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UNIVERSIDAD DE ARTES Y CIENCIAS SOCIALES ARCIS

Santiago de Chile
 
 
 
 

doctorado en el estudio de las sociedades latinoamericanas


área cultura, modernidad y educación

coordinador: Sergio Rojas C.

profesores: Alejandro Madrid, Pablo Oyarzún y Willy Tayer







civilización y barbarie

eurocentrismo, modernidad e identidad
 
 

notas de una relectura del Facundo

o el lado obscuro de la modernización
 
 

a los estudiantes chilenos que todos los años – quizás sin saber muy bien porque –

arrojan al Río Mapocho el busto de Domingo Faustino Sarmiento durante el “mechoneo”,

al incio del ciclo lectivo, dedico

 

Francisco Iturraspe
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 

I – Vigencia del Facundo: mito y hegemonía

 

 
 
 

“La idea no fue desarrollar América según América, incorporando los elementos de la civilización moderna; enriquecer la cultura propia con el aporte externo asimilado, como quién abona el terreno donde crece el árbol. Se intentó crear Europa en América trasplantando el árbol y destruyendo lo indígena que podía ser obstáculo al mismo para su crecimiento según Europa y no según América”. Arturo Jauretche1
 
 
 
 
 
 
 
 

A) En la sala de conferencias del Departamento de Ciencias Sociales de la Universidad de Chile se estaba desarrollando un animado debate, con ocasión de la una charla sobre eurocentrismo

del profesor Edgardo Lander2, que citaremos extensamente en este trabajo.

La tesis desarrollada en por Lander es que las diferentes vertientes principales del pensamiento hegemónico sobre y desde América Latina pueden ser caracterizadas como colonial/eurocéntricas. Existe una continuidad básica desde las crónicas de indias, el pensamiento liberal de la independencia, el positivismo y el pensamiento conservador del siglo XIX, la sociología de la modernización, marxismo(s) y desarrollismo en sus diversas versiones durante el siglo XX, y en la actualidad, el neoliberalismo y las disciplinas académicasinstitucionalizadas en las universidades del continente. Más allá de la diversidad de sus orientaciones y de sus variados contextos históricos es posible identificar en estas corrientes hegemónicas un sustrato colonial que se expresa en la lectura de estas sociedades a partir de la cosmovisión europea y su propósito de transformarlas a imagen y semejanza de las sociedades del Norte que en sucesivos momentos históricos han servido de modelo a imitar.
 
 

En medio del debate me percaté de lo paradógico de la situación en la cual mientras se realizaba la charla y el intercambio de opiniones “nos miraban” desde los cuadros en las paredes, los padres fundadores del pensamiento sobre la sociedad: Aristóteles, Marx, Weber, Freud y toda una galería pluralista con un elemento en común: ninguno había nacido en América.3
 
 

B) La religión del progreso universal parece estar montada sobre un dogma ubicado más allá de toda discusión, posibilidad de duda, o refutación empírica.4
 
 

La modernidad vino de la mano de las primeras globalizaciones5. En el fondo, el descubrimiento de América por Colón y el desembarco de Vasco da Gama en Calicut, son el trasfondo de los “grandes relatos” de los que nos habla Lyotard6. La “colonialidad” aparece como el “lado oscuro de la modernidad”7 Nos interesa tratar de entender cómo, con cuáles características ideológicas, este dogma se impone en nuestra América, e interrogarnos sobre sus consecuencias.
 
 

Dentro de este esquema creemos que uno de los textos claves es el Facundo tributario del pensamiento de Alexis de Tocqueville que en el último capítulo del primer tomo de La democracia en América establece la tesis de la incapacidad del indígena para adaptarse a la modernización, citado expresamente por Sarmiento8.
 
 

C) El Facundo expresa no solamente el proyecto modernizador oligárquico del siglo XIX, que es la plataforma ideológica “del progreso” de imposición del modelo de desarrollo de complementación de la expansión neocolonial británica con los sectores mercantiles, terratenientes y mineros locales que emergían victoriosos de las guerras civiles, sino de un “sentido común” de progreso, un paradigma de civilización, que trasciende ampliamente ese proyecto y que se proyecta en las corrientes de pensamiento que surgen con el agotamiento del modelo oligárquico, inclusive las socialistas y positivistas9.
 
 

Se han caracterizado los aspectos culturales e ideológicos de este proyecto bajo la figura del “hombre sarmientino”10. En este proyecto - en una primera “oleada” - desarrollaron su pensamiento Victorino Lastarria, Francisco de Paula González Vigil, Justo Arosemena, Juan Bautista Alberdi entre otros intergrantes de la generación de civilizadores del siglo XIX y en oleadas sucesivas toda la inteligentzia de paradigma sarmientino, de izquierda (Ingenieros, Mella, Recabarren, Gallegos) o de derechas “liberales” ilustradas.
 
 

Incluso las articulaciones discursivas dialécticamente enfrentadas11, adoptan posiciones de anti-sarmiento:
 
 

Estas “negaciones” no hacen sino poner en primer plano la “actualidad” del paradigma sarmientino12 en la creación del mito fundante de nuestras sociedades “modernas” y de las hegemonías13 internas y externas que las gobiernan (o desgobiernan). Vayamos, pues, al texto del sanjuanino “universal”.
 
 
 

 

II – Civilización y barbarie.
 
 

“Plantear el dilema de los opuestos Civilización y barbarie e identificar a América con la primera y a Europa con la segunda, lleva implícita y necesariamente a negar América para afirmar Europa, pues una y otra son términos opuestos: cuanto más Europa, más civilización: de donde resulta que progresar no es evolucionar desde la propia naturaleza de las cosas, sino derogar la naturaleza de las cosas para sustituirla” Arturo Jauretche14
 
 

Creemos que en el Facundo se encuentran los rasgos fundamentales de la ideología “modernizadora” latinoamericana que son, la caracterización de lo propio como “barbarie”, el racismo endógeno y la violencia en la imposición del modelo, la “civilización” como suplantación y como imitación, la mistificación de la inmigración y el determinismo mesológico.

 

 
 

 
    Lo propio como la barbarie.
Dice Sarmiento15 ...M. Guizot ha dicho desde la tribuna francesa: Hay en América dos partidos: el partido europeo y el partido americano: éste es el más fuerte”...Y cuando le avisan que los franceses han tomado las armas en Montevideo y han asociado su porvenir, su vida y su libertad al triunfo del partido europeo, civilizado, se contenta con añadir: ”Los franceses son muy entrometidos...y comprometen a su nación con los demás gobiernos”...Los otros pueblos americanos que indiferentes e impasibles miran esta lucha y estas alianzas de un partido argentino con todo elemento europeo que venga a prestarle su apoyo, exclaman a su vez llenos de indignación: ”!Estos argentinos son muy amigos de los europeos! Y el tirano de la República Argentina se encarga oficiosamente de completarles la frase añadiendo: ”!Traidores a la causa americana!”. Cierto dicen todos !traidores! esa es la palabra. ¡ Cierto! decimos nosotros, traidores a la causa americana , española, absolutista, bárbara! ¿No habéis oído la palabra salvaje que anda revoloteanado sobre nuestras cabezas?
 

 

El concepto de lo autóctono (americano-español-absolutista-bárbaro) definido como el mal (después recogido por Gallegos personificándolo en “Doña Bárbara”). Si lo americano es bárbaro se requiere “civilizar”, modernizar, y reemplazar lo bárbaro por lo civilizado.
 

 
Se trata de una curiosa “inversión” del término etimológicamente definido: “bárbaro” proviene del latín, era en Roma lo no-romano, provenía de barbs, literalmente extranjero. En el Facundo, bárbaro era lo propio y “civilizado” lo extranjero. Se trata de una clara tendencia a la autodenigración que encontrará múltiples manifestaciones en la cultura de las élites y de las clases subordinadas en una operación política y cultural que denuncia Ribeiro.
 

 

Darcy Ribeiro ha sostenido que “Una de las postreras formas de dominación europea, subsistente luego de la independencia, consiste en la introyección en millones de americanos mestizos, de ideales estético humanos, así como de otros valores, apoyados en la sobrevaloración de las características del blanco europeo como señales de superioridad. Esta manera de asumir la autoimagen “del otro” se manifiesta de mil modos16.
 

 

Ya veremos que esta consideración de lo propio como bárbaro, más allá de un ejercicio literario, significó, por una parte, un formidable instrumento de hegemonía y más allá, una extraña operación de “limpieza étnica inversa” con el proyecto de reemplazo de la población autóctona.
 

 
 
 
    El racismo “endógeno” y violencia en la imposición del modelo.
El pueblo que habita estas extensas comarcas se compone de dos razas diversas que mezclándose forman medios tintes imperceptibles: españoles e indígenas(...)En la campaña de Buenos Aires se reconoce todavía el soldado andaluz(...). La raza negra casi extinta ya (...)ha dejado sus zambos y mulatos, habitantes de las ciudades eslabón que liga al hombre civilizado con el palurdo...de la fusión de estas tres familias ha resultado un todo homogéneo, que se distingue por su amor a la ociosidad e incapacidad industrial...17.

 
 

En el fondo lo que Sarmiento afirma es la imposibilidad de los americanos de constituirse como sujetos modernos, y en los albores de la “revolución industrial” en ser sujetos de ese proceso de progreso económico y social convertido en verdadera religión.
 

 

Las razas americanas, viven en la ociosidad y se muestran incapaces, aún por medio de la compulsión, para dedicarse a un trabajo duro y seguido. Esto sugirió la idea de introducir negros en América que tan fatales resultados ha producido. Pero no se ha mostrado mejor dotada de acción la raza española cuando se ha visto en los desiertos americanos abandonada a sus propios instintos.18
 

 

Se trata de una forma de racismo peculiar, endógeno. El racismo es una exacerbación de la identidad propia que hace desconfiar y aún odiar “lo otro”.19
 

 

Por el contrario en el Facundo hay un pronunciado racismo endógeno que tiñe a la modernización sarmientina (y en general, latinoamericana) de un carácter elemental, pueril, con un peculiar acento eurocentrista y negador de otra posible modernización que pudo haber significado la evolución de lo americano y su diversidad.20
 

 

Michel Foucault, señala en Genealogía del racismo: totalidad nacional y universalidad del Estado “Lo que funciona como motor de la historia son precisamente los choques entre dos tipos de sociedad que quieren formar un Estado”.21
 

 

Señala Quijano que la idea de raza es, literalmente, un invento... no tiene nada que ver con la estructura biológica de la especie humana se ha convertido en un extraordinariamente potente dispositivo de clasificación y jerarquización mediante el cual se ha logrado darle la apariencia de natural (y por lo tanto sin relación alguna con el orden social) a las profundas desigualdades y jerarquías existentes en las sociedades modernas.22
 

 

En América, la idea de raza fue un modo de otorgar legitimidad a las relaciones de dominación impuestas por la conquista. La posterior constitución de Europa como nueva id-entidad después de América y la expansión del colonialismo europeo sobre el resto del mundo, llevaron a la elaboración de la perspectiva eurocéntrica de conocimiento y con ella a la elaboración teórica de la idea de raza como naturalización de esas relaciones coloniales de dominación entre europeos y no-europeos. Históricamente, eso significó una nueva manera de legitimar las ya antiguas ideas y prácticas de relaciones de superioridad/inferioridad entre dominados y dominantes. Desde entonces ha demostrado ser el más eficaz y perdurable instrumento de dominación social universal,
 

 

En lugar de esto, desarrollar América según América (Jauretche) la propuesta de la modernización colonial implica “el reemplazo” de la sociedad y de la población existente (ejemplarizada en la guerra contra los indios y la eliminación fìsica de los elementos autóctonos que no se adapten al esquema) y la inmigración como mecanismo central del modelo. Dussel explica que como el bárbaro se opone al proceso civilizador, la praxis moderna debe ejercer en último caso la violencia si fuera necesario, para destruir los obstáculos de la tal modernización (la guerra justa colonial). Esta dominación produce víctimas (de muy variadas maneras), violencia que es interpretada como un acto inevitable, y con el sentido cuasi-ritual de sacrificio; el héroe civilizador inviste a sus mismas víctimas del carácter de ser holocaustos de un sacrificio salvador (el indio colonizado, el esclavo africano, la mujer, la destrucción ecológica de la tierra, etcétera). Para el moderno, el bárbaro tiene una "culpa" (el oponerse al proceso civilizador) que permite a la "Modernidad" presentarse no sólo como inocente sino como "emancipadora" de esa "culpa" de sus propias víctimas. Por último, y por el carácter "civilizatorio" de la "Modernidad", se interpretan como inevitables los sufrimientos o sacrificios (los costos) de la "modernización" de los otros pueblos "atrasados" (inmaduros), de las otras razas esclavizables, del otro sexo por débil, etcétera.23
 

 
 
 
    La civilización como la suplantación y como imitación
Nosotros, al día siguiente de la revolución, debíamos volver los ojos a todas partes buscando con que llenar el vacío que debían dejar la inquisición destruida, el poder absoluto vencido, la exclusión religiosa ensanchada24
Rojaspone de manifiesto que esa catástrofe de mundo desde la cual se escribe la historia de Latinoamérica, la dispone a ésta bajo el imperativo de la modernización antes que de la modernidad en sentido estricto.25 Citando a Ramos26, el operativo de civilizar era “ordenar el sinsentido de la barbarie américana”
Civilizar era – en términos de la crítica de Jauretche – traer Europa a América. Reemplazar todo y crear un mundo nuevo, mundo en el sentido de globalidad, de totalidad, que rechazaba cualquier intento de pervivencia de “lo viejo” y que consistía en imitar lo Europeo.
 

 

Se imitaba lo Europeo, se lo “trasplantaba” en forma moderna: como una totalidad a imitar, a reproducir, lo cual era en Sarmiento un poderoso ejercicio de “imaginación”, de prospectiva que es uno de los elementos más poderosos del Facundo. Al imaginarse Europa en América lo que se imagina es la imposición completa del mundo imitado.
 

 

Tal es la obsesión imitadora del modelo que es una tradición escolar de la escuela pública argentina señalar que Sarmiento importó plantas y animales de las regiones del norte, que se trajo una pareja de gorriones de los Estados Unidos, aves que se convirtieron en poco tiempo en una plaga para la agricultura, pecísamente de los cultivos de exportación que incorporaron a la Pampa Húmeda al mercado mundial como avizoraba Sarmiento
 

 
 
 
    La mistificación de la inmigración

Da compasión y vergüenza en la República Argentina comparar la colonia alemana o escosesa del sur de Buenos Aires y la villa que se forma en el interior; en la primera las casitas son pintadas, el frente de la casa siempre aseado, adornado de flores y arbustillos graciosos, el amueblado sencillo pero completo; la vajilla de cobre o estaño, reluciente siempre; la cama con cortinillas graciosas, y los habitantes en un movimiento y acción continuo. Ordeñando vacas, fabricando mantequilla y quesos, han logrado algunas familias hacer fortunas colosales y retirarse a la ciudad a gozar de las comodidades. La villa nacional es el reverso indigno de esta medalla; niños sucios y cubiertos de harapos viven con una jauría de perros; hombres tendidos en el suelo en la más completa inacción, el desaseo y la pobreza por todas partes; una mesita y petacas por todo amueblado; ranchos miserables por habitación y un aspecto general de barbarie y de incuria los hacen notables...seguidamente cita a Walter Scott: desgraciadamente – añade el buen gringo - prefirieron su independencia nacional a nuestros algodones y muselinas y agrega ¡Sería bueno proponerle a Inglaterra por ver no más, cuántas varas de lienzo y cuántas piezas de muselina daría por poseer estas llanuras de Buenos Aires! agrega esperanzado27.
 

 

Pero el elemento principal de orden y moralización que la República Argentina cuenta hoy es la inmigración europea, que de suyo y en despecho de la falta de seguridad que le ofrece se agolpa de día en día en el Plata, y si hubiera un gobiermo capaz de dirigir su movimiento bastaría por sí sola para sanar, en diez años no más, todas las heridas que han hecho a la Patria los bandidos, desde facundo hasta Rosas que la han dominado.28
 

 

La pieza clave del esquema sarmientino es el reemplazo de la población nativa, bárbara, por la inmigración capaz de asumir los retos de la modernización.
 

 

Se trata de una clara demostración de impotencia sobre la posibilidad de “civilizar” al gaucho, al indio, al mestizo, que como hemos visto considera razas inferiores.
 

 

Por ello Sarmiento calcula en el Facundo los efectos benéficos del reemplazo de la población nativa (indígena, criolla, mestiza...) por la europea. Programa que implica – como señalamos – la violencia sistemática para aniquilar al indígena y marginar al gaucho y, ante la imposibilidad de asimilarlo al modelo, perseguirlo y también eliminarlo como lo denuncia el poema nacional, el Martín Fierro, en el cual José Hernández reserva a Sarmiento el poco honroso personaje del “Viejo Vizcacha” que personifica en sentido común moderno.
 

 

La alienación de Sarmiento, intoxicado por la literatura racista de su tiempo, se manifiesta de modo más candente aún en una carta en que comenta el establecimiento de una colonia de emigrados de California en el Chaco: “Puede ser el origen de un territorio, y un día, de un estado yanqui – con su idioma y todo – que con este concurso genético mejorará nuestra raza decaída”29
 

 

Sin embargo, en esta “operación racista de reemplazo” la realidad le jugó una mala pasada a la propuesta sarmientina y del jóven Alberdi de “Las Bases”30: en lugar de llegar los rubios inmigrantes ingleses que añoraban llegaron millones de meridionales de las costas del mediterráneo que no se parecían al arquetipo del inmigrante apto para la operación de reemplazo, tendente a refundar la República bajo las bases de la civilización31.
 

 

La inmigración dará lugar – desviándose de la perspectiva sarmientina – a la rica dinámica social que adquirieron lo que Ribeiro llamará “los pueblos trasplantados”32, pero ese análisis nos saca de nuestro ejercicio actual.
 

 
    Determinismo mesológico – modelo civilizatorio depredador de la naturtaleza

La inmensa extensión del país que está en sus extremos es enteramente despoblada, y ríos navegables que posee que no ha surcado aún el frágil barquichuelo. El mal que aqueja a la República Argentina es la extensión: el desierto la rodea por todas partes y se le insinúa en las entrañas; la soledad, el despoblado sin una habitación humana, son por lo general los límites incuestionables entre unas y otras provincias. Allí la inmensidad por todas partes: inmensa llanura, inmensos bosques, inmensos ríos, el horizonte siempre incierto, siempre confundiéndose con la tierra entre celajes y vapores tenues que no dejan en la lejana perspectiva señalar el punto en que el mundo se acaba y principia el cielo. Al sur y al norte, acéchanla los salvajes, que aguardan las noches de luna para caer, cual enjambres de hienas, sobre los ganados que pacen en los campos y sobre las indefensas poblaciones.33
 
 

Esta inseguridad de la vida, que es habitual y permanente en las campañas, imprime, a mi parecer, en el carácter argentino cierta resignación estoica por la muerte violenta...34
 
 

Sarmiento no conocía la Pampa al escribir Facundo. Su desconocimiento geográfico es suplido por su ímpetu descriptivo y refleja su visión de la naturaleza y el determinismo geográfico decimonónico que se extiende no solamente en todo el Facundo sino también en toda su obra.
 

 

La idea de progreso implica domeñar, someter la naturaleza, convertir los bosques y desiertos en tierras capaces de producir los insumos que la Europa de tierras agotadas requería. La extensión era en ese proyecto enemiga del progreso, “achicar” el país a la medida de la Pampa Húmeda implicaba crear las condiciones óptimas para una rápida europeización.35
 
 

El modelo civilizatorio propuesto pone toda su fe en la tecnología y la naturaleza es un elemento inagotable (más adelante se llamará “recursos naturales”) que debe ser sometido, explotado y modelado a imagen del progreso.
 

 
 
 
 
 

III - Para superar la modernidad, de acuerdo a Dussel es indispensable primero “negar la negación” de este mito, reconocer la “otra cara” negada, oculta, pero no por ello menos esencial, la cara colonial de la modernidad, ya que lo que significó emancipación para unos fue el sometimiento para los “otros”. No se trata de cambios dentro del mundo conocido, que no alteran sino algunos de sus rasgos. Se trata del cambio del mundo como tal. Este es, sin duda, el elemento fundante de la nueva subjetividad: la percepción del cambio histórico. Es ese elemento lo que desencadena el proceso de constitución de una nueva perspectiva sobre el tiempo y sobre la historia. La percepción del cambio lleva a la idea del futuro, puesto que es el único territorio del tiempo donde pueden ocurrir los cambios... Con América se inicia, pues, un entero universo de nuevas relaciones materiales e intersubjetivas.36
 

 

Este nuevo patrón mundial (colonial) del poder, es la condición en la cual se va constituyendo una nueva perspectiva (eurocéntrica) del conocimiento de la cual Quijano destaca en primer lugar que se trata de una perspectiva de conocimiento sustentada sobre el dualismo radical cartesiano, que se convierte en una radical separación entre “razón/sujeto” y “cuerpo”, a partir de lo cual el “cuerpo” fue naturalizado, fijado como “objeto” de conocimiento, por parte del “sujeto/razón”. Esta separación (abstracción) del sujeto/razón en relación con el cuerpo está en la base de las pretensiones objetivistas y universalizantes de un saber (científico) que reivindica su separación de los condicionamientos subjetivos (corporales), espaciales y temporales.
 

 

En segundo lugar, de acuerdo a Quijano, se produce en la perspectiva eurocéntrica del conocimiento una “articulación peculiar” entre el dualismo que establece contrastes radicales entre pre-capital y capital, entre lo no europeo y lo europeo, entre los primitivo y lo civilizado, entre los tradicional y lo moderno, por un lado, y la concepción evolucionista, lineal, unidireccional de la historia que avanza inexorablemente desde un mítico estado de naturaleza hasta la moderna sociedad europea37.
 

 

El centro del discurso del Facundo es esta perspectiva del conocimiento, fundante de los mitos que dan sustento a las hegemonías internas y externas, que se sitúa en el intento de la creación del sujeto moderno, perspectiva de la evolución y el progreso “hacia Europa” como dogmas, que se reproducen en las múltiples manifestaciones de la vida latinoaméricana.
 

 
 
 
 
 
 

 
 

 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
1 Manual de zonceras argentinas, Obras completas, volumen 2, primera edición-segunda reimpresión, Ed. Corregidor, Buenos Aires, 1999 página 23.
2 Abril del 2000
3 La única excepción era el cuadro que presidía la sala, de Don Andrés Bello, fundador de la Universidad, muy cercano a Sarmiento al punto que corregía sus textos. Obviamente que el sitio de nacimiento de los “pensadores de los cuadros” es apenas la fuente de una “sospecha”, no una determinación del contenido de sus pensamientos.
4 “El dogma del progreso universal”, Edgardo Lander, en El Límite de la civilización industrial, ALAS-FACES/UCV, Nueva Sociedad, Caracas, 1995
5 Aldo Ferrer, Historia de la Globalización I y II , FCE, Buenos Aires, 1997 y 2000.

 
 
 
 
6 Jean François Lyotard La condición postmoderna, 7ma. Edición, Ed. Cátedra, Madrid, 2000
7 Lander, texto en diskette proporcionado por el autor, en prensa
8 pág.47
9 Emilio Gautier Cruz, “La herencia iluminista en el socialismo latinoamericano” en Ensayismo y modernidad en América Latina, Carlos Ossandon B. (coord.)
10 Eduardo Devés Valdés, Estudio sobre el latinoamericano contemporáneo, su pensar y su hace, mimeo y Del Ariel de Rodó a la CEPAL, Ed. Biblos, Buenos Aires, 2000
11 Gautier Cruz, página 176 op cit.
12 Sergio Rojas señala que si latinoamérica no es hoy suficientemente moderna, suficientemente actual, entonces pertenece todavía a la historia de la modernidad, lo que equivale a afirmar que en latinoamérica la modernidad tiene todavía “verdad”, cifrada en una historia por contar. En “El tono de la identidad” en Ensayismo y modernidad en América Latina, Carlos Ossandon B. (coord.)

 
 
13 Nos parece excelente la figura que define hegemonía como el nombre del momento de fusión , de soldadura entre la Verdad y el Poder que Ricardo Rinesi le atribuye a Gramsci en su trabajo Verticales y Horizontales en Ensayismo y modernidad en América Latina, Carlos Ossandon B. (coord.), página 203
14 op.cit.página 29
15 pág.49
16 Darcy Ribeiro: Las Américas y la Civilización, Casa de las Américas, La Habana, 1992 página 306
17 Domingo Faustino Sarmiento, tanto en Facundo, Losada, Buenos Aires, 1999 (12 edición) como en su muy difícil de conseguir Conflictos y armonías de la razas de América, expresa esa visión eurocentrista que se extenderá por todo el continente. Cita de la página 66 del Facundo.
18 idem
19 Michel Foucault, en Genealogía del racismo
20 Enrique Dussel Europa, modernidad y eurocentrismo, en Edgardo Lander,
21 Op.cit. décima lección.
22La formación de relaciones sociales fundadas en dicha idea, produjo en América identidades sociales históricamente nuevas: indios, negros y mestizos y redefinió otras. Así términos como español y portugués, más tarde europeo, que hasta entonces indicaban solamente procedencia geográfica o país de origen, desde entonces cobraron también, en referencia a las nuevas identidades, una connotación racial. Y en la medida en que las relaciones sociales que estaban configurándose eran relaciones de dominación, tales identidades fueron asociadas a las jerarquías, lugares y roles sociales correspondientes, como constitutivas de ellas y, en consecuencia, al patrón de dominación colonial que se imponía. En otros términos, raza e identidad racial fueron establecidas como instrumentos de clasificación social básica de la población.” Op. cit.
23l Dussel Op. cit.
24 Sarmiento citado por Julio Ramos, en Desencuentros de la modernidad en América Latina, FCE, México, 1989
25Rojas, Op.cit. página 135
26 Op. cit.,
27 páginas 66 y 67
28 página 291
29 Publicado en Marcha de Montevideo, Agosto de 1966 reproducido por Ribeiro, op cit. página 385
30 Juan Bautista Alberdi, Bases y Puntos de Partida Para la Organización Nacional, Buenos Aires. Nos referimos al “jóven” Alberdi porque de uno de los ideólogos más descarnadamente europeizantes se convierte en su madurez en defensor de la etnia gauchesca que condenaban al exterminio en nombre del progreso.
31 Jauretche, op.cit. página 84
32 op.cit. página 331 y siguientes
33 página 60
34 idem
35 Jauretche, op.cit. página 43
36“Colonialidad del poder, eurocentrismo y América Latina”, en Edgardo Lander (editor), op. cit. Los aportes más importantes de Quijano a este debate está recogidos en los siguientes textos: “Modernidad y democracia: intereses y conflictos”, Anuario Mariateguiano, vol. XII, no. 12, Lima, 2000; “¡Qué tal raza!”, en Familia y cambio social, CECOSAM, Lima, 1999; “Coloniality of power and its institutions”, Documento aún no publicado del Simposio sobre Colonialidad del poder y sus ámbitos sociales, Binghamton University, Binghamton, Nueva York, abril 1999; “Estado nación, ciudadanía y democracia: cuestiones abiertas”, en Helena González y Heidulf Schmidt (editores), Democracia para una nueva sociedad, Nueva Sociedad, Caracas, 1998, “Colonialidad del poder, cultura y conocimiento en América Latina”, en Anuario Mariateguiano, vol. IX, no.9, Lima, 1997; “Raza, etnia, nación: cuestiones abiertas”, en Roland Forgues (editor), José Carlos Mariátegui y Europa. La otra cara del descubrimiento, Amauta, Lima, 1992; “Colonialidad y modernidad/racionalidad”, en Perú Indígena, vol. 13, no. 29, 1992, Lima.
37 Quijano, Op.cit.

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