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Conferencia Internacional del Trabajo

87.a reunión

Memoria del Director General:

Trabajo decente

Prólogo

La presente Memoria propone una finalidad primordial para la OIT en estos momentos de transición mundial, a saber, la disponibilidad de un trabajo decente para los hombres y las mujeres del mundo entero. Es la necesidad más difundida, que comparten los individuos, las familias y las comunidades en todo tipo de sociedad y nivel de desarrollo. El trabajo decente es una reivindicación mundial con la que están confrontados los dirigentes políticos y de empresa de todo el mundo. Nuestro futuro común depende en gran parte de cómo hagamos frente a ese desafío.

La Memoria apunta a centrar las energías de la OIT en este problema capital de nuestro tiempo. Aspira a crear una finalidad común en las tres categorías de mandantes: los gobiernos, los trabajadores y los empleadores, con lo que se transmitirá un mensaje claro y preciso sobre la Organización a la opinión pública en general.

Es también la segunda fase del proceso de reforma y de modernización de la OIT. La primera empezó el pasado mes de marzo con una propuesta presupuestaria para entrar en el nuevo siglo pasando de 39 programas principales a cuatro objetivos estratégicos, a saber: los principios y derechos fundamentales en el trabajo, el empleo, la protección social y el diálogo social.

Esta Memoria complementa las Propuestas de Programa y Presupuesto para 2000-2001 de tres modos. En primer lugar, ensambla los cuatro objetivos estratégicos para unificar el mensaje sobre lo que se propone hacer la OIT. En segundo lugar, plasma esa concepción en la realidad de las prioridades programáticas y en los medios correspondientes. En tercer lugar, presenta las actividades de la OIT con arreglo a la perspectiva de las diferentes regiones del mundo, manifestando con ello la diversidad, por lo que atañe a las instituciones y el desarrollo, de quienes actúan en un mundo del trabajo cada vez más común en sus distintas formas.

Se ha enriquecido esta Memoria gracias a la colaboración y los puntos de vista de muchos: mandantes, personal de la Organización, especialistas. Va dirigida a todos los que se interesan por el futuro de la OIT, comparten sus ideales o tienen el honor de servirla.

Indice

Prólogo

1. La finalidad primordial

El ajuste mundial

La respuesta política

La Declaración de la OIT relativa a los principios y derechos fundamentales en el trabajo y su seguimiento

La nueva acción normativa preferente

La política de desarrollo

La política de género

Promoción de las empresas

2. Prioridades del Programa

Los derechos humanos y el trabajo

Promoción de la Declaración de la OIT relativa a los principios y derechos fundamentales en el trabajo y su seguimiento

Eliminación progresiva del trabajo infantil

Nuevas actividades en materia de normas del trabajo

Empleo e ingresos

El marco político

Fortalecimiento de la protección social y de la seguridad social

Asimilación del cambio social

Ampliación de la protección social

Una mejor administración de la protección social

Vinculación de las políticas de mercado de trabajo y de empleo con las políticas de protección social

Cuestiones fundamentales de protección social

Sistemas dinámicos de protección social

Una mejor protección en el lugar de trabajo

El problema de las migraciones en el mundo

Fortalecimiento del diálogo social

El auge de la sociedad civil

Estrategias de las organizaciones de empleadores

La estrategia de las organizaciones de trabajadores

La estrategia de los gobiernos

Apoyo de la OIT a un diálogo social equilibrado

Dimensión regional del diálogo social

3. Perspectivas regionales

Las respuestas a las realidades regionales

Africa

América

Estados árabes

Asia y el Pacífico

Europa y Asia central

Un nuevo modo de concebir la cooperación técnica

El nuevo marco

Impacto y centro de la acción

Unos servicios de calidad

Unos sistemas de apoyo eficaces

Movilización de recursos

Establecimiento de asociaciones

4. Medios institucionales

Repercusión de los objetivos estratégicos en la administración

Un presupuesto estratégico

Observación y evaluación

Política de personal

La OIT y el saber

Política de investigación

Mejoramiento del análisis económico

Consolidación de la capacidad en materia de estadísticas y de disponibilidad de datos

Una respuesta rápida

Política de información

Política de comunicaciones exteriores

Política de publicaciones

Establecimiento de asociaciones en el plano internacional

El Instituto Internacional de Estudios Laborales

El Centro Internacional de Formación de Turín

1. La finalidad primordial

El mundo y la OIT están viviendo momentos de gran turbulencia, si bien a nadie se le oculta que éstos brindan al mismo tiempo grandes oportunidades.

El marco social

La OIT se fundó en 1919, en un mundo devastado por la guerra, amenazado por la revolución y asolado por la pobreza y la miseria de los trabajadores. Su finalidad era establecer una estructura social en pro de la paz y de la estabilidad, en la cual el quehacer económico pudiera engendrar la prosperidad a la par que la justicia social tanto por lo que respecta a las condiciones de vida de los trabajadores como al mundo del trabajo. Desde el primer momento se intentó asentar esa estructura combinando la acción normativa, la creación de instituciones y la formulación de una política pública. A lo largo de múltiples luchas sociales y políticas, el mensaje de la OIT se ha incorporado, en varios sentidos, en el derecho y en la práctica de las que se califican hoy de sociedades desarrolladas. El paso del tiempo ha demostrado la importancia que todos atribuyen a los valores que propugna la OIT.

La economía mundial

Ahora bien, desde hace veinte años están cambiando los fundamentos tradicionales de las actividades de la OIT, al compás de la transformación de las circunstancias económicas y sociales generada por la nueva economía mundial.

La política de liberalización económica ha trastocado las relaciones entre el Estado, el mundo del trabajo y el ámbito empresarial. En los logros económicos influyen hoy más las fuerzas del mercado que la mediación por conducto de actores sociales, normas legales o intervenciones del Estado. Los mercados internacionales de capital se han desconectado de los mercados de trabajo nacionales, acarreando beneficios y riesgos asimétricos para el capital y para el trabajo. Se tiene la impresión de que la economía «real» ha perdido contacto con los sistemas financieros, y viceversa.

La evolución de las pautas de empleo, de los mercados de trabajo y de las relaciones laborales han tenido un profundo impacto en los mandantes de la OIT, en particular en los sindicatos y en las organizaciones de empleadores.

La mundialización ha traído consigo prosperidad y desigualdades, que están sometiendo a dura prueba el imperativo de una responsabilidad social colectiva.

Para la OIT, cuyo campo de actuación se sitúa en la intersección de la sociedad, la economía y las vidas de los seres humanos, tales cambios han revestido proporciones de cataclismo, pero están sentando también las bases para su misión futura. Las mismas fuerzas que transformaron el antiguo orden están engendrando nuevas exigencias y nuevas oportunidades de acción social.

Una nueva conciencia social

La evolución de los sistemas tecnológicos y de producción ha transformado la conciencia social y suscitado un nuevo modo de entender la identidad personal y los derechos humanos. Debido a las mayores posibilidades de elección de los consumidores y de acceso al saber, y a nuevos medios de comunicación, los individuos y las instituciones sociales no son ya meramente sujetos sino también actores en potencia de la mundialización. Las preferencias sociales influyen en el funcionamiento del mercado y repercuten en el prestigio de las empresas, para cuyo éxito es cada vez más indispensable tener buena reputación.

Un nuevo quehacer político: la inseguridad y el desempleo

El cambio no es únicamente económico y social. En el orden político, muchos países constatan hoy que están sometidos a la vez al ojo crítico de los mercados y de la opinión pública, sin el beneficio de la duda y las subvenciones financieras que caracterizaron la Guerra Fría.

Por otra parte, los problemas de inseguridad de los seres humanos y de desempleo han vuelto a ser uno de los elementos capitales del quehacer político en la mayoría de los países. La dimensión social de la mundialización y los problemas y exigencias que impone al mundo del trabajo tienen hoy una proyección pública. Se percibe con creciente claridad que los mercados no operan independientemente de su entorno social y político. Se estima cada vez más que la protección social y el diálogo social, por ejemplo, son elementos inesquivables del propio ajuste. La experiencia de las economías en transición, la creciente polarización social, la exclusión de Africa y la crisis reciente de los mercados incipientes han puesto de manifiesto la necesidad de contar con un sólido marco social para apuntalar la nueva arquitectura financiera.

Por una humanización de la economía mundial

Desde múltiples y muy diversas perspectivas se insiste en la urgencia de dar una dimensión humana a la economía mundial. El papa Juan Pablo II ha hecho hincapié en «la necesidad de determinar quiénes deben garantizar el bien público mundial y el ejercicio de los derechos económicos y sociales. El libre mercado no puede hacer esto por sí solo, porque son muchas las necesidades humanas que no tienen cabida en él». Es particularmente notable que el propio estamento empresarial exprese hoy esa misma preocupación. Klaus Schwab, organizador del Foro Económico Mundial de Davos, ha advertido que «las fuerzas de los mercados financieros parecen haber enloquecido, humillando a los gobiernos, reduciendo el poder de los sindicatos y de otros agentes de la sociedad civil y creando una sensación de vulnerabilidad extrema para unos individuos que se enfrentan con unas fuerzas y decisiones que los desbordan».

Así las cosas, la OIT ocupa ciertamente una posición privilegiada. Las empresas, los trabajadores y los gobiernos se sientan a su mesa. Sus instrumentos son el diálogo social y las normas relativas a la promoción de los principios y derechos fundamentales en el trabajo, el empleo y la seguridad de las personas.

Utilidad renovada de la OIT

Todo ello confiere una nueva trascendencia a los medios que ofrece la OIT a la comunidad internacional, al ser el punto de referencia mundial en materia de conocimientos relativos al empleo y los asuntos laborales, así como el centro de la acción normativa en el mundo del trabajo, una plataforma para el debate y la negociación sobre la política social y un proveedor de servicios de movilización, información y adopción de medidas políticas.

En las circunstancias actuales, la OIT tiene que mostrar una vez más su capacidad histórica de adaptación, renovación y cambio.

Una oportunidad semejante no durará eternamente. Para poder aprovecharla, la OIT tiene que despejar dos problemas persistentes.

Con miras a la fijación de prioridades

El primero es la tendencia institucional a engendrar una gama creciente de programas sin un orden de prioridad claramente fijado que organice y ensamble sus actividades, lo cual ha diluido el impacto de la OIT, difuminado su imagen, recortado su eficacia y desconcertado a su personal. En cierta medida, el problema se debe a la riqueza excepcional del propio mandato de la OIT, que, como se dice elocuentemente en la Declaración de Filadelfia, consiste en crear las «condiciones de libertad y dignidad, de seguridad económica y en igualdad de oportunidades», con arreglo a las cuales «todos los seres humanos, sin distinción de raza, credo o sexo, tienen derecho a perseguir su bienestar material y su desarrollo espiritual». Para plasmar en la realidad semejante misión hace falta toda una serie de programas sobre diferentes asuntos, que van de la promoción de los derechos en el trabajo al desarrollo institucional. Es preciso que el ámbito de actuación de la OIT no se limite al lugar de trabajo - o al espacio de trabajo - sino que abarque la economía en su conjunto. No hay más remedio que amoldarse a las nuevas exigencias con un presupuesto congelado, lo cual desemboca en unas actividades forzosamente modestas y a menudo fragmentadas. Esto implica que la OIT recentre periódicamente su programa, para adaptarlo a las necesidades de cada momento, y movilice a socios externos, con objeto de disponer de la competencia técnica y los recursos que se requieren. Por todo ello, el quehacer de la OIT debe regirse por el criterio de la adecuación, la excelencia y la eficacia.

Con miras a la promoción de un sentido de finalidad común

En segundo lugar, la disolución de la Guerra Fría desbarató la solidaridad entre los mandantes, menoscabada además por las repercusiones que tiene la mundialización para todos los interlocutores sociales. El declive de las ideologías y de la lucha de clases, la multiplicación de las interacciones sociales fuera del lugar de trabajo y la tendencia a efectuar la negociación en el plano de la empresa han debilitado el consenso entre los miembros tripartitos de la OIT. Por lo mismo, aunque sus mandantes se interesan vivamente por ciertos programas, no hay muchos que susciten un apoyo activo y la movilización general de las tres categorías de mandantes. Ahora bien, sin el consenso interno la OIT no puede tener influencia en la esfera externa.

Los dos problemas están ligados, por supuesto. Cuanto más clara sea la percepción de una finalidad común y el interés compartido por lo que propugna la OIT, tanto más sólidos y diversos serán los puntos de confluencia.

Así pues, la definición clara de esa finalidad ha de ser el primer paso.

* * *

La finalidad

La misión de la OIT es mejorar la situación de los seres humanos en el mundo del trabajo. Hoy en día, esa misión concuerda con el afán general, en una coyuntura de grandes cambios, de encontrar oportunidades de trabajo decente.

Un trabajo decente para los ciudadanos de todos los países

Actualmente, la finalidad primordial de la OIT es promover oportunidades para que los hombres y las mujeres puedan conseguir un trabajo decente y productivo en condiciones de libertad, equidad, seguridad y dignidad humana.

Tal es la finalidad principal de la Organización hoy en día. El trabajo decente es el punto de convergencia de sus cuatro objetivos estratégicos: la promoción de los derechos fundamentales en el trabajo; el empleo; la protección social y el díalogo social. Esto debe orientar las decisiones de la Organización y definir su cometido internacional en los próximos años.

Las repercusiones políticas

Semejante finalidad tiene varias consecuencias normativas importantes, inherentes todas ellas al mandato de la Organización y que es preciso hoy explicitar y mantener.

Interés por todos los trabajadores

La OIT se interesa por todos los trabajadores. Debido a sus orígenes, la OIT ha centrado esencialmente su atención en las necesidades de los trabajadores asalariados - la mayoría de ellos de sexo masculino - en empresas del sector estructurado, pero no se agota con ello su mandato, ni tampoco el mundo del trabajo. Casi todas las personas trabajan, pero no todos tienen un puesto de trabajo. Abundan, además, en el mundo las personas que trabajan demasiado y las que están desempleadas. La OIT debe interesarse por quienes trabajan al margen del mercado de trabajo estructurado: asalariados no reglamentados, trabajadores por cuenta propia, trabajadores a domicilio. La participación del sector no estructurado en el volumen total del empleo ha llegado a casi el 60 por ciento en América Latina. En Africa, a la economía no estructurada le ha correspondido más del 90 por ciento de los nuevos puestos de trabajo urbanos en los diez años últimos.

Promoción de los derechos en el trabajo

Todos los que trabajan tienen derechos en el trabajo. La Constitución de la OIT aboga por el mejoramiento de las «condiciones de trabajo», organizadas o no y se trabaje donde se trabaje, ya sea en la economía estructurada o bien en la no estructurada, en casa o en asociaciones locales o de carácter voluntario.

Promoción de oportunidades laborales

La promoción del empleo es un objetivo central. La defensa de los derechos en el trabajo presupone forzosamente la obligación de promover las posibilidades del trabajo propiamente dicho. La función normativa de la OIT trae consigo su misión de fomentar las dotes individuales y de ampliar las oportunidades de encontrar un trabajo productivo y de ganarse la vida decorosamente. La OIT se esfuerza por ensanchar el mundo del trabajo, y no solamente por delimitarlo. Se interesa, pues, por los desempleados, y por una política encaminada a acabar con el desempleo y el subempleo tanto como por la promoción de los derechos en el trabajo. La consecución de este objetivo es indispensable y exige el establecimiento de condiciones propicias para el desarrollo de las empresas.

Un trabajo decente asegurado

La OIT milita por un trabajo decente. No se trata simplemente de crear puestos de trabajo, sino que han de ser de una calidad aceptable. No cabe disociar la cantidad del empleo de su calidad. Todas las sociedades tienen su propia idea de lo que es un trabajo decente, pero la calidad del empleo puede querer decir muchas cosas. Puede referirse a formas de trabajo diferentes, y también a muy diversas condiciones de trabajo, así como a conceptos de valor y satisfacción. Hoy en día, es indispensable crear unos sistemas económicos y sociales que garanticen el empleo y la seguridad, a la vez que son capaces de adaptarse a unas circunstancias en rápida evolución, en un mercado mundial muy competitivo.

Protección contra las situaciones de vulnerabilidad en el trabajo

Protección contra la vulnerabilidad y los sucesos imprevistos. Porque desea que las condiciones de trabajo sean humanas, la OIT tiene que interesarse por la vulnerabilidad y los imprevistos que retiran a la gente del trabajo, independientemente de que se deban al desempleo, a la pérdida de los medios de subsistencia, a la enfermedad o a la vejez.

El diálogo social, medio para conseguir un fin

Fomento del diálogo social. Para el diálogo social se requiere la participación y la libertad de asociación, de ahí que sea un fin en sí mismo en las sociedades democráticas. Resulta igualmente fecundo con fines de resolución de conflictos, de justicia social y de aplicación real de la política. Es el medio gracias al cual se defienden los derechos y se promueve el empleo y un trabajo seguro, así como una fuente de estabilidad en todos los niveles, desde la empresa hasta la sociedad en general.

Cuatro objetivos estratégicos en pro de un trabajo decente

Por consiguiente, la finalidad del trabajo decente debe descollar en cada uno de los objetivos estratégicos de la OIT, a la vez que se procura plasmarla de un modo equilibrado y armonioso en todos ellos. Es éste un problema que tienen pendiente todos los mandantes de la OIT. Los gobiernos, los empleadores y los trabajadores deben compaginar eficazmente esos diferentes intereses, para colmar el anhelo de un trabajo decente que expresan los individuos, las familias y los diferentes sectores de la población en todos los países.

Antes de examinar las consecuencias prácticas de semejante finalidad, es necesario repasar el contexto global en el cual encajarán en el futuro todas las actividades de la OIT.

El ajuste mundial

El contexto general

Estamos viviendo un largo período de adaptación a una economía mundial naciente. La crisis reciente en los mercados incipientes es el último de una serie de ajustes que empezaron a raíz de las bruscas subidas del precio del petróleo y continuaron con las crisis de la deuda en Africa y en América Latina en los decenios de 1970 y 1980 y la crisis europea de la transición en el de 1990, por no hablar de la presente situación particular del Japón y de los países de la Unión Europea.

Mundialización y ajuste

En los diez próximos años, el asunto capital será la adaptación de las economías y de las instituciones nacionales al cambio mundial, así como la de éste a las necesidades humanas. La índole del problema y su solución variarán según las regiones, pero ninguna de ellas y ningún país saldrán indemnes. La mundialización ha hecho del «ajuste» un fenómeno universal, para los países ricos y los pobres por igual. Está cambiando la pauta misma del desarrollo y sus derroteros a largo plazo y reconfigurando los modelos de distribución de los ingresos de manera desigual. Si no se frena la tendencia actual, el mayor peligro que se nos plantea es la inestabilidad provocada por las desigualdades crecientes.

La OIT habrá de ocuparse de tales crisis periódicas de ajuste y desarrollo en los diez años próximos, por lo que debe organizarse con tal fin.

La respuesta política

La OIT tiene que discurrir una respuesta política basada en su competencia y sus ideales propios y que se adapte a la diversidad de las necesidades regionales. Ha de ser capaz de llevar a cabo unos programas multidisciplinarios que combinen e integren la experiencia derivada de cada uno de los cuatro campos estratégicos de acción de la OIT. Debe intervenir en el debate internacional sobre los futuros sistemas de gobernación con fines de estabilidad económica y de desarrollo justo. Todo ello exige una nueva capacidad en lo tocante a la organización y al saber, como se detalla en los capítulos 3 y 4.

Las pautas corrientes

La respuesta política clásica la formularon las instituciones de Bretton Woods en el decenio de 1980, a raíz de la crisis de la deuda, y la aplicaron más tarde las economías en transición. Se basaba en dos supuestos esenciales, a saber: los mercados son capaces por sí solos de promover el crecimiento, y son casi suficientes para asegurar la estabilidad social y la democracia política. Fundamentalmente, la estrategia para el éxito estribaba en transferir al mercado las funciones del Estado en materia de regulación. Para ello hacía falta una combinación de decisiones en materia de privatización, de liberalización de los mercados de capital y de trabajo y de estabilización financiera. Procedía recurrir principalmente a la política macroeconómica para domeñar la inflación, en vez de estimular el crecimiento. El empleo era un mero adminículo de tales políticas. El cometido de los mercados de trabajo se limitaba a garantizar una adaptación flexible a la evolución del nivel de la demanda. La gobernación mundial consistía en la aplicación de esas normas por las organizaciones internacionales responsables del ajuste y de la estabilización financiera, de la liberalización del comercio y del desarrollo económico.

Esos principios ejercieron una gran influencia porque eran muy simples y universales. Impusieron la disciplina macroeconómica necesaria y una nueva mentalidad competitiva y creadora a la economía. Desbrozaron el camino para la utilización de nuevas tecnologías y de nuevos métodos de gestión, pero confundieron los medios técnicos de acción - por ejemplo, la privatización y la liberalización - con los fines sociales y económicos del desarrollo. Se volvieron muy rígidos y no tuvieron suficientemente en cuenta el contexto social y político de los mercados. Sus repercusiones en la vida de los individuos y de las familias fueron en algunos casos desastrosas. Las dudas crecientes a propósito de la eficacia de tales prescripciones después de diez años de ensayarlas en las economías en transición culminaron con la crisis reciente en los mercados incipientes. La crisis fue un punto de inflexión en la opinión pública. El resultado ha sido a la vez una mayor incertidumbre y una aceptación más general de una gama más extensa de pareceres, entre ellos los de los países en desarrollo y los de la sociedad civil.

El nuevo debate

Las soluciones no son en modo alguno claras. Se ha abogado por una nueva «arquitectura financiera mundial» y se han propuesto muy diversas medidas. En el plano internacional, entrañan la transformación del funcionamiento de las organizaciones financieras internacionales, una mejor coordinación, al servicio del crecimiento, de las políticas económicas nacionales, unos sistemas de detección temprana de problemas inminentes y diferentes medidas relacionadas con el tipo de cambio o encaminadas a reglamentar los movimientos de capital especulativos. En el plano nacional, las soluciones propuestas van desde una mejor supervisión y reglamentación financiera hasta unos sistemas de legislación y responsabilidad y una gestión más rigurosa de las empresas. La mayoría de estos temas rebasan el ámbito de competencia de la OIT. Lo que la Organización puede hacer es postular la importancia del empleo y de los derechos en el ámbito del trabajo, cualquiera que sea en definitiva la arquitectura financiera establecida, y facilitar la presencia y la intervención de sus mandantes en el debate en curso. Sin el sustento de una sólida base social, la economía mundial carecerá de estabilidad y de credibilidad.

La aportación de la OIT

Ha empezado igualmente un debate paralelo sobre la necesidad de un marco social para las políticas de estabilización, ajuste y desarrollo como parte de las medidas encaminadas a reforzar el sistema financiero mundial. La OIT tiene que aportar obviamente su contribución a ese debate y hacer propuestas para hacer frente a las consecuencias a corto y largo plazo de la inestabilidad financiera y económica.

La OIT debe promover, y demostrar, la importancia de una política de empleo y de unas instituciones que faciliten la protección social y el diálogo social, no solamente con fines de justicia social sino también con miras a una política de ajuste eficaz al desarrollo económico a largo plazo. La crisis asiática puso clarísimamente de manifiesto la necesidad de unas instituciones y sistemas de protección social y de diálogo social. Con harta frecuencia se descuidaron tales instituciones en una época de crecimiento rápido, y su debilidad a raíz de la crisis impidió el ajuste y la reestructuración de las empresas.

La OIT debe pronunciarse sobre la concepción de una política macroeconómica a plazo mediano. En particular, ha de ser capaz de asesorar sobre la utilidad relativa de los instrumentos fiscales y de los monetarios, en lo que se refiere a sus repercusiones respectivas en la política social y de empleo. Debería centrarse en la complementariedad entre la política macroeconómica y la laboral como modo de promover el empleo.

En suma, la OIT tiene que idear y aplicar una serie de políticas que versen sobre el empleo, la protección social y el desarrollo institucional y que sean las más adecuadas en las diferentes situaciones regionales. Estas ideas se glosan en los capítulos 3 y 4 de la presente Memoria.

Las políticas deben sustentarse con un marco normativo global, que sea aceptado universalmente y aplicado en el plano nacional mediante el desarrollo, los sistemas legislativos y las estructuras institucionales.

Las disposiciones constitucionales

Las disposiciones constitucionales de la OIT han garantizado el respeto de sus prescripciones normativas y han permitido a la Organización conservar su legitimidad política y su universalidad a lo largo de los conflictos del siglo XX. Se basan en el principio de unas obligaciones voluntarias que, una vez aceptadas, están sometidas a una supervisión sistemática y a un debate franco. Ejercen sus efectos por conducto de la opinión pública y la creación de instituciones, y no recurriendo a medidas coercitivas o punitivas. Se rigen por el consenso internacional y el diálogo nacional, lo cual es indispensable para amortiguar las tensiones sociales de la transición mundial.

La OIT debe actuar en consonancia con sus propias disposiciones constitucionales e insistir en su mandato normativo en la comunidad internacional. Como lo destacó hace mucho tiempo Albert Thomas, primer Director General de la OIT, en un discurso que pronunció ante la Conferencia Internacional del Trabajo: «La única prueba fehaciente del resultado de nuestros esfuerzos - y la seguridad de que se ajustan a la voluntad común y a las esperanzas que compartimos todos - es que la

Oficina Internacional del Trabajo se ciña escrupulosamente a su Constitución y destaque constantemente la letra y el espíritu de sus cláusulas».

Para que la OIT pueda orientar a la comunidad internacional del futuro, es preciso que sea eficaz y creíble.

La mejor garantía de su actuación es la eficacia de las actividades normativas de la OIT y la integridad de su dispositivo de supervisión y control. El punto de partida tiene que ser el consenso de todos sus mandantes - gobiernos, empleadores y trabajadores -, en el sentido de que estén de acuerdo en que no debería hacerse nada que ponga en peligro sus principios o debilite su funcionamiento. Es indispensable modernizar su modo de actuar, para que su trabajo resulte de mayor utilidad para todos sus mandantes, más práctico en sus resultados y mejor conocido por la opinión pública. El realce de la eficacia e idoneidad del sistema normativo de la OIT debe ser una prioridad política. Se hacen propuestas detalladas a este respecto en el capítulo 2.

La Declaración de la OIT relativa a los principios

y derechos fundamentales en el trabajo

y su seguimiento

La Declaración fue adoptada como instrumento de carácter promocional, y debe aplicarse como tal. Para que sea eficaz y universal, y conserve su legitimidad, no puede entrañar condición alguna. Habida cuenta de esto, la Declaración debe convertirse en un objetivo común del sistema multilateral en su conjunto. Ahora bien, para que sea creíble, es necesario, además, contar con un sistema de seguimiento eficaz y rápido.

La Declaración de la OIT

Las medidas encaminadas a garantizar el respeto de los derechos fundamentales en el trabajo deben ir acompañadas de otras destinadas a fomentar su ejercicio en la práctica económica y social. La Declaración puede aportar mucho a este respecto. Al pedir a la OIT que ayude, a aquéllos de sus Miembros que lo soliciten, no ya simplemente a promover sino también a aplicar esos principios fundamentales, la Declaración proporciona a la Organización un marco para el desarrollo más claro que el anterior.

El temario del desarrollo

Como el compromiso de acatar los principios fundamentales es independiente de la ratificación de los convenios correspondientes, la Declaración permite explotar plenamente el potencial de la cooperación técnica en el seno de la OIT. Procede considerarla, pues, como un instrumento de promoción que plasma los ideales de la Organización en unos programas de desarrollo integrado. El respeto de esos derechos es fundamental, y no requiere otra justificación, pero, a su vez, facilitará el desarrollo. Por ejemplo, la garantía de los derechos en el trabajo permite a los trabajadores reivindicar una parte justa de la riqueza que han contribuido a crear y les faculta para buscar un trabajo más abundante y mejor. Así pues, la garantía de esos derechos lo es también de que el crecimiento económico se plasme siempre en empleos y justicia social, en todas las fases del desarrollo.

La cooperación técnica

Por consiguiente, la Declaración debería reforzar y respaldar todas las actividades de cooperación técnica de la OIT, que han de responder forzosamente a toda una serie de necesidades de los mandantes en el plano nacional y regirse por los cuatro objetivos estratégicos de la Organización, los cuales están interconectados, por lo que el ejercicio de los derechos fundamentales en el trabajo facilitará los progresos que se consigan en relación con los demás objetivos estratégicos, que facilitarán a su vez dicho ejercicio.

El seguimiento de la Declaración abre también el camino para un debate político más profundo en la propia OIT sobre el desarrollo y los derechos en el trabajo, y puede contribuir a que se aprecien mejor los problemas y perspectivas de los diferentes países y regiones y sugerir mejores modos de abordarlos. La eficacia del seguimiento contribuirá decisivamente a reducir las tensiones políticas derivadas del ajuste mundial. Su transparencia, lo que aporte a las actividades de cooperación técnica, la importancia que dé a la promoción y al desarrollo, la incorporación de una perspectiva de igualdad entre los sexos y un mayor interés de la población por el progreso social y un desarrollo duradero son los elementos fundamentales para que todos aprecien plenamente el planteamiento de la OIT en lo tocante a la reforma social en un mundo interdependiente.

La nueva acción normativa preferente

El desarrollo, el género y las perspectivas de las empresas

Si el contexto de las actividades de la OIT en el futuro va a venir determinado por el imperativo del ajuste en un mundo interdependiente, procede hacer hincapié en tres campos globales de actuación: el realce de todo lo relacionado con el desarrollo y con la igualdad entre los sexos en todas las actividades de la OIT, y la atención sobresaliente que la OIT dedique a las empresas. Cada uno de ellos tendrá una importancia capital para la idoneidad futura de la Organización.

La política de desarrollo

Integración del desarrollo social y del económico

La OIT ha afirmado siempre que el desarrollo económico y el social son las dos caras de un mismo quehacer, y que ambas se apoyan y refuerzan mutuamente, como lo ponen de manifiesto los cuatro objetivos estratégicos de la Organización. Los principios y derechos en el trabajo proporcionan las reglas básicas y el marco para el desarrollo. El empleo y los ingresos son el modo de traducir la producción en una demanda real y un nivel de vida decoroso. La protección social garantiza la seguridad de los seres humanos y la inserción cívica, y facilita la reforma social. El diálogo social conecta la producción con la distribución y garantiza la equidad y la participación en el desarrollo.

La Conferencia de Copenhague reafirmó esta visión integrada del desarrollo en el más alto nivel internacional. Ha llegado el momento de que la OIT adelante ese mandato.

Los medios de investigación

Se han hecho ya muchas propuestas para centrar la política de desarrollo en la OIT, a propósito del seguimiento de la Declaración y de la reacción política de la OIT ante el desafío del ajuste mundial. Pero queda todavía mucho por hacer. La OIT debe corroborar el hincapié que hace en el desarrollo económico y en el social con datos empíricos y una justificación teórica. Para ello hace falta una política de investigación de la OIT, así como la disponibilidad en la Oficina de medios más sólidos para efectuar análisis económicos y financieros, como se detalla en el capítulo 4.

El grave problema de los trabajadores empobrecidos

Para realzar la importancia de los temas de desarrollo en la OIT es preciso centrar la atención en los problemas de los trabajadores empobrecidos. Consta desde hace tiempo que el crecimiento económico no basta para absorber la mano de obra sobrante en la economía estructurada. Antes por el contrario, las tasas de crecimiento desiguales y el nuevo modo de organizar la producción han desestructurado en muy gran medida la economía. Los problemas más graves corresponden a los que trabajan en el sector no estructurado, que es donde se respetan menos sus derechos, están subempleados y mal remunerados, carecen de protección social, y para quienes tiene apenas sentido la participación y el diálogo social. Hora es ya de formular una política coherente de la OIT para con esos trabajadores, concretamente en relación con la creación de empleos, la protección social y la organización social, que es donde son más agudas sus necesidades. Los programas InFocus mencionados en el capítulo 2 son un primer paso en esa dirección.

Creación de instituciones

Un punto importante del temario de la OIT en lo que atañe al desarrollo es el que se refiere a la creación de instituciones, en particular con fines de participación, representación e intervención, de diálogo social y de protección social. Esto viene interesando desde siempre a la OIT, la cual podría aprovechar para ello los recientes progresos de los estudios de economía de las instituciones, valiéndose de la teoría y de la práctica, como se dice en el capítulo 4.

La política de género

Las perspectivas de género definen hoy los mercados de trabajo

Las mujeres han transformado los mercados de trabajo en todo el mundo. En muchos países, la actuación de la mujer en la población activa es lo que determina la evolución del empleo. Las tasas de actividad masculinas están menguando a la vez que aumentan las femeninas. La transformación estructural de las economías, los cambios demográficos, la desestructuración y las nuevas formas de concebir el tiempo de trabajo han dado una nueva definición a las condiciones de vida y de trabajo de las mujeres y a las de los hombres.

También han modificado los cometidos de unas y otros en el mercado de trabajo. En ciertos casos, las mujeres han conseguido más oportunidades y una mayor autonomía económica. Pero muchas de ellas han sido víctimas del cambio. La mundialización y la reestructuración de la economía fomentan formas flexibles de empleo, muchas de las cuales quedan al margen de la legislación laboral y de la protección social y se caracterizan por unos ingresos modestos y un alto grado de inseguridad. Esas tendencias afectan tanto a los hombres como a las mujeres, pero éstas son más vulnerables. El resultado es una segregación laboral, al trabajar las mujeres en los sectores menos protegidos de la economía. La proliferación de las familias encabezadas por una mujer, a causa de la emigración, del divorcio y del abandono, implica igualmente que la inseguridad de su empleo repercute directamente en los hijos y en otros familiares a cargo.

La desigualdad entre los sexos está a menudo implícita en las instituciones del mercado de trabajo. En los sistemas de seguridad social, por ejemplo, se da muchas veces por supuesto que el cabeza de familia es un hombre. La segmentación del mercado de trabajo en función del sexo engendra unas diferencias estructurales de salario entre los hombres y las mujeres que son difíciles de tratar con una política laboral tradicional.

Por todo ello, la perspectiva de la igualdad entre los sexos es un imperativo para la OIT, y no solamente por razones de justicia y equidad sino también porque forma parte de la sustancia misma de su tarea presente. Aunque el vocabulario que encarna la reivindicación de la igualdad entre los sexos ha calado en los programas y las actividades de la OIT, se limita todavía a declaraciones sobre la igualdad para la mujer y a sus derechos, y esa reivindicación viene coartada por la inexistencia de una política integrada. Por ejemplo, la exigencia de la igualdad entre los sexos se ha tenido en cuenta en los estudios de la OIT sobre los mercados de trabajo y la pobreza, pero con unos resultados fragmentarios. No se les ha conferido una prioridad institucional o no han traído consigo cambios fundamentales de la política sobre el particular. El Director General expresó un nuevo compromiso de propugnar una política integrada de igualdad de género al inaugurar una celebración especial, que tuvo lugar en la OIT el 8 de marzo de 1999, con motivo del Día Internacional de la Mujer.

Medidas de la OIT en pro de la igualdad entre los sexos

La OIT debe propugnar una perspectiva coherente de igualdad entre los sexos en el mundo del trabajo. Partiendo de las actividades en curso con miras a promover la igualdad para la mujer, se examinarán los cometidos económicos y sociales de las mujeres, al igual que los de los hombres, y se determinarán las fuerzas que provocan la desigualdad en diferentes campos. Con tal fin, será necesario centrar menos la atención en la igualdad entre los sexos de jure y más en los resultados de facto de la política económica, las medidas legislativas y las secuelas laborales para diferentes categorías de mujeres y de hombres.

Uno de los instrumentos más poderosos de que dispone la OIT es el realce que da a la igualdad entre los sexos en todas sus actividades. En el sistema de las Naciones Unidas es una norma establecida, y en otras organizaciones y programas se aplica ampliamente la metodología correspondiente, mientras que en la OIT este asunto está todavía en una fase germinal.

Para aplicar una política integrada en relación con la igualdad entre los sexos, será preciso actuar en tres niveles en la OIT: el político, el de los programas técnicos y el institucional.

* En primer lugar, para poder dar un respaldo político a la preeminencia de la igualdad entre los sexos habrá que procurar que sea más numerosa la representación femenina en los órganos tripartitos de decisión de la OIT, en los gobiernos y en las organizaciones de empleadores y de trabajadores. Los mandantes deben redoblar sus esfuerzos hasta conseguir que haya esa presencia femenina en las estructuras de la Organización y en sus propios órganos.

* En segundo lugar, la Oficina tomará sistemáticamente medidas para que en los programas y las actividades de cooperación técnica de la OIT se tenga muy presente el tema de la igualdad entre los sexos. Será preciso para ello evaluar su impacto, con el apoyo de estudios empíricos sobre asuntos esenciales como la igualdad entre los sexos en el plano de la mundialización y la evolución de las características del trabajo. Se tendrá también mucho más sistemáticamente en cuenta el tema del género en los sistemas de información y las bases de datos estadísticos de la OIT.

* En tercer lugar, la preferencia institucional en la OIT debe tener una dimensión de igualdad entre los sexos mediante unos sistemas de programación y de observación, un punto de coordinación estratégicamente situado y reforzado y unas normas apropiadas en materia de formación y de personal que aumenten las oportunidades de avance profesional de las mujeres.

Promoción de las empresas

Unas actividades centradas en las empresas

Las empresas son hoy la clave para el crecimiento y el empleo en las economías abiertas. Sus actividades repercuten en todos los campos de interés para la OIT e influyen decisivamente en las pautas futuras en materia de relaciones de trabajo, perfeccionamiento profesional y empleo. Es indispensable centrar la atención en la empresa para que la labor de la OIT se rija por la realidad y la práctica en el lugar de trabajo. En la propuesta de crear un programa InFocus sobre el particular se ha tenido presente la importancia de las pequeñas empresas en lo que se refiere a proporcionar puestos de trabajo y a mejorar las condiciones de trabajo.

En muchos sentidos, la OIT ocupa una posición excepcional para aprovechar el potencial de las empresas y del sector empresarial, ya que están directamente representados en la Organización. En la OIT se da hoy más importancia que nunca a los intereses de las empresas y de los empleadores. Su Foro Empresarial está empezando a atraer la atención de los empresarios.

El desarrollo empresarial

La OIT ha establecido ya una amplia gama de programas relacionados con las empresas, haciendo especial hincapié en el fomento del espíritu de empresa, la formación empresarial y la promoción de las pequeñas empresas. Se desarrollarán aún más esos programas teniendo en cuenta la función de las organizaciones de empleadores y los servicios que pueden prestar a sus miembros al respecto.

Las empresas transnacionales

Procede ahora rebasar el horizonte de la pequeña empresa y atender las necesidades de las compañías transnacionales, que son los instrumentos principales de transferencia de capital, tecnología y buenas prácticas de trabajo en la economía mundial. Un posible tema es el de sus iniciativas sociales. Las empresas están sometidas a presiones sociales crecientes, con miras a que adapten un modo de actuar satisfactorio, lo cual repercute directamente en la demanda de los consumidores y en la reputación de las empresas por conducto de los medios de comunicación. La tecnología de la comunicación ha realzado considerablemente el valor de las marcas y el prestigio de las empresas, pero también su vulnerabilidad ante la opinión pública. A las grandes empresas les preocupan esas presiones, y no solamente pensando en sus propios mercados sino también porque pueden constituir una amenaza política para los regímenes reglamentarios y comerciales existentes. Esas presiones sociales surgen precisamente cuando los mercados en los que actúan resultan más difíciles de definir o de controlar. Muchas empresas han adoptado códigos de conducta propios, pero el mundo empresarial tiene sus propios problemas de observación y supervisión a causa del auge de las cadenas de suministro y de la subcontratación. En tales condiciones, los mercados podrían convertirse fácilmente en un terreno minado. El problema consiste fundamentalmente en combinar la necesidad que tienen las empresas de disponer de una fuente externa de referencia reconocida con unas medidas internacionales que ofrezcan un marco coherente para calibrar las distintas iniciativas. La OIT tiene una competencia excepcional que le permite progresar en este campo, a la vez que sigue estando muy atenta a las obligaciones legales y a los temas que preocupan a las empresas. Entre otras posibilidades cabe citar la formación para una gestión multicultural de los asuntos sociales y para una reestructuración de talante social, que podrían pasar a ser una y otra nuevos campos importantes para la acción de la OIT.

El perfil económico de la OIT

Para muchos empresarios de todo el mundo, la OIT sigue siendo una organización remota e impenetrable, por lo que debe cuidar su reputación pública y abogar decididamente por que las empresas mejoren la comunicación y el acceso a sus servicios, a sus actividades de formación y a sus bases de datos. La OIT debe situarse como centro internacional de competencia especializado y de suministro de datos de interés para las empresas, en lo tocante a las normas y los repertorios de recomendaciones prácticas, los sistemas nacionales de legislación y de relaciones de trabajo, la seguridad y salud en el trabajo y la difusión de buenas prácticas en un contexto multicultural.

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Un quehacer común

La Memoria da una visión ambiciosa, pero su propósito es eminentemente práctico, a saber: proporcionar a la OIT la orientación política, técnica y orgánica que necesita para adentrarse en el siglo XXI con optimismo y seguridad en sí misma.

Ninguna de esas propuestas es simple, pero todas ellas son necesarias. Su aplicación llevará tiempo. Exigen un esfuerzo excepcional de todos, una sólida mentalidad de finalidad común entre los mandantes, una cultura de excelencia renovada entre el personal y un contacto directo y vigoroso de la Organización en su conjunto con la gente y con el mundo en general.

Por encima de todo, las propuestas requieren un compromiso común y una actuación en común de la Oficina y de los mandantes, si es que quieren salir airosos del intento. Por consiguiente, la presente Memoria es un instrumento vivo, un indicador, más que un plano, y ha de cuajar mediante la consulta y el diálogo. Es, en definitiva, una afirmación de fe en ese tipo de coparticipación.


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