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Sr. Presidente (Balter).- Tiene la palabra la señora diputada por Chaco.

Sra. Carrió.-Señor presidente: deseo referirme a algunas cuestiones 

previas.

En primer término deseo manifestar, para que quede constancia en actas, el profundo rechazo personal, y como diputada de la Nación, que me produce la forma en que distintos grupos presionan sobre la sanción de algunas leyes.

Los lobbies encarnizados, aún cuando provengan de sectores religiosos, desmerecen a la política y a la Iglesia. Quiero que este concepto quede expresamente incluido en mis manifestaciones.

La segunda cuestión a la que deseo referirme es un tema al que considero central. En contestación a lo señalado por la diputada preopinante, diré que en realidad el estado de naturaleza es un estado de fuerza, en el que los que dominan -justamente porque no hay ley- son los que tienen los recursos o manejan la cultura.

En consecuencia, el dictado de la ley es para reestablecer el equilibrio de la igualdad en sociedades diezmadas por la fuerza. La ley, mediante la igualdad y la discriminación inversa, es la que equilibra a los sectores objeto de la denominación, es decir, a los pobres. Es obvio que estamos en las antípodas ideológicas.

En tercer término debo decir que esta no es una ley de los hombres y por ello es que no se puede tratar en el recinto de esta Cámara de Diputados por largo tiempo.

Quiero aclarar que hablo como feminista y por el derecho de las mujeres a ser personas. Esta es una ley que incumbe a las mujeres de este país y por eso es que puede ser objeto de tantas presiones e indiferencia.

La presión, la indiferencia y el desconocimiento han sellado la herencia de la cultura machista sobre las mujeres. (Aplausos.)

En esta concepción, el cuerpo de las mujeres -no solo su mente- ha sido objeto de dominación. En consecuencia, se puede establecer una clara 

diferencia entre la autonomía de la libertad de los hombres y el destino de las mujeres.

Los hombres siempre pudieron decidir.Las mujeres siempre llevaban en sus cuerpos un destino.En consecuencia, las mujeres no tenían toda la libertad de la que gozaban los hombres.

Me niego a hablar de si esto favorece o no la cultura del aborto porque no soy abortista.Me niego a hablar de una propaganda falsa que se hace para impedir que las mujeres pobres tengan el mismo derecho que aquellas de clase media que concurren a las misas de 7 y firman los documentos a favor o en contra de la ley de salud reproductiva. (Aplausos.)

Como ya lo he dicho, hay que vivir en las provincias pobres, hay que saber que la maternidad a los diez, once o doce años no fue la chica quien decidió tener relaciones sino que fue un adulto el que se apropió del cuerpo de esa mujer.En la maternidad infantil y adolescente siempre hay abuso, ya sea por parte de los parientes adultos o de los hombres en general.Entonces, esta niña empieza a los once años a saber que su vida y su cuerpo tienen un destino en manos de la dominación del otro.

He trabajado en planes contra la violencia, porque -debemos decirlo- esto es violencia contra las mujeres.Aquí no se trata solamente del derecho a decidir:esta es la larga historia de la violencia sobre el cuerpo de las mujeres pobres.

Recordemos el caso de María Soledad.¿Saben por qué ése no fue un crimen importante?Porque la que había sido violada era una mujer pobre, y aquí está el señordiputado Pernasetti que sabe que es así.

Sólo cuando las mujeres empezaron a caminar para pedir verdad y justicia esta historia cambió para enseñar a la Argentina que la dominación no se hace sobre los cuerpos de las mujeres pobres.Esas mujeres tienen el derecho a ser informadas; nadie puede decidir si no sabe.Todas deben saber mínimamente que tienen sobre su cuerpo un derecho humano fundamental.

Negarles el derecho a saberlo es limitarlas y obturar su voluntad de 

decidir, y no hay en la herencia judeocristiana -lo digo como católica- 

ninguna frase en el Antiguo ni en el Nuevo Testamento que diga que hay un 

destino.La obediencia a Dios es fundamentalmente libertad, y para ser 

libre hay que saber.

En consecuencia, lo que se procura con estas discusiones es imponer a las mujeres pobres de este país un destino que ya tienen por ser pobres, como ya lo tienen por una razón de género.

Represento a la provincia que tiene el mayor índice de maternidad infantil. 

Cuando recorro los barrios, las chicas de dieciocho años me dicen: 

“Lilita: tengo ya seis hijos” o “tengo prolapso de 

útero”.No son profesionales, no son chicas que vayan a buenos 

colegios: son adolescentes que empiezan a trabajar en casas de familia por sueldos de hambre cuando tienen once años.¡Vaya si alguno de los presentes no sabrá qué les pasa a las adolescentes pobres cuando llegan a las casas de las familias ricas!Pero si hay embarazo, las despiden en el acto, y esas madres de trece o catorce años quedan sin trabajo y sin saber qué fue de su cuerpo, de su vida, de su destino y de su cultura.

No estamos hablando del niño por nacer; estamos hablando de niñas que no pueden vivir en las condiciones de extrema pobreza y de dominación machista y económica de nuestros pueblos. ¡Claro, de ellas se ríen, porque están en las afueras! ¡Pueden ser usadas! No he visto a nadie que no haya militado ni siquiera en las parroquias, ni tampoco a los sacerdotes y las monjas que están en las villas de nuestro país, que no deseen esta norma. Sugiero a los diputados que visiten Quilmes, y advertirán que lo que digo es cierto cuando comprueben el destino desastroso de estas criaturas. ¿Saben quiénes están en contra de que se usen pastillas o un DIU para evitar tener diez hijos a los veintiún años? Las que vamos a misa de siete de la tarde, las que tenemos todo y no podemos explicar cómo tenemos tres hijos si alguna vez no tomamos un anticonceptivo. (Aplausos.)

En consecuencia, quiero que quede claro al pueblo argentino que éste es el derecho de una niña a saber qué es su cuerpo, y de una adolescente o de una mujer a no tener que elegir entre la leche del hijo o el anticonceptivo. 

Este es el derecho que no tienen algunas porque nosotros como clase política hemos construido una sociedad de exclusión, una sociedad que hace víctimas a las más víctimas. Y las más víctimas entre las víctimas son las mujeres.

Por eso aclaro que no tengo ningún problema y que voy a apoyar totalmente esta iniciativa, no sólo en nombre de mi conciencia y en el del pueblo de la provincia del Chaco sino también de mis más profundas y hondas convicciones cristianas. (Aplausos prolongados.)


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