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Santiago de Chile
doctorado en el estudio de las sociedades latinoamericanas
área cultura, modernidad y educación
coordinador: Sergio Rojas C.
profesores: Alejandro Madrid, Pablo Oyarzún y Willy Tayer
civilización y barbarie
eurocentrismo, modernidad e identidad
notas de una relectura del Facundo
o el lado obscuro de la modernización
“La idea no fue desarrollar América según
América, incorporando los elementos de la civilización moderna;
enriquecer la cultura propia con el aporte externo asimilado, como quién
abona el terreno donde crece el árbol. Se intentó crear Europa
en América trasplantando el árbol y destruyendo lo indígena
que podía ser obstáculo al mismo para su crecimiento según
Europa y no según América”. Arturo
Jauretche1
A) En la sala de conferencias del Departamento de Ciencias Sociales de la Universidad de Chile se estaba desarrollando un animado debate, con ocasión de la una charla sobre eurocentrismo
del profesor Edgardo Lander2, que citaremos extensamente en este trabajo.
La tesis desarrollada en por Lander es que las diferentes vertientes
principales del pensamiento hegemónico sobre y desde América
Latina pueden ser caracterizadas como colonial/eurocéntricas. Existe
una continuidad básica desde las crónicas de indias, el pensamiento
liberal de la independencia, el positivismo y el pensamiento conservador
del siglo XIX, la sociología de la modernización, marxismo(s)
y desarrollismo en sus diversas versiones durante el siglo XX, y en la
actualidad, el neoliberalismo y las disciplinas académicasinstitucionalizadas
en las universidades del continente. Más allá de la diversidad
de sus orientaciones y de sus variados contextos históricos es posible
identificar en estas corrientes hegemónicas un sustrato colonial
que se expresa en la lectura de estas sociedades a partir de la cosmovisión
europea y su propósito de transformarlas a imagen y semejanza de
las sociedades del Norte que en sucesivos momentos históricos han
servido de modelo a imitar.
En medio del debate me percaté de lo paradógico de la
situación en la cual mientras se realizaba la charla y el intercambio
de opiniones “nos miraban” desde los cuadros en las paredes, los padres
fundadores del pensamiento sobre la sociedad: Aristóteles, Marx,
Weber, Freud y toda una galería pluralista con un elemento en común:
ninguno había nacido en América.3
B) La religión del progreso universal parece estar
montada sobre un dogma ubicado más allá de toda discusión,
posibilidad de duda, o refutación empírica.4
La modernidad vino de la mano de las primeras globalizaciones5.
En el fondo, el descubrimiento de América por Colón y el
desembarco de Vasco da Gama en Calicut, son el trasfondo de los “grandes
relatos” de los que nos habla Lyotard6.
La “colonialidad” aparece como el “lado oscuro de la modernidad”7
Nos interesa tratar de entender cómo, con cuáles características
ideológicas, este dogma se impone en nuestra América, e interrogarnos
sobre sus consecuencias.
Dentro de este esquema creemos que uno de los textos claves
es el Facundo
tributario del pensamiento de Alexis de Tocqueville
que en el último capítulo del primer tomo de La democracia
en América establece la tesis de la incapacidad del indígena
para adaptarse a la modernización, citado expresamente por Sarmiento8.
C) El Facundo expresa no solamente el proyecto
modernizador oligárquico del siglo XIX, que es la plataforma
ideológica “del progreso” de imposición del modelo de desarrollo
de complementación de la expansión neocolonial británica
con los sectores mercantiles, terratenientes y mineros locales que emergían
victoriosos de las guerras civiles, sino de un “sentido común”
de progreso, un paradigma de civilización, que trasciende ampliamente
ese proyecto y que se proyecta en las corrientes de pensamiento que surgen
con el agotamiento del modelo oligárquico, inclusive las socialistas
y positivistas9.
Se han caracterizado los aspectos culturales e ideológicos
de este proyecto bajo la figura del “hombre sarmientino”10.
En este proyecto - en una primera “oleada” - desarrollaron su pensamiento
Victorino Lastarria, Francisco de Paula González Vigil, Justo Arosemena,
Juan Bautista Alberdi entre otros intergrantes de la generación
de civilizadores del siglo XIX y en oleadas sucesivas toda la inteligentzia
de paradigma sarmientino, de izquierda (Ingenieros, Mella, Recabarren,
Gallegos) o de derechas “liberales” ilustradas.
Incluso las articulaciones discursivas dialécticamente
enfrentadas11,
adoptan posiciones de anti-sarmiento:
Estas “negaciones” no hacen sino poner en primer plano
la “actualidad” del paradigma sarmientino12
en la creación del mito fundante de nuestras sociedades “modernas”
y de las hegemonías13
internas y externas que las gobiernan (o desgobiernan). Vayamos, pues,
al texto del sanjuanino “universal”.
II – Civilización y barbarie.
“Plantear el dilema de los opuestos Civilización
y barbarie e identificar a América con la primera y a Europa con
la segunda, lleva implícita y necesariamente a negar América
para afirmar Europa, pues una y otra son términos opuestos: cuanto
más Europa, más civilización: de donde resulta que
progresar no es evolucionar desde la propia naturaleza de las cosas, sino
derogar la naturaleza de las cosas para sustituirla”
Arturo
Jauretche14
El concepto de lo autóctono
(americano-español-absolutista-bárbaro) definido como el
mal (después recogido por Gallegos personificándolo
en “Doña Bárbara”). Si lo americano es bárbaro se
requiere “civilizar”, modernizar, y reemplazar lo bárbaro por lo
civilizado.
Darcy
Ribeiro ha sostenido
que “Una de las postreras formas de dominación europea, subsistente
luego de la independencia, consiste en la introyección en millones
de americanos mestizos, de ideales estético humanos, así
como de otros valores, apoyados en la sobrevaloración de las características
del blanco europeo como señales de superioridad. Esta manera de
asumir la autoimagen “del otro” se manifiesta de mil modos”16.
Ya veremos que esta consideración
de lo propio como bárbaro, más allá de un ejercicio
literario, significó, por una parte, un formidable instrumento de
hegemonía y más allá, una extraña operación
de “limpieza étnica inversa” con el proyecto de reemplazo de la
población autóctona.
En el fondo lo que Sarmiento
afirma es la imposibilidad de los americanos de constituirse como
sujetos modernos, y en los albores de la “revolución industrial”
en ser sujetos de ese proceso de progreso económico y social convertido
en verdadera religión.
Las razas americanas, viven en la ociosidad
y se muestran incapaces, aún por medio de la compulsión,
para dedicarse a un trabajo duro y seguido. Esto sugirió la idea
de introducir negros en América que tan fatales resultados ha producido.
Pero no se ha mostrado mejor dotada de acción la raza española
cuando se ha visto en los desiertos americanos abandonada a sus propios
instintos.18
Se trata
de una forma de racismo peculiar, endógeno. El racismo es una exacerbación
de la identidad propia que hace desconfiar y aún odiar “lo otro”.19
Por
el contrario en el Facundo hay un pronunciado racismo endógeno que
tiñe a la modernización sarmientina (y en general, latinoamericana)
de un carácter elemental, pueril, con un peculiar acento eurocentrista
y negador de otra posible modernización que pudo haber significado
la evolución de lo americano y su diversidad.20
Michel
Foucault, señala en Genealogía del racismo:
totalidad nacional y universalidad del Estado “Lo que funciona como motor
de la historia son precisamente los choques entre dos tipos de sociedad
que quieren formar un Estado”.21
Señala
Quijano
que la idea de raza es, literalmente, un invento... no tiene nada que
ver con la estructura biológica de la especie humana se ha convertido
en un extraordinariamente potente dispositivo de clasificación y
jerarquización mediante el cual se ha logrado darle la apariencia
de natural (y por lo tanto sin relación alguna con el orden social)
a las profundas desigualdades y jerarquías existentes en las sociedades
modernas.22
En América, la idea
de raza fue un modo de otorgar legitimidad a las relaciones de dominación
impuestas por la conquista. La posterior constitución de Europa
como nueva id-entidad después de América y la expansión
del colonialismo europeo sobre el resto del mundo, llevaron a la elaboración
de la perspectiva eurocéntrica de conocimiento y con ella a la elaboración
teórica de la idea de raza como naturalización de esas relaciones
coloniales de dominación entre europeos y no-europeos. Históricamente,
eso significó una nueva manera de legitimar las ya antiguas ideas
y prácticas de relaciones de superioridad/inferioridad entre dominados
y dominantes. Desde entonces ha demostrado ser el más eficaz y perdurable
instrumento de dominación social universal,
En lugar
de esto, desarrollar América según América (Jauretche)
la propuesta de la modernización colonial implica “el reemplazo”
de la sociedad y de la población existente (ejemplarizada en la
guerra contra los indios y la eliminación fìsica de los elementos
autóctonos que no se adapten al esquema) y la inmigración
como mecanismo central del modelo. Dussel explica que como el
bárbaro se opone al proceso civilizador, la praxis moderna debe
ejercer en último caso la violencia si fuera necesario, para destruir
los obstáculos de la tal modernización (la guerra justa colonial).
Esta dominación produce víctimas (de muy variadas maneras),
violencia que es interpretada como un acto inevitable, y con el sentido
cuasi-ritual de sacrificio; el héroe civilizador inviste a sus mismas
víctimas del carácter de ser holocaustos de un sacrificio
salvador (el indio colonizado, el esclavo africano, la mujer, la destrucción
ecológica de la tierra, etcétera). Para el moderno, el bárbaro
tiene una "culpa" (el oponerse al proceso civilizador) que permite a la
"Modernidad" presentarse no sólo como inocente sino como "emancipadora"
de esa "culpa" de sus propias víctimas. Por último, y por
el carácter "civilizatorio" de la "Modernidad", se interpretan como
inevitables los sufrimientos o sacrificios (los costos) de la "modernización"
de los otros pueblos "atrasados" (inmaduros), de las otras razas esclavizables,
del otro sexo por débil, etcétera.23
Se imitaba lo Europeo,
se lo “trasplantaba” en forma moderna: como una totalidad a imitar, a reproducir,
lo cual era en Sarmiento un poderoso ejercicio de “imaginación”,
de prospectiva que es uno de los elementos más poderosos del Facundo.
Al imaginarse Europa en América lo que se imagina es la imposición
completa del mundo imitado.
Tal es la obsesión
imitadora del modelo que es una tradición escolar de la escuela
pública argentina señalar que Sarmiento importó plantas
y animales de las regiones del norte, que se trajo una pareja de gorriones
de los Estados Unidos, aves que se convirtieron en poco tiempo en una plaga
para la agricultura, pecísamente de los cultivos de exportación
que incorporaron a la Pampa Húmeda al mercado mundial como avizoraba
Sarmiento
Da compasión y vergüenza
en la República Argentina comparar la colonia alemana o escosesa
del sur de Buenos Aires y la villa que se forma en el interior; en la primera
las casitas son pintadas, el frente de la casa siempre aseado, adornado
de flores y arbustillos graciosos, el amueblado sencillo pero completo;
la vajilla de cobre o estaño, reluciente siempre; la cama con cortinillas
graciosas, y los habitantes en un movimiento y acción continuo.
Ordeñando vacas, fabricando mantequilla y quesos, han logrado algunas
familias hacer fortunas colosales y retirarse a la ciudad a gozar de las
comodidades. La villa nacional es el reverso indigno de esta medalla; niños
sucios y cubiertos de harapos viven con una jauría de perros; hombres
tendidos en el suelo en la más completa inacción, el desaseo
y la pobreza por todas partes; una mesita y petacas por todo amueblado;
ranchos miserables por habitación y un aspecto general de barbarie
y de incuria los hacen notables...seguidamente
cita a Walter Scott: desgraciadamente – añade el
buen gringo - prefirieron su independencia nacional a nuestros algodones
y muselinas y agrega ¡Sería
bueno proponerle a Inglaterra por ver no más, cuántas varas
de lienzo y cuántas piezas de muselina daría por poseer estas
llanuras de Buenos Aires! agrega
esperanzado27.
Pero el elemento principal de orden y
moralización que la República Argentina cuenta hoy es la
inmigración europea, que de suyo y en despecho de la falta de seguridad
que le ofrece se agolpa de día en día en el Plata, y si hubiera
un gobiermo capaz de dirigir su movimiento bastaría por sí
sola para sanar, en diez años no más, todas las heridas que
han hecho a la Patria los bandidos, desde facundo hasta Rosas que la han
dominado.28
La pieza clave del esquema
sarmientino es el reemplazo de la población nativa, bárbara,
por la inmigración capaz de asumir los retos de la modernización.
Se trata de una clara
demostración de impotencia sobre la posibilidad de “civilizar” al
gaucho, al indio, al mestizo, que como hemos visto considera razas inferiores.
Por ello Sarmiento calcula
en el Facundo los efectos benéficos del reemplazo de la población
nativa (indígena, criolla, mestiza...) por la europea. Programa
que implica – como señalamos – la violencia sistemática para
aniquilar al indígena y marginar al gaucho y, ante la imposibilidad
de asimilarlo al modelo, perseguirlo y también eliminarlo como lo
denuncia el poema nacional, el Martín Fierro, en el cual José
Hernández reserva a Sarmiento el poco honroso personaje del “Viejo
Vizcacha” que personifica en sentido común moderno.
La alienación de Sarmiento, intoxicado
por la literatura racista de su tiempo, se manifiesta de modo más
candente aún en una carta en que comenta el establecimiento de una
colonia de emigrados de California en el Chaco: “Puede ser el origen de
un territorio, y un día, de un estado yanqui – con su idioma y todo
– que con este concurso genético mejorará nuestra raza decaída”29
Sin embargo,
en esta “operación racista de reemplazo” la realidad le jugó
una mala pasada a la propuesta sarmientina y del jóven Alberdi
de “Las Bases”30:
en lugar de llegar los rubios inmigrantes ingleses que añoraban
llegaron millones de meridionales de las costas del mediterráneo
que no se parecían al arquetipo del inmigrante apto para la operación
de reemplazo, tendente a refundar la República bajo las bases de
la civilización31.
La inmigración
dará lugar – desviándose de la perspectiva sarmientina –
a la rica dinámica social que adquirieron lo que Ribeiro llamará
“los pueblos trasplantados”32,
pero ese análisis nos saca de nuestro ejercicio actual.
La inmensa extensión del país que está en sus
extremos es enteramente despoblada, y ríos navegables que posee
que no ha surcado aún el frágil barquichuelo. El mal que
aqueja a la República Argentina es la extensión: el desierto
la rodea por todas partes y se le insinúa en las entrañas;
la soledad, el despoblado sin una habitación humana, son por lo
general los límites incuestionables entre unas y otras provincias.
Allí la inmensidad por todas partes: inmensa llanura, inmensos bosques,
inmensos ríos, el horizonte siempre incierto, siempre confundiéndose
con la tierra entre celajes y vapores tenues que no dejan en la lejana
perspectiva señalar el punto en que el mundo se acaba y principia
el cielo. Al sur y al norte, acéchanla los salvajes, que aguardan
las noches de luna para caer, cual enjambres de hienas, sobre los ganados
que pacen en los campos y sobre las indefensas poblaciones.33
Esta inseguridad de la vida, que es habitual y permanente en las
campañas, imprime, a mi parecer, en el carácter argentino
cierta resignación estoica por la muerte violenta...34
Sarmiento no conocía la Pampa al escribir
Facundo. Su desconocimiento geográfico es suplido por su ímpetu
descriptivo y refleja su visión de la naturaleza y el determinismo
geográfico decimonónico que se extiende no solamente en todo
el Facundo sino también en toda su obra.
La idea de progreso implica domeñar,
someter la naturaleza, convertir los bosques y desiertos en tierras capaces
de producir los insumos que la Europa de tierras agotadas requería.
La extensión era en ese proyecto enemiga del progreso, “achicar”
el país a la medida de la Pampa Húmeda implicaba crear las
condiciones óptimas para una rápida europeización.35
El modelo civilizatorio propuesto pone toda
su fe en la tecnología y la naturaleza es un elemento inagotable
(más adelante se llamará “recursos naturales”) que debe ser
sometido, explotado y modelado a imagen del progreso.
III
- Para superar la modernidad, de acuerdo a Dussel es indispensable primero
“negar la negación” de este mito, reconocer la “otra cara” negada,
oculta, pero no por ello menos esencial, la cara colonial de la modernidad,
ya
que lo que significó emancipación para unos fue el sometimiento
para los “otros”. No se trata de cambios dentro del mundo conocido, que
no alteran sino algunos de sus rasgos. Se trata del cambio del mundo como
tal. Este es, sin duda, el elemento fundante de la nueva subjetividad:
la percepción del cambio histórico. Es ese elemento lo que
desencadena el proceso de constitución de una nueva perspectiva
sobre el tiempo y sobre la historia. La percepción del cambio lleva
a la idea del futuro, puesto que es el único territorio del tiempo
donde pueden ocurrir los cambios... Con América se inicia, pues,
un entero universo de nuevas relaciones materiales e intersubjetivas.36
Este
nuevo patrón mundial (colonial) del poder, es la condición
en la cual se va constituyendo una nueva perspectiva (eurocéntrica)
del conocimiento de la cual
Quijano destaca en primer lugar que
se trata de una perspectiva de conocimiento sustentada sobre el dualismo
radical cartesiano, que se convierte en una radical separación entre
“razón/sujeto” y “cuerpo”, a partir de lo cual el “cuerpo” fue naturalizado,
fijado como “objeto” de conocimiento, por parte del “sujeto/razón”.
Esta separación (abstracción) del sujeto/razón en
relación con el cuerpo está en la base de las pretensiones
objetivistas y universalizantes de un saber (científico) que reivindica
su separación de los condicionamientos subjetivos (corporales),
espaciales y temporales.
En
segundo lugar, de acuerdo a Quijano, se produce en la perspectiva
eurocéntrica del conocimiento una “articulación peculiar”
entre el dualismo que establece contrastes radicales entre pre-capital
y capital, entre lo no europeo y lo europeo, entre los primitivo y lo civilizado,
entre los tradicional y lo moderno, por un lado, y la concepción
evolucionista, lineal, unidireccional de la historia que avanza inexorablemente
desde un mítico estado de naturaleza hasta la moderna sociedad europea37.
El
centro del discurso del Facundo es esta perspectiva del conocimiento,
fundante de los mitos que dan sustento a las hegemonías internas
y externas, que se sitúa en el intento de la creación
del sujeto moderno, perspectiva de la evolución y el progreso
“hacia Europa” como dogmas, que se reproducen en las múltiples
manifestaciones de la vida latinoaméricana.