Nuestra historia, finalidades, principios doctrina y opiniones

 

El dinero como bien social

por Rodolfo Jorge Brieba

 

Pese al auge del liberalismo, neoliberalismo, librecambismo, libertad de mercados y demás ideologías capitalistas, no es posible negar la existencia de bienes sociales o sea de propiedad y uso común de la comunidad.

Desde las plazas de pueblos y ciudades hasta los pasillos y terrazas de los consorcios en propiedad horizontal. Tal vez porque no se encontró la veta de explotación. Esto ya no rige para carreteras, rutas, puentes, costas, parques nacionales, puertos, en tanto existen limitaciones impuestas por las concesiones estatales en beneficio de intereses privados.

No obstante el lavado de cerebro producido sobre los pueblos, en su inconsciente persiste aún el concepto de bien social. Tal como las calles y veredas que son de uso común. Tanto así que cada vez más los excluidos de la sociedad duermen en ellas y/o las utilizan para la venta minorista.

Pero lo que la generalidad de los humanos no concibe es que el dinero sea un bien social.

Han pasado tantos siglos de apoderamiento y atesoramiento sustrayéndolo del circuito de la circulación, que la memoria funcional del dinero se ha perdido.

Hay quien difiere el uso del dinero para el futuro y lo invierte en la construcción de edificios para la venta y alquiler o en la compra de medios de transporte para el traslado de personas y bienes, por lo que no lo resta a la circulación. Genera circuito productivo de bienes y servicios, con la lógica expectativa de ganancias.

Pero quien atesora medios de pago como el dinero lo sustrae de su destino funcional para lucrar con el interés, el cual –sin agregar valor intrínseco a la moneda- le impone una carga o tributo antinatural, imposible de cumplir.

El dinero no produce dinero y si existe interés la única forma de pagarlo es emitiendo, decisión que en principio genera inflación, salvo que tenga respaldo real en la producción de bienes y servicios. Justamente el interés no tiene esa cualidad.

El dinero a interés desnaturaliza la esencia de aquel o la funcionalidad para el cual fue creado: facilitar el intercambio de bienes como unidad de medida y de cambio.

Si arriendo un campo de 100 Has., luego de 1 año no puedo pretender que me devuelvan 110. Si alquilo un vehículo durante 2 años, a nadie se le ocurre que me retornen 1 y ½.

Luego: si presto 100 pesos mal puedo exigir la devolución de 110 o 150.

En todo caso, puedo ingresar un capital de riesgo (como dinero, campo, inmueble, mercancías, máquinas, etc.) en el marco de un proyecto empresario, ganando o perdiendo de conformidad con su viabilidad.

Quien atesora dinero viola el orden social: incurre en agio.

Quien además cobra interés agrega otra infracción al orden comunitario: incurre en especulación.

Ambas conductas han importado históricamente la decadencia de las economías reales y desorbitado las ganancias financieras en una espiral sin fin.

Cuando los bienes reales disminuyen y los ideales aumentan se generan dos líneas que se alejan geométricamente y terminan descoyuntando el sistema.

Concluida la ilusión de ganar sin producir y recuperada la racionalidad de los actos económicos, se normaliza la vida y concluye el dislate.

Tomando conciencia del dinero como bien social adelantaremos el destino de felicidad y grandeza que corresponde a los pueblos sanos, sin promesa de paraíso terrenal.

 

 

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