Nuestra historia, finalidades, principios doctrina y opiniones

El presente: la caída del Presidente De la Rúa

 

 

Julio Godio

 

 

            1. La caída del presidente De la Rúa

 

El fracaso de una convocatoria del Episcopado de la Iglesia Católica argentina al gobierno, los principales dirigentes del Partido Justicialista (PJ) y la UCR y las organizaciones empresarias nucleadas en la Unión Industrial (UIA) y las dos Confederaciones Generales del Trabajo (CGT) para constituir un gobierno de unidad nacional y un programa económico de reactivación económica y redistribución al ingreso el día 20 de diciembre por la mañana, catapultó la última posibilidad de supervivencia del presidente Fernando De la Rúa y su ministro de Economía Domingo Cavallo. El presidente De la Rúa, en una actitud entre la soberbia y la pusilanimidad, manifestó a los presentes en la reunión que el gobierno continuaría la política del “déficit cero” y la convertibilidad, y que bastaban las fuerzas para lograrlo. Lógicamente, esa actitud de De la Rúa hizo fracasar el intento de concertación.

 

Por la tarde de ese mismo día comenzaron las movilizaciones de sindicatos exigiendo la renuncia del Presidente y de su ministro en Buenos Aires, Córdoba, Mendoza, Rosario y otras ciudades del país. En el llamado conurbano de la Provincia de Buenos Aires y en barrios de la propia Capital Federal se iniciaron saqueos a supermercados y comercios en general. Por la noche de ese mismo día, pese al estado de sitio decretado por el gobierno, dos millones de ciudadanos —la mayoría de clase media y asalariados— salieron a las calles cuasi espontáneamente y ocuparon y bloquearon pacíficamente  a prácticamente toda la ciudad. El único signo de identificación y unificación era la bandera argentina. Los partidos de izquierda y el peronismo y algunos sindicatos participaron, pero sin identificarse.[1]

 

            El día 21 miles de jóvenes —la mayoría de barrios pobres de la Capital y del Gran Buenos Aires—, probablemente organizados desde los movimientos de piqueteros y fogoneros pero sin identificación partidaria, ocuparon la Plaza de Mayo, exigiendo la renuncia de De la Rúa y Cavallo e intentando ocupar la Casa Rosada. Cunden los saqueos a negocios en la Capital Federal, en el conurbano, las ciudades de La Plata, Rosario, Córdoba y otras. Se ha producido el esperado “argentinazo”. De la Rúa, que el día anterior había despreciado la convocatoria del Episcopado, ahora intenta convocar al PJ a formar un gobierno de “unidad nacional”.

 

El resultado de la confrontación entre manifestantes y las fuerzas policiales y de seguridad da como resultado hasta ahora de 25 muertos registrados en todo el país (5 en la Plaza de Mayo), y cientos de heridos y detenidos. A las 20:30 hs. el Presidente De la Rúa renuncia. El poder político cae en manos del PJ. El nuevo presidente que deberá reunir la Asamblea Legislativa (reunión conjunta de las Cámaras de Diputados y Senadores) es el joven senador Ramón Puerta. La crisis política no se ha cerrado, sino que se abre una nueva etapa de tensiones políticas, económicas y sociales. La democracia política ha sufrido un duro golpe. El gobierno De la Rúa, nacido de una alianza de centro progresista, duró sólo dos años.

 

El próximo domingo 23 la Asamblea Legislativa deberá elegir un presidente por noventa días, el que según la Ley de Acefalía debería convocar a nuevas elecciones presidenciales. Sin embargo, no está clara la situación: a) el senador Puerta se niega, hasta ahora, a aceptar la responsabilidad presidencial durante 90 días, y mucho menos de que se pudiese prorrogar hasta el 2003; b) el grueso del PJ se inclina a obligar a Puerta a asumir la provisionalidad de 90 días, y a partir de allí determinar, en elecciones internas abiertas o a través de el régimen de lemas, la elección del nuevo presidente; c) por último, el ex presidente Menem pretende que la provisionalidad de Puerta se prolongue hasta el 2003 y luego ser él el candidato presidencial. Como se observa, se trata de una situación política muy compleja y volátil, que no se corresponde ni mucho menos con la gravedad de la situación política y económica del país. Lo deseable sería que ya un nuevo gobierno del PJ, junto con otras fuerzas políticas, garantizase la estabilidad de las transformaciones del país hasta el 2003 con base de apoyo en el Congreso Nacional.

 

Tres datos son claves para entender el incierto futuro de la Argentina: el primero es que el PJ que se acerca al poder es un partido aguerrido pero dividido, y no podrá gobernar solo; en segundo lugar, qué política económica será ahora implementada, y en tercer lugar cómo se canalizarán las movilizaciones sociales, más aún cuando en algunas organizaciones populares de piqueteros fogoneros y en las llamadas “multisectoriales” se plantea avanzar hacia un gobierno de “unidad popular”.

 

En materia económica es previsible que el nuevo gobierno plantee salir formalmente de la convertibilidad (que ya no existe porque 1 dólar se cotiza a 1,5 pesos), devaluar, dejar flotar el tipo de cambio y “pesificar” (esto es, pasar los depósitos y deudas en dólares a pesos), establecer el default y renegociar toda la deuda pública externa, manteniendo el “déficit cero”. Es el posible programa máximo del nuevo gobierno, que puede ser atenuado. Por ejemplo, las tarifas de servicios públicos (empresas privatizadas) están dolarizadas, y en caso de “pesificación” deberían ser pasadas a pesos y que las tarifas guarden una relación con los salarios disminuidos por la devaluación. Esto exige un acuerdo negociado de largo plazo que contemple los intereses de esas empresas.

 

Es evidente que el nuevo gobierno peronista quedará aprisionado entre la presión popular para recuperar la capacidad adquisitiva y disminuir el desempleo y el poder económico (grandes bancos locales y extranjeros, fondos de inversión y otros acreedores externos de bonos y obligaciones del Estado, empresas de import/export y las mencionadas empresas privatizadas). La clave está en cómo el nuevo gobierno logra un equilibrio entre ambas tensiones, en particular logrando el apoyo de una parte del poder económico. El FMI se apresta a socorrer al nuevo gobierno, pero hasta ahora sólo lo ha hecho a través de declaraciones políticas.

 

 

2. Reflexiones generales sobre lo sucedido en los últimos seis meses

 

Desde el mes de julio hasta diciembre del corriente año, cuando el caído gobierno nacional decide implementar con medidas específicas la política del “déficit cero”, comienza una etapa económico-política en la Argentina que puede desembocar en la definitiva consolidación del modelo dualizado de economía capitalista periférica o puede dar lugar a una etapa de turbulencias económicas y políticas que culmine en la instalación progresiva de un modelo de economía mixta periférico con una estructura productiva reindustrializada e integrada. En ambas alternativas, lo que decide es qué bloque socio-político termina por adueñarse y transformar al Estado argentino. Así están planteados los asuntos económicos, sociales y políticos en Argentina.

 

Esta nación está en la segunda ola de mundialización de la economía. Es un país altamente endeudado y frágil en un contexto internacional signado por la recesión económica en los países del G-7, y tensionado políticamente por los sucesos terroristas del 11 de setiembre en los EE.UU. y la ocupación de Afganistán, con la posible ampliación del conflicto militar contra el islamismo fundamentalista en Palestina y otros países musulmanes. La crisis global argentina debe ser analizada dentro de este contexto internacional de guerra e incertidumbre económica.

 

La Argentina se debate entre ser un país clásico del “tercer mundo” o retomar los pisos civilizatorios socio-políticos acumulados durante la agotada pero generadora etapa de movilidad social que se inicia con la industrialización sustitutiva en los años treinta y concluye en los sesenta del siglo pasado. El pasado no volverá, pero las certeza de que existió un país con cohesión social y pleno empleo han dejado vivencias e instituciones que no pueden ser borradas del imaginario popular. La globalización del mundo es una fase histórica de autorrevolución productiva y tecnológica progresiva en el largo plazo, pero sus efectos negativos de generación de exclusión social masiva, precariedad laboral y una mayor desigualdad entre los países del G-7 y la OCDE y los países periféricos del ex Tercer Mundo están generando fuertes actitudes defensivas de las identidades nacional-culturales y locales.

 

La Argentina ha quedado aprisionada por el impacto de la globalización y quizás su trágico destino sea la dualización económico-social primero y la desarticulación nacional-estatal después. Pero también se abre la alternativa de utilizar la crisis global actual (económica, social y política) como palancas para retomar en un plano superior los pisos civilizatorios alcanzados y avanzar hacia una economía mixta de mercado y restituir al Estado nacional sus roles reguladores de planificación económica social y distribución equitativa de los ingresos.

 

La Argentina fue, en el pasado, “la Australia que no fue”, una metáfora que permite pensar sobre loas causas profundas económicas, políticas y culturales que generan en este pueblo desaliento y frustración. Pero de ello no se deduce que no pueda llegara a serlo

 

Durante los meses de julio a diciembre, desde la implementación del “déficit cero” el 8 de julio hasta la caída del presidente el 20/12, se han sucedido vertiginosamente acontecimientos que están transformando profundamente a la economía y a la cultura política, y a las relaciones de fuerza entre las clases sociales. Es una fase histórica terrible pero apasionante, difícilmente comprensible para el ciudadano común, arrastrado por la vorágine de sucesos que lo expropian y empobrecen.

 

La primera sensación en la sociedad es de estupor y miedo. Pero la caldera hirviente en la que se mezclan y fusionan las mutaciones económicas, sociales y políticas, genera también el “medio ambiente” que genera y multiplica las intuiciones espontáneas y búsquedas de explicaciones profundas en el pueblo sobre las causas de la crisis global. La crisis global es una gran escuela de aprendizaje político, lo cual, es cierto, no garantiza una salida progresista. Puede dar lugar también a salidas mesiánicas conservadoras —con la consiguiente destrucción de la democracia y la pérdida de las libertades.

 

Es necesario retrotraernos y mencionar los “grandes sucesos” económicos y políticos que se han producido en este país desde julio a diciembre. Es un “documento-guía” para ordenar el significado de esos “grandes sucesos”, pero está lejos de abarcar todas sus manifestaciones y consecuencias concretas en la economía y la sociedad. Ha sido dividido según la secuencia de los principales sucesos económicos, sociales y políticos. Sólo pretende aportar a que las fuerzas sociales y políticas modernas y progresistas, reflexionando sobre esos sucesos, puedan elaborar “ideas fuerzas” coherentes y abarcativas.

 

 

3. Los principales hechos que terminaron por producir la crisis presidencial

 

Los principales medios hechos que explican la caída del gobierno de De la Rúa, y que se producen entre julio y diciembre, son los siguientes:

 

-         Las elecciones del 14 de octubre para renovar totalmente el Senado y parcialmente la Cámara de Diputados, que da lugar al retroceso violento de la Alianza, que pierde su centralidad en el sistema político, que permite la recuperación de la centralidad por el PJ y al mismo tiempo muestra una repulsa masiva a los partidos y el gobierno a través del “voto bronca”.

 

-         El primer intento del gobierno del Presidente De la Rúa en noviembre, abroquelado en soledad pero apoyado por el establishment, para salir simultáneamente del aislamiento político y la depresión según las pautas del “déficit cero”. Se comentan los decretos de necesidad y urgencia 1387/01 y 1382/01.

 

-         El segundo intento del gobierno en noviembre para eludir el default a través de nuevos recortes presupuestarios en los planes sociales, educación y fuerzas de seguridad, etc., dentro de la estrategia del “déficit cero”.

 

-         El impacto, luego del “viernes negro” del 8 de diciembre, de la decisión del FMI de obligar al gobierno a proceder con el default, con devaluación y flotación cambiaria, lo que origina resistencias en sectores del establishment local y en empresas extranjeras beneficiaras de la convertibilidad, y sectores del gobierno que ahora impulsan abiertamente la dolarización sin devaluación. Se produce una ruptura profunda en los círculos de poder político y económico que empalma con divisiones en los partidos políticos.

 

-         La situación política e ideológica en el PJ, ahora en el poder, y en las dos CGT (oficial y disidente), caracterizada por la inexistencia de un centro político único y distintos enfoques sobre como optar, como hemos dicho, por el default con devaluación y flotación cambiaria.

 

Por último, se plantea un interrogante: ¿qué pasará luego de la caída de De la Rúa en lo inmediato en los planos político y económico? El centro del problema pasa por la reforma política. Esta reforma política es inevitable. Pero podría desembocar ya se a un la construcción de una novedosa hegemonía de una fuerza transversal de centro derecha liberal-autoritaria, o dar lugar a otro tipo de reagrupamiento transversal de centro moderno y progresista edificado desde el Poder Legislativo. No debe excluirse la última opción, la posibilidad de una solución “extra-parlamentaria”, conducida por fuerzas nacionalistas y de izquierdas, aunque sus posibilidades hoy son insuficientes.

 

En resumen: la Argentina experimenta hoy una profunda crisis global, y se confrontan diversas opciones políticas. La caída del gobierno de De la Rúa era inevitable. Se abre ahora un futuro incierto y tumultuoso.


 

[1] Clarín, 21/12/01.

 

 

 

Nuestra historia, finalidades, principios doctrina y opiniones