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POSICIONAMIENTO DEL DIPUTADO PROVINCIAL ADOLFO AGUIRRE (BLOQUE GERMÁN ABDALA) FRENTE A LA INTENCIÓN DEL GOBIERNO DE TERCERIZAR EL COBRO DE LOS IMPUESTOS PROVINCIALES.

ESTOS CONCEPTOS FORMAN PARTE DE LOS FUNDAMENTOS DE SU PROYECTO DE DECLARACIÓN POR EL CUAL LA CÁMARA DE DIPUTADOS RECHAZA TODO INTENTO DE PRIVATIZAR LA TAREA DE RECAUDACIÓN TRIBUTARIA

Los sistemas tributarios, tanto del gobierno nacional como de los provinciales, se han venido deteriorando en los últimos años debido fundamentalmente a dos motivos:

*menores recursos inducidos por la recesión que atraviesa la Argentina desde

mediados de 1998; 

·mayores registros de evasión impositiva, asociadas a dos factores: la falta de estrategia y decisión política por parte de los gobernantes de focalizar los esfuerzos de recaudación en los grandes contribuyentes que son la principal fuente de evasión y, como consecuencia de dicha actitud, la gran vulnerabilidad que presentan las agencias recaudadoras al no poseer los recursos ni los incentivos necesarios para realizar las tareas correctamente.

En el caso específico de la Provincia de Buenos Aires, la recaudación tributaria propia se redujo en el año 2000 un 4,2% respecto de 1999 y resulta incluso inferior a la recaudación de 1997. El impuesto sobre los Ingresos Brutos (principal fuente de recaudación propia de la Provincia) se redujo en 2000 un 4% respecto al año anterior luego de haber caído el año pasado un 7% respecto de 1998. 

Si bien no se han dado a conocer informes oficiales respecto de la evasión de los tributos bonaerenses, está claro que la evasión se incrementó sustancialmente. Tomemos como caso el impuesto a los Ingresos Brutos que grava en mayor porcentual a las actividades de servicios (3,5%) y que el 50% de lo recaudado corresponde a grandes contribuyentes. La actividad de los sectores ligados a los servicios (vinculados a las privatizaciones), han crecido desde 1997 un 24% según datos del Indice Sintético de Servicios Públicos que publica el INDEC. Contra toda intuición, que indicaría un incremento importante (aunque no de la misma magnitud) en el Impuesto a los Ingresos Brutos ya que éste grava la facturación de estas empresas, desde 1997 la recaudación de este tributo se redujo un 3,9%, lo que proporciona indicios de focos de evasión en el sector.

Los magros resultados en la recaudación en todas las jurisdicciones y los problemas financieros por los que atraviesan los estados provinciales, han sido justificados haciendo fundamentalmente hincapié en la primera de las razones esgrimidas (menores recursos por recesión económica) pero muy poco en la segunda (falta de estrategia política). Además la segunda razón no es interpretada por ciertas opiniones como mal funcionamiento debido a falta de estrategia política sino como un mal funcionamiento debido a la creencia que el estado es ineficiente per se.

Como consecuencia de esta doble interpretación de la baja performance de la recaudación, se ha avivado una discusión acerca de los canales por los cuales deben pasar las soluciones.

Por un lado, se encuentran aquellas que pasan básicamente por el desprendimiento de la tarea de recolección de impuestos por parte del Estado y el traslado a la órbita privada, inclusive con la posibilidad de transferir las acciones de apremio. Estas ideas están impulsadas por los ideólogos y representantes de los grupos acreedores y son los mismos que han influido, desafortunadamente, en los cambios estructurales vividos en la Argentina durante los 90 que, lejos de solucionar los problemas a los que dieron motivo (déficit público e ineficiencia del Estado), estos se agravaron y mostraron la falsedad de los argumentos: hoy el déficit público es mayor y el sector privado no resultó ser tan eficiente (caso Aerolíneas Argentinas).

Por otro lado, se insiste en que la recaudación constituye una herramienta o instrumento del Estado con la cual puede hacer cumplir sus distintas funciones y, como tal, debe preservarse dentro de la órbita estatal. Para esta concepción, a la cual adherimos, ante el fracaso actual de la recaudación las soluciones pasarían por un fortalecimiento de las áreas vinculadas, capacitación del personal, implementación de un sistema de premios al personal, informatización de los sistemas, focalización de los esfuerzos de cobranza hacia los grandes contribuyentes para combatir la evasión, etc. Pero por sobre todas las cosas que dichas actividades queden dentro de la órbita del Estado porque de las primeras depende el éxito del segundo: si en una de las etapas de la recaudación el Estado no participa (justamente en la última y más importante que es la cobranza), se pone en riesgo una de sus principales funciones: la redistribución del ingreso.

Veamos un ejemplo claro en el cuál quedarían tergiversados los objetivos redistributivos si la cobranza la realizan los privados. Los grandes deudores y contribuyentes de la Provincia de Buenos Aires tendrán a partir de la terciarización mayores posibilidades, respecto de los pequeños, de constituir un pool y “recomprarse” sus deudas o contribuciones (si son al mismo tiempo que contribuyentes, adjudicatarios del cobro de impuestos) a un precio menor al de sus deudas o contribuciones originales, ya que manejarán ellos mismos la cobranza (es como deberse a sí mismo y autopagarse). En este sentido, el sistema tributario tendrá mayores posibilidades de seguir distorsionándose en desmedro de los pequeños contribuyentes que carecen en absoluto de esta posibilidad mientras que la cobranza estaría a cargo de los mayores contribuyentes (o sus “socios”) que al mismo tiempo tendrían menores inconvenientes en evadir.

Asimismo una terciarización implicaría otorgarle a los cobradores las bases de información completas con la determinación de los impuestos y la identificación de los contribuyentes. 

Está claro además que estas empresas cobradoras de los impuestos no participan para perder. Según el tipo de contrato que se ponga en marcha, los mismos pueden incluir la delegación del juicio de apremio (como incluía originariamente el proyecto de ley del poder ejecutivo provincial del FOFRAP) y la delegación de las etapas anteriores del proceso de recaudación (determinación del impuesto e identificación del contribuyente) con lo cual, en términos del ejemplo arriba citado, un pool de grandes contribuyentes devenidos en cobradores no sólo podría auto-cobrarse y auto-pagarse sus impuestos sino que auto-determina el monto a pagar.

El Estado ha sido desgranado en la década de los 90 so pretexto de reducir el déficit del estado. Privatizaciones, desregulaciones, desaparición de la banca pública, se han constituido en grandes negocios para un grupo muy reducido de empresas. La propuesta de tercerización de la recaudación proviene de los mismos sectores que otrora proponían los cambios estructurales a comienzos de los 90, es decir, aquellos que han “vivido” del Estado pero muy poco les interesa su rol estratégico.

Quienes acompañan en nombre de la política las propuestas de tercerización, o bien están pensando mutar en posibles adjudicatarios, o bien su visión del Estado no va más allá de un período electoral. Los promotores de estas ideas confunden a la gestión con su instrumento: si la incapacidad de recaudar es por consecuencia de la gestión, entonces hay que renunciar a esa gestión pero no al instrumento que el Estado posee.

Por todo lo antedicho, quienes queremos y pensamos en un Estado estratégico al servicio de los intereses de los excluidos por el modelo, sostenemos que la recaudación impositiva es una función indelegable e irrenunciable en todas sus etapas porque constituye una herramienta sustancial de una de sus funciones: la redistribución de ingresos en la sociedad.


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