario mundial es un cambio de época. La década del 90 en las Américas se caracteriza por la apertura de un debate político crucial: la viabilidad del comercio regional. Se desarrollan instituciones de integración sub-regional. Ambos procesos –la ampliación del comercio y las inversiones y los sistemas de integración subregionales- responden a las tendencias objetivas generadas por la globalización en nuestro continente, según condiciones particulares.

Si se enfocan a estos nuevos procesos desde ideologías y valores de épocas superadas, difícilmente se podrá incidir sobre sus efectos y resultados. De lo que se trata es de actuar políticamente para que ambos procesos sean compatibles y se desemboque en una solución progresista para los pueblos de las Américas. En caso de que el neoconservadorismo resulte triunfante —como veremos seguidamente— el resultado será la persistencia de la pobreza, el desempleo y la precarización; el desconcierto y las divisiones en el progresismo; en otras palabras la conformación de un escenario político hegemonizado por fuerzas conservadoras.

En 1990, con la Iniciativa Bush para las Américas, se inicia un debate sobre la creación de un sistema único de libre comercio continental. En 1994, la Cumbre de Presidentes de Miami decide crear el Area de Libre Comercio para las Américas (ALCA). Posteriormente, en 1996, la Cumbre de Presidentes en Chile aprobó un calendario definitivo. En abril de este año los presidentes de los países del continente, reunidos en Quebec (Canadá) establecerán las medidas básicas para concretar el ALCA en el 2005. La propuesta de ALCA no generó oposiciones políticas significativas en los países de la región, dada la convergencia coyuntural en esos años entre las aspiraciones reales de las sociedades nacionales de apoyar la ampliación de intercambio de bienes y servicios, con la hegemonía ideológica del neoliberalismo y la desarticulación de los viejos modelos socio-políticos nacional-industrialistas y la crisis ideológica de los partidos populares.

Peroa partir de 1998, la cuestión ALCA se volvió un tema candente. Como es sabido, se pusieron en movimiento negociaciones para poner en funcionamiento el sistema a partir del año 2003. Como es conocido, el ALCA ha sido articulado sobre nueve grupos que trabajan sobre el contenido de las negociaciones, a saber:

·Acceso a los mercados

·Agricultura

·Inversiones

·Servicios

·Adquisiciones gubernamentales

·Derechos de propiedad

·Subsidios anti-dumping

·Políticas de competencia

·Resolución de disputas

Además se han creado tres comités especiales sobre a) economías pequeñas, b) representantes gubernamentales para la participación de la sociedad civil y c) sobre comercio electrónico.

Como se observa, se trata de un área de libre comercio. Pero, como he sostenido anteriormente, se requiere tener una visión más amplia de la integración, en la que el libre comercio debería ser un estadio dentro de una estrategia que apunte a resolver los desequilibrios y asimetrías entre los distintos países de la región. Estos se podrían agravar por el impacto de las medidas de liberalización. En realidad, el ALCA ha excluido hasta ahora temas que resultan centrales para armonizar el comercio y el flujo de inversiones con el desarrollo sostenido de los países de América Latina y el Caribe y una relación de equilibrio dinámico entre estos países y los Estados Unidos y Canadá. Estos temas centrales excluidos son:

·políticas públicas de inversión para rearticular los mercados sobre bases productivas;

·políticas públicas sectoriales para la reindustrialización integrada;

·políticas públicas para alcanzar la competitividad sistémica y equilibrio en la balanza de pagos;

·políticas de apertura con protección selectiva de sectores económicos estratégicos para las economías nacionales;

·políticas monetarias de convergencia interregionales;

·políticas de compatibilidades entre el comercio continental y la estabilidad de los sistemas de integración subregionales;

·políticas para la articulación y desarrollo de los sistemas de comunicaciones en la región;

·políticas comerciales para la negociación de la región en la Organización Mundial de Comercio (OMC);

·políticas públicas para es desarrollo sistémico de redes productivas, trabajo y empleo, con seguridad social universal;

·políticas para la aplicación, sin restricciones, de los convenios 87 y 98 de la OIT (Libertad Sindical y Negociación Colectiva) como base para adaptar la legislación laboral a la eficiencia de las empresas con humanización del trabajo y de Cartas Sociales.

Deboaquí destacar que el Presidente Bush afirmó en la reunión de Quebec, Canadá, celebrada en abril pasado, que se estudiará la posibilidad de incorporar ya al estudio la dimensión social en el ALCA. Esto será, seguramente, un progreso, y puede facilitar también una discusión más amplia y profunda sobre lo que debería ser una integración económico-social construida en el largo plazo.

Es evidente que el ALCA solo podría llegar a contar con consenso popular en la región en la medida que se materialice sobre propuestas económicas y sociales que contemplen el equilibrio continental y la promoción de las sociedades al sur del Río Grande. Ya no sería, entonces, una clásica zona de "libre comercio". Por eso, al plantear nuevos contenidos económicos y políticos institucionales para la configuración de un área de libre comercio y movilidad de capitales en realidad estamos diseñando una estrategia para construir, por etapas, una gran área de integración continental. Debería ser el objetivo de las fuerzas sociales y políticas pensar y ejecutar políticas para la edificación en este continente de una Comunidad Económica de las Américas. Esta meta da cuenta de las abismales asimetrías económicas sociales y culturales entre los países del norte con la mayoría de los países del Centro y Sur del continente, y por eso se debería pensar en la confluencia de procesos particulares (sistemas y acuerdos subregionales de integración y de políticas comerciales, procesos de incorporación de nuevos países al NAFTA y diversos acuerdos económicos multi y bilaterales, etc.) en una única matriz concebida como comunidad económico-política.

Se trata de una estrategia de largo plazo, pero que tendría el mérito desde el inicio de superar el planteo mecanicista que opone el libre comercio a la integración, al considerar los acuerdos de libre comercio y de integración “imperfectas” como escalones hacia la configuración de un mercado único. Esta estrategia debería ser monitoreada desde una institución supranacional compuesta por los gobiernos con el apoyo del sistema de Naciones Unidas. Debería ser edificada con una perspectiva social y labora, lo cual implica como condición incorporar al proceso a diversas instituciones de la sociedad civil, estableciéndose los mecanismos para consensuar una única dimensión social, laboral y medio-ambiental continental. En el fondo esta estrategia demostraría que la actual oposición al ALCA de signo librecambista y empresarial no es arbitraria, y tiene como contrapartida apostar por una auténtica integración económica y política continental.

Para construir un gran área de integración de las Américas se requiere que los gobiernos en la región reconozcan que la relación entre mercado y democracia no es automática y que, por el contrario, es un compromiso que debe ser renovado y protegido. Esto quiere decir que la estabilidad democrática actual solo será garantizada en el futuro si los mercados son regulados para garantizar el crecimiento económico con plena vigencia de los derechos humanos, sociales y laborales y la erradicación de la pobreza.

El ALCA se está conformando mediante una proceso de negociaciones que demuestran ser sumamente opacas, poco transparentes y hasta secretas. Este mecanismo escasamente democrático, pone de relieve, entre otras cosas, que la integración de las Américas se está llevando a cabo a partir de un control casi total de los Estados Unidos, con apoyo de algunos gobiernos latinoamericanos y del Caribe, y un perfil orientado exclusivamente al establecimiento de un área de libre comercio. Por otra parte, pone en evidencia la escasa incidencia de los actores políticos y sociales.

Las experiencias de los procesos de integración en América Latina ha permitido aprender que la falta de politización de los procesos de integración trae como consecuencia su estancamiento. Por ello se ha dirigido la atención a la necesidad de otorgar un rol más protagónico a los parlamentos nacionales, establecer nuevas instituciones supranacionales de dirección, incorporar a los diversos actores sociales, crear organismos supranacionales de resolución de controversias, etc.

Unaspecto no menor a tener en cuenta al momento de diseñar instituciones supranacionales que eviten el predominio de grupos ultra-burocráticos, es considerar que las organizaciones no gubernamentales poseen un gran potencial para enriquecer y fortalecer a la sociedad civil, en tanto y en cuanto ello no vaya en desmedro del rol de dirección de la política a través de los partidos.

En síntesis, al considerar el establecimiento de nuevas instituciones políticas supranacionales, resulta indispensable, recuperar la política como "gobierno del pueblo", concepto de bases sólidas de legitimidad y representatividad, con partidos políticos y sistemas de representación democrática, renovados y actualizados.

3.La oposición socio-política a un ALCA neoliberal

Deboser muy franco: la construcción del ALCA es necesaria. Pero difícilmente será aceptable un esquema de integración continental, sobre bases meramente mercantiles y financieras, vacía de su dimensión social, lo que puede generar una oposición socio-política con bases cada vez mas amplias en la población de las naciones americanas.

Este continente demostró durante los sucesos en EE.UU., de Seattle (1999), Washington (2000), en Porto Alegre Brasil (2001) y en Buenos Aires (2002), que la construcción de un espacio común económico en el continente debe incluir las expectativas y la participación de una variedad de organizaciones sociopolíticas, sindicatos, movimientos campesinos, movimientos feministas y de igualdad de géneros, organización de pueblos indígenas, movimientos ecológicos y de derechos humanos, etc.

En la capacidad para unir, organizar y expresar política y culturalmente a esta variedad de movimientos sociales en todos los países del continente, según las peculiaridades nacionales, descansa la posibilidad de redireccionar el proceso. Esta perspectiva de progreso debe ser lo suficientemente amplia para convocar y hacer converger a los pueblos de América Latina y el Caribe con los pueblos de los EE UU y Canadá en un solo torrente. Esto hará posible cambiar el rumbo a la globalización en la región y vincular a los excluidos con los sectores progresistas del campo de los incluidos.

Paraello las organizaciones de la sociedad civil y los partidos políticos debieran profundizar y establecer nuevos canales de vinculación entre sí, y conceder una especial prioridad al desarrollo de sus relaciones internacionales, con el fin de expandir un entramado socio-político, interconectado a nivel continental, y capaz de establecer una interacción permanente, fluída y convergente en sus objetivos. 

Estas bases son necesarias para que sea posible autonomizar y recuperar a la política frente a la concepción neoliberal que la considera subordinada a las necesidades de los grandes grupos financieros. La autonomía de la política es una necesidad, si se pretende seriamente evitar la definitiva instalación de una sociedad de mercado, en la cual estos no estén sometidos a ningún tipo de control.

4. La opción básica: sociedad de mercado o sociedad de trabajo

Debatir un esquema de integración para las Américas enfrenta a nuestras naciones con una opción previa y fundamental: ¿Qué tipo de sociedad se pretende para el Continente: sociedad de mercado o sociedad de trabajo?

La llamada "sociedad de mercado" es la antítesis de una sociedad basada en el trabajo. En efecto, en las últimas décadas se han producido importantes cambios en los mercados de trabajo en escala mundial y a nivel de nuestra región. El resultado ha sido la conformación de mercados de trabajo fragmentados que requieren políticas específicas según las demandas sociolaborales y empresariales:

·Primero, se esta conformando un segmento de trabajadores ocupados en las llamadas "empresas transformadas" por el impacto de las nuevas tecnologías en productos y procesos. Estas empresas son multinacionales, grandes grupos económicos locales, asociaciones, etc. Los procesos y la organización en esas empresas de trabajo superponen métodos de producción del Fordismo con métodos post Fordistas o Toyotistas. En estas empresas se desarrollan complejos procesos de calificación – descalificación de los trabajadores. Por lo tanto se requiere adoptar políticas laborales que permitan reconstruir la centralidad sindical combinando la capacitación polifuncional, el trabajo en equipos con la protección jurídico legal de los trabajadores con baja calificación. 

·Segundo, se está conformando un segmento de trabajadores y empresarios en Pymes marginados de la dinámica capitalista, localizados en empresas de baja productividad, alta precariedad laboral y baja sindicalización. 

·Tercero, el 50% del empleo urbano que se genera en América Latina corresponde al sector informal de la economía, en la que predominan micro emprendimientos familiares, pequeñas empresas artesanales, de producción y de servicios. 

·Cuarto, es el desempleo y el subempleo siguen siendo grandes flagelos, afectando a Jefes/Jefas de hogar en todas las edades y a jóvenes y mujeres que aspiran sin éxito a incorporarse a los mercados de trabajo. 

·En el tercero y cuarto nivel se concentra la pobreza extrema en el continente. Esa degrada la condición humana, estimula la búsqueda de soluciones ilusorias en las drogas y potencia la violencia de pobres contra pobres.

Los movimientos sindicales en la región están desarrollando políticas adecuadas para enfrentar los desafíos de los mercados de trabajo fragmentados y los diferenciales de productividad entre las empresas, para reconstruir la centralidad sindical en un plano superior, lo que actualmente se define como "sindicalismo socio-político".

En el campo empresario, también se registran actitudes favorables a aplicar políticas que permitan el fortalecimiento del capital productivo, expandan en red a las pequeñas y medianas empresas eficientes privadas y del sector social y cooperativo, y se desaloje del puesto de mando de la economía al capital financiero especulativo y a los empresarios ultrarentistas.

En una estrategia de desarrollo de sociedades basadas en el trabajo, es necesario asumir que el mercado y la empresa (en sus diferentes tipos: privadas, cooperativas, públicas, etc.) son instituciones con un enorme potencial favorable para un camino progresista.

Udiseño de integración continental so habrá que encarar tareas políticas y técnicas en todo el continente por la recuperación de los valores y políticas económicas que hagan posible construir sociedades basadas en el trabajo estable y el pleno empleo, a partir de lo que la OIT denomina "trabajo decente" y la Declaración de la OIT relativa a los Principios y Derechos Fundamentales en el Trabajo aprobada por esa organización en 1998. 

Construir sociedades basadas en el trabajo es condición para la cohesión social básica en que se apoyan las democracias estables.

5. Para una perspectiva positiva sobre democracia, comercio e integración en las Américas

De lo que se trata es de tomar partido por una opción positiva sobre la globalización. Se requiere —en la línea de ideas y propuestas del Foro Social Mundial de Sao Paulo— establecer una estrategia que sirva para favorecer la aplicación de políticas asentadas sobre el desarrollo integrado, la democracia y la inclusión social en cada país del continente.

Las propuestas políticas, económicas, laborales y culturales básicas han sido planteadas en general en este documento. Sólo consolidando la democracia en nuestros países y estableciendo un entramado progresista de alianzas entre estados y sectores, será posible modificar el curso y las prioridades actuales del proyecto de integración continental en curso.

Los países de América Latina y el Caribe han establecido diversos sistemas de integración sub regional. Estos sistemas son prioritarios y deben ser consolidados antes de conformar una gran área de comercio en el continente. Sin embargo, en el interior de estos escenarios de integración sub regional también se plantean opciones antagónicas entre, por un lado, intereses de empresas multinacionales y grupos económicos para apropiarse del excedente económico usando como herramientas a gobiernos nacionales dóciles, y por otro lado, las fuerzas sociales y políticas que aspiran a que los procesos de integración culminen con instalación de mercados únicos integrados y/o se detengan en los niveles de meros acuerdos comerciales

Los procesos de integración subregional deben ser dotados de instituciones socio-laborales y organismos de aplicación que incorporen los derechos laborales y sociales de los pueblos involucrados. En esta dirección, la meta socio laboral en los procesos de integración es incorporar las Cartas Sociales y aplicar diversos institutos normativos ya existentes (por ejemplo, la Declaración Sociolaboral en el Mercosur).

Los países del continente no necesitan comercio regulado unilateralmente; necesitan comercio equilibrado, inversiones para la expansión y modernización productiva y aumento de la capacidad de consumo popular. No debe aceptarse una dimensión continental puramente económica (comercio e inversiones). La globalización debe incluir políticas de desarrollo e innovaciones tecnológicas supranacionales; políticas de derechos humanos, sociales, laborales y culturales que garanticen la diversidad de intereses y demandas que surgen de las sociedades civiles. Es necesario promover la adopción de una Carta Social de Derechos Fundamentales de nivel continental.

Los países de América Latina y el Caribe no deben ser considerados como una pieza intercambiable en la competencia entre bloques, y, ser utilizados como zona de experimentación de modelos grotescos de desrregulación, privatizaciones y flexibilización de las relaciones laborales. Los países de América Latina y el Caribe necesitan contar con una estrategia común progresista para negociar desde sus intereses estatal-nacionales en el interior del sistema-mundo que se va organizando a través de bloques económicos y políticos. 

Para favorecer un proceso positivo de participación de la región en la globalización son necesarias transformaciones políticas profundas en las instituciones supranacionales, en especial la OEA, el Banco Mundial, el BID y el FMI. Las prioridades deben incluir medidas favorables a la reestructuración de la deuda externa, el impuesto Tobin a las transacciones financieras, establecimiento de Fondos de Inversión para el desarrollo integrado de los países, la Carta Social continental, y la consulta permanente a las instituciones de la sociedad civil. Se debe potenciar la participación política incorporando a las representaciones de los parlamentos nacionales en todas las instituciones políticas promotoras del comercio continental y procesos de integración.

Econtinente americano se extiende desde Tierra del Fuego hasta Alaska. Aspiramos a que la globalización en esta área del mundo se concrete como profundización de la democracia política, económica y social. No hay nada sencillo ni lineal en la consecución de esa meta, pero alcanzarla debe ser la base de la agenda continental.

Para finalizar: considero sumamente importante la creación de un grupo en el que participen representantes de los partidos políticos, organizaciones sindicales y empresarias, especialistas en el tema y autoridades gubernamentales en este país. Este grupo podrá jugar un importante papel para que el debate sobre el ALCA se desarrolle por caminos racionales e inteligentes. En este país, este camino de búsqueda de consensos es sumamente importante, teniendo en cuenta que somos parte de un proceso de integración llamado Mercosur, y que en ese proceso tenemos sumo interés en preservar y fortalecer nuestras relaciones con Brasil. El ALCA no puede ser, por lo tanto, contradictorio con el Mercosur, idea que ya he adelantado al decir que necesitamos tener una política flexible para las diferentes modalidades de integración y de comercio dentro de una perspectiva global de largo plazo de integración de todas las Américas.


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